Goethe y su siglo

Trayectoria de Goethe
Por  Alfonso Reyes
Editado por Fondo de Cultura Económica (México- Buenos Aires).
1964

El modo intelectual de Goethe casi no tiene sistema. Werther y Fausto son como excepciones. Escribe cuando le llegan las ideas, no forza a estas  a que lleguen. Lo contrario de Schiller. Goethe es  capaz de una mirada panorámica pero recomienda “adiestrarse en los pequeños asuntos, empezar por lo particular y los temas concretos”. Y en toda su aparente dispersa obra encontraremos la idea para algunos y la experiencia para otros, la eterna disputa entre el sujeto y el objeto, abstracción especulativa y realismo. 

Al menos  tuvo que ver, en la vida real, de una manera o de otra, con diecinueve mujeres. Desde la que inspiró al joven Werther hasta la mujer que trata de  engañar al mismo Mefistófeles del Fausto. Entre estas Lilí Schönemenn fue su amor  más verdadero, Cristiana Vulpis  su amor más duradero, Carlota Stein a la que le envió cartas durante cincuenta años, Bettina Brentano (“Orlanda Furiosa”) la que lo fascinaba con su ímpetu y se quedaba dormida en las rodillas del poeta, Otilia Pogwisch, su nuera, fue la que  cerró los ojos de Goethe al morir… Este enorme trato femenino lo moldeó. Las figuras femeninas  de sus novelas famosas  no son las principales pero son las que mueven a los personajes  principales.

Goethe es un poeta, no un militar ni mucho menos un guerrero. Es un humanista. No menciona el criterio antropológico  que los poetas y escritores florecen en los países que viven en la guerra. Los que tienen la despensa llena por el tratado de paz en desfavor de los vencidos. Así fue México-Tenochtitlán durante más de un siglo. Y las ciencias y las artes alcanzaron alturas insospechadas. La  guerra es algo que lo perturba: “No le era dable rechazar la justificación de ciertos principios, ni aceptar que los  envilecieran el odio y violencia”.
Goethe

Escuchamos al autor del romántico Werther. Se refiere sin compasión a los emigrados franceses de Napoleón que incendiaron su propio país y a las puertas de la derrota  huyen dejando a su pueblo inerme  frente  a las bayonetas del vencedor: “aquellos aristócratas, ostentosos hasta en la humillación, falsificadores de billetes, jugadores empedernidos, siempre los primeros en la huida, son los responsables de que los ejércitos extranjeros destrocen ahora los campos de la dulce Francia”.

 No era un poeta llamado Novalis. Él se llamaba Goethe. No concebía la humanidad en eterna guerra florida sino en la paz donde florecen las artes.

Sin embargo, la realidad de la guerra ahí estaba. La Revolución Francesa  invadía Europa  y la Coalición europea levantando catorce ejércitos para aplastar al mejor militar de la Revolución convertida en Terror. Al contrario de otros pensadores alemanes que en un principio coqueteaban, teóricamente, con la Revolución en Francia, Hegel, Kant, Schiller. Goethe no entra en ese juego. Aunque fascinado por Napoleón, al que trató personalmente, y éste a su vez, decía haber leído el Werther siete veces.

 Le horroriza que en Alemania  pueda levantarse la guillotina. Pero en ninguna parte acepta que ese Terror sólo se puede acabar con otro Terror más grande. Porque Waterloo no fue un paseo de comadres en día de mercado. No puede escribir así. Goethe es un poeta, esencialmente. Le cuesta mucho trabajo leer a Kant.
Monumento a Goethe en Leipzig

 Grandes escritores  de su tiempo llegaron a  cerraban toda posteridad en la literatura después de Goethe: “El más grande hombre de letras alemán”, “El último verdadero hombre  universal”.

La antiquísima leyenda europea, Fausto, Goethe la retoma y de sus manos  sale una obra inmortal. La  oscilación del hombre que gusta de vivir en los extremos. Hombre de ciencia hasta niveles neuróticos, después “quiere vivir”, le vende su alma al diablo y se va a los aquelarres de las brujas de Walpurgis, con mujeres de las tinieblas donde hasta el mismo Mefistófeles se siente rebasado…






“Johann Wolfgang von Goethe (ˈjoːhan ˈvɔlfɡaŋ fɔn ˈɡøːtə) ( 28 de agosto de 1749, en Fráncfort del Meno, Hesse, Alemania – 22 de marzo de 1832, en Weimar, Turingia, Alemania) fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán que ayudó a fundar el romanticismo, movimiento al que influenció profundamente. En palabras de George Eliot fue "el más grande hombre de letras alemán... y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra". Su obra, que abarca géneros como la novela, la poesía lírica, el drama e incluso controvertidos tratados científicos, dejó una profunda huella en importantes escritores, compositores, pensadores y artistas posteriores, siendo incalculable en la filosofía alemana posterior y constante fuente de inspiración para todo tipo de obras. Sus ideas acerca de las plantas y la morfología y homología animal fueron desarrolladas por diversos naturalistas decimonónicos, entre ellos Charles Darwin. Su apellido da nombre al Goethe-Institut, organismo encargado de difundir la cultura alemana en todo el mundo”. (tomado de Wikipedia).

La angustia, según Kierkegaard

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Sören Kierkegaard
Tan fácil como no desear nada y se acabó la angustia.
Pero el hombre tiene necesidades. Y con facilidad se brinca la raya de la necesidad, para vivir, hacia la ambición. Si lograra no desear nada sería atípico para el contexto de la cultura occidental. Si desea mucho se perderá en la patología del consumismo. Trátese de cosas o de afectos.

La angustia, o el bacilo de Koch, deben ser como el colesterol. Necesarios para vivir pero rebasada la medida se vuelven agresivos.  Kierkegaard es un pensador religioso y su lógica va a incursionar entre la teología, la  filosofía y la psicología. Habla de “pecado” más que de falta. Precisamente en él la angustia es producto del pecado. Su cristianismo liberal se sirve en esa parte del Antiguo Testamento donde la enfermedad es resultado del pecado. Sentirse presa de un sentimiento  de angustia es haber perdido la libertad.

¿Por qué alguien tendría que sentir angustia sino ha dado motivo para que se anide este sentimiento en su estado de ánimo? Kierkegaard lo resuelve con suma facilidad: por el pecado original del Antiguo Testamento.
Lo que Kierkegaard tiene a la vista es alguien que ya es presa de la angustia y encuentra, como dice Horacio, que  en el estado de angustia no hay libertad. Kierkegaard en El concepto de la angustia  previene: “Sólo teme al pecado, pues éste es el único que puede robarte la libertad”.

En algunas partes  el  relato se ve angustiosamente  alterado por ese conflicto religioso, tan marcado de su siglo, donde su cristianismo liberal (su "atormentada religiosidad", dicen sus biógrafos)  gustaba de llenar de adjetivos a  ciertos   principios del cristianismo romano. Quedaba un largo trecho de camino para llegar al ecumenismo. Pero esto no debe nublar al grado de restarle mérito al trabajo culto y profundo suyo  que aquí tratamos.

La angustia es de una relación  forzosa con su antítesis lo sereno o calma de ánimo. No se puede hablar de extremos sin una secuencia lógica.Como la escala de grises entre el blanco y el negro.  Debe haber un punto en el que la angustia deja de ser patológica y sirva para poder salir adelante en la vida. Por eso Kierkegaard habla de “angustia del bien” y de “angustia del mal”.

Se siente angustia no por inseguridad propia, inmediata, sino por temor  a perder el bien, como consecuencia de haber pecado. En el espíritu religioso del autor  el bien significa revelación y salvación. Por eso la angustia es para él algo que se identifica con lo demoniaco. Uno de los recursos terapéuticos a los que el angustiado puede recurrir, dice este pensador, es a la palabra. Confinarlo al silencio, o que él se auto confine, conduce a su destrucción mental.

Otro tema tratado que conduce a la angustia  es  la idea de la eternidad: “no se quiere pensar gravemente en la eternidad. Se siente angustia ante ella y la angustia busca cien escapes. Pero esto es precisamente lo demoniaco”. La eternidad es la repetición. Pero, como dice Epicteto, la repetición tiene por  objeto  la experiencia y ésta a su vez la oportunidad de la prevención o la corrección.

 La angustia de la impotencia llega cuando se vuelve al error no obstante la experiencia de la repetición. Esto explicaría las palabras de Jesús que están sobre la arista entre el Antiguo y  el Nuevo Testamento: “Vete y no peques más”. En esta ocasión no va a morir a pedradas, como decía la Ley,  y sí en cambio tendrá de nuevo la oportunidad de servirse de la experiencia de la repetición para no volver  a caer en la angustia. Puede hacerlo, pues para eso tiene la libertad de decisión, pero ya el sentimiento de la angustia la ha flagelado  tanto que siempre hay la posibilidad que no lo haga más. Como el aficionado a las bebidas embriagantes que ha sufrido cien resacas... Cuando esto sucede, todo va en la dirección de la perfección: “La angustia es, sin embargo, una expresión de la  perfección de la naturaleza humana”.

Desde luego Kierkegaard no les da oportunidad de salud mental (despojarse de la angustia)  a los que pertenecen al mundo de la finitud, como él dice para referirse  a los laicos o ateos. Para salvarse es necesario tener fe: “Si al comienzo de su educación entiende mal la angustia, de tal forma que ésta no lo conduce a la fe, sino que lo aparta de ella, está perdido”

Es necesario no perder de vista una cierta confusión del autor. Trata la angustia  del pecado original con la Ética, que es herramienta de la cultura griega, donde no existe el concepto del pecado original. Éste es de la Dogmática del Antiguo Testamento. Y debido al pecado original afirma  que se carga más este sentimiento de la angustia  en la mujer que en el hombre:” la mujer tiene más sensibilidad y siente más angustia que el varón”.

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“Sören Kierkegaard (Copenhague, 1813-id., 1855) Filósofo danés. Hijo del segundo matrimonio de un acaudalado comerciante de estricta religiosidad, era el menor de siete hermanos. Jorobado de nacimiento, la opresiva educación religiosa que vivió en la casa paterna está en la base de su temperamento angustiado y su atormentada religiosidad, origen de numerosas crisis. Sin embargo, de puertas afuera mantuvo una disipada vida social, en la que se distinguía por la brillantez de su ironía y su sentido del humor”.

El estilo literario, de Murry


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Título: El estilo literario
Autor: J. Middleton Murry
Editorial: Fondo de Cultura Económica, México
Fecha 1975
148 páginas.

Hay expresiones crueles para los que escriben. Sepan escribir o no. Nietzsche es implacable. A los mejores escritores les dice  “escritores que aprendieron  a escribir leyendo periódicos”. Schopenhauer no se queda atrás. Flaubert, más moderado, se lamenta de que “se escriben libros sin preocuparse de las frases”. Murry, el autor de este libro, se refiere con elegancia y sin misericordia  a muchos de  los que escriben en los periódicos.

Para escribir libros se necesita ser culto y esto se logra a través de leer.  El periodista sólo necesita escribir la nota. Sin dejar de anotar que muchos escritores, novelistas, filósofos, para "aflojar la mano", empezaron por ser periodista.El mismo Murry fue en un tiempo periodista.

Luego llegan los “rebeldes del sistema”  que hacen gala de que la ortografía les importa un pepinillo. La sintaxis nadie sabe por dónde quedó. Y con frecuencia la filosofía que está detrás de la pluma, o de la computadora, no aparece por ningún lado.El abuso de los neologismos que, a la vuelta de medio siglo, ya se alejó de las raices griegas y latinas tanto que ya más parece un argot que un idioma.

En la calle de los libros usados encontramos el libro de  Murry. Su primera edición fue en ingles en 1922. La primera en español en 1951.Siguieron  incontables ediciones y reimpresiones. La nuestra, por el Fondo de Cultura Económica, es de 1976. En el último lustro de este siglo veintiuno hay excelentes y modernos libros de la materia que se  parecen   al que estamos comentando.

Una de las recomendaciones que hace el autor  es que para escribir hay que leer. Idea extraordinaria pues  México es un lugar donde abundan los escritores pero también es un país  en el que se leen dos libros de cultura al año…
Murry dice que el  estilo en la escritura  es la manera  de expresarse de cada individuo. A Jesús  lo han seguido  mucho con aquello de que al  individuo  se le conoce por sus obras. Schopenhauer anota que se le conoce por la manera en que habla. Murry dice que es como escribe.

“Estilo significa esa individualidad de expresión gracias a la cual reconocemos a un escritor. Muchos elementos intervienen  para formar esa individualidad…Todo lo que contribuye  a hacer reconocible lo que un hombre escribe se incluye  en su estilo” El estilo en la escritura  es una fusión de lo genético con lo social. Cómo es el individuo y la información que ha podido retener, procesar y plasmar. Si lee cotidianamente  su manera de escribir va a ser diferente a la de la persona que no lo hace. Murry anota tres cuestiones que intervienen en el estilo. Una es la peculiaridad personal, la técnica de exposición y la tercera la conquista de la literatura. Todos utilizamos el mismo lenguaje pero el estilo es único porque  empleamos ese lenguaje de una manera individual: “Un estilo tiene que ser individual porque es la expresión de una manera individual de sentir”.

En alguna parte Nietzsche dice que a la hora de sentarse a escribir  no es suficiente poner el papel sobre la mesa, agarrar el lápiz y haber qué se me ocurre. Para realizar ese acto de sentarse debe tener ya el pensamiento de lo que va a escribir. Desde su individualidad lo que ha vivido y lo que ha leído. A su vez, Murry escribe: “Pensamiento  es un término general que abarca intuiciones, convicciones, percepciones, y las emociones que las acompañan, antes de pasar por el proceso de expresión o exteriorización artística”. 

 Como quien dice hay que vivir la vida y también hay que leer la vida y finalmente hay que escribir la vida…
Donde se complica algo es cuando se trata de la originalidad de la escritura. Nuestro afán por la lectura es lo que recientemente Le Clézio dijo en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la ciudad de México: hay que conquistar el mestizaje cultural.

Algo así como leer sin sufrimiento La Iliada y el Popol Vuh.

John Middleton Murry en Villa Isola Bella, Menton, Francia, 1920.
 Pero para la originalidad por  lo pronto hay dos caminos. Un absoluto empirismo que puede recordar a la mula de noria. La otra la recomendación de Schopenhauer, siguiendo a pensadores  de la antigüedad griega: dejar de leer. En el entendido que se ha leído mucho, para empezar a ser original…

Como sea, tal vez no sobre citar las palabras de Santa Teresa de Jesús: " Lee y conducirás, no leas y serás conducido".


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John Middleton Murry
(Peckham, 1889 - Londres, 1957) Crítico literario y periodista inglés. Desde muy joven, cuando ampliaba sus estudios clásicos en Oxford, colaboró, y más tarde dirigió (junto con Katherine Mansfield, con quien se casó en 1918), la revista Rhythm (1911-1913, que pasó a llamarse The Blue Review en sus últimos números). La revista estaba abierta a las corrientes de la literatura y de la pintura de vanguardia.
En 1916 publicó un ensayo sobre Dostoievski (1916); entre 1919 y 1921 asumió la dirección de la revista Athenaeum, y después fundó otra revista literaria, Adelphi (1923-1948). Publicó también un ensayo sobre Keats and Shakespeare (1925); un estudio sobre D. H. Lawrence, un escritor con quien se sentía muy ligado, Son of Woman - The Story of D. H. Lawrence (1931), y las obras sobre W. Blake (1932) y Swift (1954).

Del otro lado del puente, de Graham Greene

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Era un hombre dueño de un millón de dólares que tenía que vivir en un pueblo miserable  en el norte de México. Defraudó a inversionistas y ahora es buscado por la policía.

Se la pasaba sentado en una banca del quiosco y miraba hacia el otro lado del río, hacia Estados Unidos. Con nostalgia, como el preso  que es dueño de un millón de dólares  pero sólo puede ver al mundo desde detrás de las rejas de su celda. 

Era tan hábil como ladrón de las altas finanzas que, cuando al fin tuvo que declarar frente al juez, nada pudieron comprobarle. 

Además se había hecho una disciplina del sentimiento frente a su culpa que más parecía que estaba en un experimento nietzscheano. Para nada recordaba al personaje de Dostoievski que, tras matar con el hacha a una anciana, se la pasó el resto de su vida lamentándose por tal hecho.

Él no. Era tan supremamente egoísta que con la única “cosa” con la que convivía  era con un perro callejero al que pateaba todo el día. El perro no se alejaba pese al maltrato. Alguien dijo en una película que “es un tonto el que ve lógica en el corazón humano”. 

Esto se ajusta al personaje del cuento de  Greene.  En el fondo ese perro mugroso era  lo único que procuraba acercarse al dueño de un millón de dólares. El resto del mundo, y en primer lugar los humanos, rehuían al ladrón y defraudador de inversionistas.

Desde acá  veía las calles iluminadas y pavimentadas de la población “del otro lado”. Allá se podía vivir  con aire acondicionado entre la elevada y molesta temperatura de la región. En cambio acá todo era  precario empezando  por los hoteles. 

Se levantaba cada día  y la única cosa que podía hacer era ir a sentarse  en la banca del quiosco y patear al perro cuando se le acercaba. Sin embargo en ese pueblo mugroso tenía libertad  pues podía ir y venir  cuanto quisiera.  En cambio no podía ir a Estados Unidos ni disfrutar su millón de dólares. Esto, y su soledad, era el precio que pagaba por ser defraudador de inversionistas.


Graham Green

Pero, como anotamos, tautológicamente,él parecía no incomodarse por nada de eso. No sólo sabía ser un defraudador con los números sino que también s e había hecho el sentimiento del defraudador. 

Sólo esperaba. Nadie sabía qué esperaba. Si es que esperaba algo. Tal vez la oportunidad de burlar  todo. La gente del pueblo lo  admiraba porque era dueño de un millón de dólares. Pero tampoco se acercaba.


Un día la policía de Estados Unidos cruzó el puente internacional  y fue en su búsqueda. Pero no lo conocía. Eran dos detectives  que incluso llegaron  a estar sentados junto a él en la banca del quiosco. 

Finalmente un día el defraudador  cruzó el puente y se fue al moderno pueblo de Estados Unidos. El juez lo interrogó pero al no poder comprobar nada salió libre. Entonces iba hasta el puente y veía hacia el pobre poblado de lado mexicano en el que había estado. Sintió que en el fondo no era tan malo el lugar. En realidad los dos pueblos eran parecidos.

 Pero se asomaba hacia México no  por nostalgia. Buscaba al perro callejero que pateaba.

De pronto algo movió los dados que marcan los acontecimientos en los que vive la gente. Su perro, al que tanto maltrataba se había perdido por unos días. Tal vez por eso iba hasta el puente, para ver si lo encontraba. 

El perro fue el que lo vio desde lejos y corrió a  su encuentro. Con tal velocidad que Joseph Calloway, que era el nombre del defraudador, se dio cuenta que un automóvil, que era donde viajaban los dos detectives, lo atropellarían sin remedio.

 Corrió para tratar de salvar al perro y el atropellado fue el mismo Calloway, muriendo al instante.

Mientras fue frío defraudador de inversionistas todo estuvo controlado por él. Cuando quiso salvar al perro fue cuando todo se salió de control y murió. Ni pudo disfrutar de su millón de dólares, ni de su moderno pueblo de Estados Unidos ni seguir pateando al perro.

 Y eso fue todo.
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El lector de este cuento, sobre todo si es indoamericano, puede encontrar el sentido del relato sólo si conoce la vida y la filosofía del autor.

 Graham Greene  es uno de los escritores más cultos que ha dado Inglaterra. Casi se podría decir que son inmensurable sus conocimientos de filosofía y teología.

 Inglaterra es país  de grandes novelistas. Con frecuencia los novelistas ingleses mueven a sus personajes en una dirección que parece que buscan el éxito social a través del triunfo económico. 

Cuando lo que hacen es estar llevando a sus personajes  hacia la salvación espiritual. Piénsese en Historia de dos ciudades, de Dickens o en los personajes médicos de A. J. Cronin.

Pero la salvación espiritual sólo tiene lugar si alguien está dispuesto a dar su vida por otro. Si la da o no es otra historia, pero debe existir esa auténtica  disposición. “Dar la vida” es una manera de decir que se está dispuesto a despojarse de su narcisismo. Cambiar de piel. Quetzalcoatlizarse.

  Un egoísta lo que más ama es su persona. Despojarse de su egoísmo es despojarse de él mismo. Y no puede haber una prueba mayor que esa de amor al prójimo. Lo demás queda en meras palabras.

Y Calloway dio su vida por salvar a un perro.

 No trataba de salvar a la reina de Inglaterra  u  otra persona. Sólo trataba de salvar a un pulgoso, pobre y mugroso perro...



" Henry Graham Greene (Berkhamsted, Hertfordshire, 2 de octubre de 1904Vevey, Suiza, 3 de abril de 1991) fue un escritor, guionista y crítico británico, cuya obra explora la confusión del hombre moderno, tratando asuntos política o moralmente ambiguos en un trasfondo contemporáneo. Fue galardonado con la OM.
Greene consiguió tanto los elogios de la crítica como los del público. Aunque Greene estaba en contra de que lo llamaran un "novelista católico", su fe cristiana da forma a la mayoría de sus novelas, y gran parte de sus obras más relevantes (p. e. Brighton Rock, The Heart of the Matter y The Power and the Glory), tanto en el contenido como en las preocupaciones que contienen, son explícitamente católicas.
En la entrevista a Yvonne Cloetta, publicada por Marie Francoise Allain, si bien declara su simpatía por el comunismo, admite su fracaso y su distancia en la realidad de las ideas teóricas proclamadas por sus seguidores. ¿Era su izquierdismo una "fachada" para despistar su pertenencia al Servicio Secreto Británico? La autora concluye que todo parece indicarlo, ya que su afiliación no fue nunca más allá de lo intelectual".

Horacio contra el Ajo

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Odas y Epodos
Quinto Horacio Flaco, poeta romano nacido el 8 de diciembre del año 65 antes de Cristo, fue considerado el poeta oficial de Roma en los días del emperador Octavio Augusto. Amigo  de Mecenas, que fue administrador de las finanzas del estado y protector del poeta. Son célebres las odas y los  epodos de Horacio. Compuso un epodo contra el ajo, ese tubérculo tan usado como condimento culinario  en la cocina.

 La ingeniosa creación nos permite imaginar que, de pronto, el Ajo se convierte en un personaje que es sentado en el banquillo de los acusados (Sr.Ajo,Mr.Ajo), teniendo un defensor de oficio, y a Horacio como acusador. La defensa no tiene nombre pues al menos un millón de abogados médicos herbolarios estarían dispuestos  y presurosos a dar su nombre. El jurado seríamos usted y yo y el resto de los seis mil millones de individuos que habitamos este planeta. El juicio empezaría de la siguiente manera:

Defensa:
Evita las infecciones bronquiales, es útil a personas diabéticas, reumáticas e hipertensas, tonifica los pulmones y cura el asma, bronconeumonía y disnea o sea la dificultad para respirar, calma la tos y disminuye los ataques de difteria y tos ferina.Sirve para expulsar parásitos, intestinales, principalmente oxiuros, alivia las neuralgias o sea dolores, la cefalalgia o sea dolores de cabeza, insomnio, histerismo y melancolía. Sirve en casos de roña y jiricua, areterioesclerosis, gota (para los comelones de carnes rojas)y varices. Actúa como rubefaciente  que hace que se inhiba el veneno en los piquetes de mosquitos, alacranes y abejas, tan abundantes en los climas cálidos. Es estimulante del apetito y de la digestión, facilita el funcionamiento hepático y renal. Evita las fermentaciones pútridas del intestino, evita el estreñimiento y aumenta las micciones de orina. Combate la anemia propiciando la formación de glóbulos rojos. Es un poderoso desinfectante y microbicida, mejora la circulación sanguínea. Previene las fiebres y tuberculosis. Algunas personas las recomiendan contra el paludismo y la rabia. Regenera la piel en casos de quemaduras leves  y reblandece y desaparece los callos. Quita la sed y la boca amarga…


Horacio

Ataque por parte de Horacio:
Si alguien con limpia mano alcanzase el cuello de su padre hasta darle la muerte, que ese tal coma ajo más ponzoñoso que la cicuta venenosa. ¿Qué toxico es este que roe mis entrañas? ¿Es que acaso los ajos fueron abonados con sangre de víboras? Es de admirar el valiente y duro vientre  de los segadores que con placer lo toman. Que Medea se sirvió del ajo para vengarse de la concubina de su amado enviándole presentes impregnados  con tal fatal aroma y lo usó igualmente como treta, antes de su marcha contra la sierpe con alas, para reducir el yugo de los indomados toros, untando para ello con ajo a Jasón, caudillo de los argonautas, quien así pudo acercarse  a los toros y reducirlos. Jamás un ardor tan grande  como el que se siente en mi vientre, cayera de los astros sobre tierra conocida, ni la túnica empapada en sangre que causara la muerte de Hércules ardió con mayor llama  que arde ahora mi vientre. Te suplico Mecenas no vuelva a darme  otra comida como esta y si antojadizo apeteciese un guiso con ajos, como mal sólo te deseo  en venganza que tu dama rechace tus besos y aparte su boca y  se refugie  en el extremo de la cama.

El Jurado tiene la palabra

Flaubert y sus mujeres

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Las mujeres hicieron a Flaubert el novelista. Y también lo deshicieron sentimentalmente. De esta retacería de amores Flaubert hizo dos grandes novelas; Salambó y Madame Bovary. Al igual que Goethe, y como no pocos jóvenes con inclinaciones escatológicas, con facilidad empezaba amores sólo para asistir luego de un corto tiempo  a la muerte del mismo.


Salambó es la obra maestra de Gustavo Flaubert. Habla del amor en los escenarios formidables de la política y la guerra. Pero Madame Bovary ha impactado al mundo porque su leitmotiv es absolutamente antropocéntrico. Madame Bovary no es la rebelde de  la sociedad. Es sólo la víctima de sus propios aburrimientos.


Madame Bovary ha impresionado porque relata de alguna manera su vida llena de aburrimiento. Busca llenar su vacío con los momentos intensos junto a León. Después de eso caerá en el gran vacío del que ya no hay regreso. En realidad Madame Bovary es un Frankstein que Flaubert ha armado de las mujeres que conoció, amó dejó o lo dejaron. Un poco de esta, otro poco de aquella. El mismo Flaubert le agrega otro parche, de él mismo, al declarar: “Madame Bovary soy yo mismo”. Y su biógrafo Jackes Suffel  (Gustave Flaubert, Fondo de Cultura Económica, México, 1972) agrega: “Contiene mucho de verdad. Madame Bovary se aburre, se muere de tristeza, sueña en grandes espacios, soles desconocidos, amores novelescos dignos de Scherezada. La mediocridad burguesa le produce horror. Todos esos sentimientos los encontraba en su alma Flaubert”.

Madame Bovary es  de ese tipo de  mujeres, dice el propio Flaubert, que “nunca han sabido resistir a nadie”.Aquí el modelo en la vida real es Louise Pradier. Una mujer bella, viuda con mucho dinero que le dejó sus esposo “al que engañó hasta la saciedad…Ella se conoce bien y decía: Nunca he sabido resistir a nadie”.

Las aventuras de Madame Bovary en veinte pueblos no la dejan satisfecha, con experiencias que aun en la ancianidad recordara con deleite. No. Ha vivido así porque en realidad es una neurótica que buscaba llenar vacíos con otros vacíos. En ella no hay sociedad, espiritualidad ni intelectualidad: “Cansada del adulterio y de sus duplicidades, se suicida, en fin de cuentas por neurastenia”.

En cada mujer Flaubert creía descubrir la vida y al final sólo tenía la quiebra sentimental. Los amores inconsistentes han enseñado mucho al novelista. Era frecuente que la falta de dinero en ellas hiciera un tema que calaba las situaciones. En realidad Madame Bovary escapará de esta vida por no encontrar con que llenar su existencia. Intentó hacerlo por medio del erotismo pero fue en vano. Acabó más aburrida.

 Entonces es cuando Flaubert agrega el elemento de la falta de dinero en Madame Bovary para reforzar la idea de la huida final: “Sólo después de largas reflexiones, se decidió el novelista a complicar la situación de su heroína, con dificultades de dinero, que acaban de precipitar la decisión fatal. La gravedad de las cuestiones de dinero, Flaubert había podido medirla, frecuentemente, entre quienes le rodeaban. En casa  de los Schlésinger, por ejemplo, o en la de Louise Colet, siempre necesitada. Pero, en esto, había de ser la señora Pradier quien, más que nadie, le documentara”.

Salambó
La experiencia para escribir Salambó también esta hecha de decepciones pero ahora  en el campo de las ideologías. Sus experiencias parisinas nos recordarán más tarde los cambiantes intereses que mueven a los ejércitos mercenarios de la Cartago de Salambó.

En una etapa temprana de su vida Flaubert, en compañía de  algunos de sus amigos, se sintió llamado a ignorar las costumbres de la sociedad tales como el matrimonio, estudiar una carrera, las ortodoxias de la religión y la moral, ser para una sola mujer. Todo eso era terriblemente burgués. Jacques Suffel, el autor mencionado de la biografía de Flaubert, escribe que eran “burgueses que despreciaban a burgueses, románticos que se burlaban de los románticos”.Casi todos sus libertarios amigos de esa época la vida les va diciendo cómo es la jugada y uno a uno va entrando a la vida de la sociedad con el inevitable sarcasmo de los que siguen. Uno de ellos se llama Henry: “Henry se casa y se convierte en despreciable burgués”.

W.Stekel, psiquiatra, al referirse a ciertos rebeldes que luchan contra la autoridad y toda ley,dice: " Después de un período de rebelión contra la moral  consagrada,estos individuos se vuelven burgueses limitados que retornan a la moral  de sus padres y que incluso la exageran." (La mujer frígida,Ediciones Imán, Buenos Aires, 1956).

Se encontraba en Paris  y los gobiernos se sucedían con increíble rapidez. Eran, dice Flaubert, refriéndose a la revoluciones parisinas de 1848: “gobiernos al tuntún”. Por su privilegiada observación de escritor y por su reiterado trato sentimental con lo femenino, Flaubert conoció a la mujer desde la romántica, la erótica, hasta la que “Peroraba apasionadamente” en los mítines revolucionarios, cuando por todas partes en Francia “se plantaban árboles de la libertad pero casi no se trabajaba y se hablaba en exceso”.

Flaubert puede observar de cerca que un tal Senard organiza mítines de oposición en contra del gobierno. Triunfa su revolución y su partido. Ya como procurador general cuando otros opositores levantan barricadas en contra de su gobierno, Senard recurrió al ejército. Entre los amotinados hubo cuarenta muertos: “Mientras tanto, en París, el pueblo se había arrojado a la guerra civil con una furia increíble, y había ahogado  en sangre aquella República, a la que había  deseado fundar sobre la libertad y la igualdad”.

En esta etapa de su vida Flaubert fue madurando experiencias para su novela Salambó.

Salambó es la deslumbrante novela, llena de exquisitos perfumes orientales, que llenan los campos de cadáveres dejados por los ejércitos mercenarios que defienden Cartago, la rival de Roma. Requirió de Flaubert un trabajo de investigación histórica y arqueológica muy minuciosa.

Salambó es una mujer tan erótica  como Madame Bovary. Pero es la gran sacerdotisa que no puede mezclarse con los humanos ni estos pueden acercarse a ella. Hasta que conoce a Matho. Un guerrero mercenario al servicio de Cartago. Pero, ahora las cosas ya se han complicado pues Matho se ha enamorado de Salambó y ésta de él. La república ya no paga a los mercenarios y estos se han vuelto contra Cartago.

 Los amantes se encuentran así en bandos contrarios. Al final de tanto movimiento de los ejércitos Matho decide volver a ver a Salambó. Pero el pueblo de Cartago ahora odia tanto a Matho que el regreso significa morir a manos de la turba. Salambó también lo sabe. Entiende que Matho morirá si regresa  pero también sabe que ella no podrá vivir sin Matho…

Flaubert escribió mucho. Cartas, novelas inéditas… Pero Salambó y Madame Bovary fueron sus grandes mujeres… Nació Gustave Flaubert  en Ruan, Alta Normandía, el 12 de diciembre de 1821, murió en  Croisset, Baja Normandía el  8 de mayo de 1880. Fue un escritor francés. Está considerado uno de los mejores novelistas occidentales y es conocido principalmente por su primera novela publicada Madame Bovary y, no tanto por su mejor obra Salambó. También es célebre  por su escrupulosa devoción a su arte y su estilo, cuyo mejor ejemplo fue su interminable búsqueda de "la palabra exacta". A este respecto Flaubert se quejaba: “Se hacen libros sin inquietarse por las frases”.

Estamos aquí con un panorama fascinante histórico-mítico-literario.

Eneas escapa de la destrucción de Troya y se dirige hacia la Península italiana con la idea de hacerse fuerte y regresar por la   revancha  contra los griegos. Lo jura ante  sus dioses troyanos. Pero no puede dirigirse a ningún puerto de Sicilia ni de la "bota" debido a que desde tiempo los griegos han establecido colonias en esa parte sur de la Península.

Va a dar a Cartago, enemiga de Roma, por la costa  africana con la idea de lograr alguna alianza con los cartaginenses. Permanece algún tiempo en Cartago. Surge un idilio entre Eneas y la reina de Cartago, Dido. Pero Eneas debe cumplir su promesa  hecha a los dioses troyanos y parte hacia la Península. De decepción la reina Dido se suicida. Hasta aquí el dato histórico. Algo de esto se puede encontrar en la interesante,   obra de R.H. Barrow, Los romanos, Fondo de Cultura Económica, México,2014.

 El que conoce la no menos fascinante novela de Flaubert, Salambó, encontrará mucha semejanza con el dato histórico. Amílcar Barca, los mercenarios al servicio de Cartago y después, cuando ya no hay paga, esto se vuelven contra Cartago, etc. El mismo Flaubert dijo que para escribir su novela fue a Cartago, ahora Túnez, y se documentó leyendo trabajos de arqueología y de historia.

























 

Garcés, libro de matemáticas prehispánicas

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Título: Pensamiento matemático y astronómico en el México precolombino
Autor: Guillermo Carces Contreras
Editado por: Instituto Politécnico Nacional, México
Año: 1982
Págs. 352




Es la presente obra un trabajo de investigación científica avalada por el Instituto Politécnico Nacional. Algunos de los títulos académicos del autor son Doctorado en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, en las disciplinas de Filosofía de la Ciencia e Historia de la Ciencia. Maestro de la  Escuela Nacional  de Antropología e Historia y de diversas facultades de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El sistema de racionalización numeral que surgió en la civilización olmeca, en  América central, fue con la estructura vigesimal.”Con números de valor de posición y la aplicación del cero, durante un periodo que queda situado varios siglos antes de nuestra era”. Respecto al cero: “Su mera concepción y su uso, caso único en el Nuevo Mundo, como señala Morley, resulta un portentoso adelanto del orden abstracto”.

Estatuilla de Tuxtla tallada en nefrita (tipo de jade).




Donde está plasmado este mecanismo de los números y el cero es en una estatuilla de apenas 18 centímetros de alto por 20 centímetros de circunferencia. Es la extraña representación de un hombre-pájaro, de material de jadeita. Se le conoce como la “Estatuilla de los Tuxtlas  “en Hueyapan, sur de Veracruz,  con una serie de puntos y barras: “La inscripción es  excepcionalmente importante por su extensión  y por provenir  de la zona metropolitana olmeca…La pieza fue traslada al Museo de la Universidad de Pensilvania y estudiada por Holmes en 1907 y en 1916…”


 Para los que no estén familiarizados con esta parte del planeta comentaremos que la civilización olmeca fue donde brotó la chispa de la ciencia y la cultura tales como religión (en torno de la cual se iba a desarrollar todo lo demás), arquitectura, escultura, astronomía. De esta parte irradiaría hacia lo que ahora conocemos como el área maya. De hecho hacia  los países que hacen el centro de América. Toda esta región es algo así como la Hélade para la cultura occidental. En el centro de America surgió el inmensurable testimonio cultural indio  conocido como Popol Vuh.










Fecha en Cuenta Larga: marzo de 162 dC (8.6.2.4.17). Wikipedia.

De hecho todo eso   es el área maya y posteriormente, todavía en tiempos prehispánicos, en Yucatán,México, y Guatemala, siguieron desarrollándose estas disciplinas. Hasta culminar, para la época prehispánica, con las matemáticas astronómicas de la civilización azteca con el monumento conocido como “Calendario Azteca”, actualmente en el Museo Nacional de Antropología de Historia, en la ciudad de México: “La Piedra del Sol, magno monumento  de la escultura mesoamericana, llamada comúnmente el calendario Azteca, es la culminación de la Astronomía del México Precolombino. No sólo encierra en el intrincado mecanismo de sus combinaciones  centenares o miles de cálculos siderales, calendáricos y correlacionales, sino que es una obra maestra de la escultura antigua”.


 Calendario Azteca.Museo Nacional de Antropolgía, ciudad de México. Foto de julio de 2011


La obra está estructurada en tres partes: 1 Los numerales en las civilizaciones del viejo y el nuevo mundo,2) La tradición matemática y astronómica mesoamericanas, 3) La madurez de la astronomía mesoamericana.

Hasta la fecha de la publicación de este libro se habían descubierto seis estelas en la región del sureste de México y parte de Guatemala, que es donde está situada el área maya. La más antigua, conocida como Estela 2, de Chiapa de Corzo, en Chiapas, México, data del 7 de diciembre del año 35 antes de Cristo.

La que le sigue en antigüedad es la estela 3 de Tres Zapotes, Veracruz, México, con antigüedad del 2 de septiembre del 31 antes de Cristo.

Sobre estas estelas, dice el autor: “anteceden 911 años la primera y 907 años la segunda, a la más antigua inscripción de la India que contiene el cero matemático…”
Acercamiento


El autor, Dr. Garces Contreras nació en el Puerto de Veracruz,el 6 de marzo de 1917. En septiembre de 1990 el IPN le rindió   homenaje póstumo en una ceremonia en la que se dio a conocer la reedición de su obra aquí comentada.

P.D.
Tal vez no sobre decir que este trabajo nada tiene que ver con trabajos líricos de esoterismo ni creencias apocalípticas que a últimas fechas se han referido al área maya.

 El 5 de diciembre del 2012 apareció publicada por Internet una nota aclaratoria relacionada con esto del fin del mundo supuestamente anunciado por los mayas:


“La NASA informó que, en las últimas semanas, su blog "Ask an astrobiologist" recibió más de 5.000 preguntas de ciudadanos que temen que se cumpla el supuesto apocalipsis maya el 21 de diciembre. 
"Se ha hecho una mala interpretación del calendario de los mayas. Ellos no se referían a una jornada apocalíptica; eso es una fantasía fabricada", aseveró el astrobiólogo David Morrison, obligado a calmar a los más asustados y a explicar por qué no hay nada que temer en las próximas semanas.  El científico recibió un amplio número de correos de personas preocupadas por lo que pueda suceder, especialmente jóvenes y niños. Algunos dicen que no pueden comer o dormir por su angustia y, lo que es mucho más grave, incluso algunos han expresado tendencias suicidas. "Para muchas personas esto (el fin del mundo en 2012) resulta una broma, otras lo ven como un misterio, pero hay algunas que están verdaderamente preocupadas", dice el astrobiólogo. En cuanto a la idea que algunos tienen sobre la aparición del planeta Nibiru, el cual supuestamente chocaría con la Tierra, Morrison también la descartó.”








Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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