Middlemarch, de George Eliot, es la historia de las fuerzas vitales que produjeron lo bueno de la sociedad del mundo como ahora lo conocemos. Y son fuerzas tan absolutamente anónimas, que los individuos que las encarnaron, nacieron y murieron, ahora nadie sabe de ellas. Hay personajes de la sociedad de un pueblo inglés, no lejos de Londres, que se llama Middlemarch. Pero que fundidos en la historia propiamente del pueblo, el factor tiempo se encarga de enviar a esos personajes al anonimato. Pasan a ser una referencia, un dato, un número y, después, el olvido.
Middlemarch está en todas partes. ¿Cuántos trabajadores, hombres y mujeres eminentes de la ciencia y las letras, de la administración y rectores, ha tenido la Universidad Nacional Autónoma de México? Existieron, y fueron tan reales que por varias décadas ocuparon un lugar en el espacio universitario y en su nómina de pagos. Vivieron alegrías, esperanzas, tedios y conflictos. Pero después el tiempo fue borrando su memoria hasta casi desaparecerla. ¿Cuántos conocemos a los rectores y directores de los tiempos de la Colonia española? De los cientos sólo quedan, en alguna apartada galería, retratos de algunos de ellos. Y esos retratos mismos son tan ajenos a las nuevas generaciones que es como si nunca hubieran existido.
En Middlemarch, novela tan extensa como La Montaña Mágica, de Thomas Mann, la autora no ha podido desprenderse del todo del tratamiento decimonónico de la literatura europea de entonces. Principio, desarrollo y final. Y final feliz. Pero aquí la escritora se aparta y en las últimas páginas quita a sus personajes su aureola de fin de cuento feliz. Les da, como el título de la novela lo dice, un tono medio. Efectúa al final un movimiento sinóptico de varias generaciones de gentes en
Middlemarch y todo vuelve a perderse.
Es, efectivamente, como dice el subtítulo de la obra, un estudio de la vida de las provincias inglesas de ese siglo. Middlemarch es un pueblo en el que campea el riguroso espíritu metodista. Una falta en la conducta y todo amenaza con resquebrajarse estrepitosamente. “Todo el mundo prefería hacer conjeturas a saber simplemente la verdad”. Al banquero Bulstrode se le descubre algo turbio que hizo mucho tiempo atrás y esto bastó para sacar a mención su origen judío y provocar un escándalo que de hecho casi llega a ser el leit motiv de la enorme novela.
No obstante, hay que decir que George Eliot es una de las escritoras que tratan con la mayor delicadeza, equilibrio y conocimiento, la cuestión religiosa. Sus referencias a la vida inglesa protestante, a la “cuestión católica” y a la muy difusa presencia judía. No se erige en defensa de una ni levanta la espada contra la otra.
Hay pocos personajes. Y estos se mueven por pareja. Lydgate, médico, con su compañera Rosamond. Will Ladislaw, artista y político, con su compañera Dorotea Casaubon. Nicholas Bulstrode, banquero y prestamista, con su chantajista John Raffles. Pequeños burgueses cuya meta en la vida es mantenerse en ese nivel de la sociedad, evitando caer al nivel de más abajo, que los enviaría al anonimato de las ciudades. La religión juega aquí su rol social. Un personaje le pregunta a otro: “¿Sigues en la línea de los disidentes? ¿Vives todavía como hombre devoto? ¿O te has pasado a la Iglesia anglicana por más elegante?
En Middlemarch las clases sociales reproducen sus costumbres. En una colonia popular una pareja no le da muchos rodeos a su relación. Se ven, se gustan, se besan, se tocan y se reproducen. En el estrato social al que pertenecen los personajes de Middlemarch se ven los enamorados y, mucho antes de darse el primer beso, siquiera, hay un diálogo más o menos en los siguientes términos: debo marchar al extranjero para labrarme una fortuna y hacerme digno de su amor. Volveré con los años si usted me lo permite. Y la otra le responde: vaya y haga lo que se ha propuesto. Lo esperaré todo el tiempo que usted necesite.
El ritmo de la novela es, efectivamente, decimonónico. Se desarrolla en un país en el que no eran raros los lectores de libros. Una sociedad en la que una de sus figuras centrales era el libro. Son novelas extensas porque hay lectores de novelas extensas. La trama, lineal o enmarañada, era preferible con tal que no se acabara. Así eran los lectores y así eran los escritores. La autora parece referirse a esto cuando dice: “Hay que aprender a vivir en el aburrimiento”
Otra frase de la autora podría servir como corolario de esta novela: “Cuando las mujeres quieren, los hombres aprenden a reprimir su mutua antipatía”. Porque, en efecto, en Middlemarch los hombres disponen pero a la postre las mujeres deciden…
Inglesa, nació en Arbury Farm, el 22 de Noviembre de 1819
Murió en Londres el 22 de Diciembre de 1880
George Eliot es un seudónimo de Mary Ann Evans, que asistió a escuelas locales hasta la muerte de su madre, haciéndose cargo del cuidado de la casa paterna. A los veintiún años, marchó con su padre a las cercanías de Coventry, y tras la muerte de su padre viajó a Suiza, instalándose en Londres a su regreso. Trabajó y posteriormente fue editora de la revista Westminster Review, lo que le permitió frecuentar los círculos literarios y culturales de Londres. Comenzó a escribir en 1856, alcanzando gran éxito en la Inglaterra Victoriana de entonces.
Sus libros, fundamentalmente novelas, se desarrollan en la Inglaterra rural, y se caracterizan por su profundidad psicológica y realismo.
Shakespeare en el Sueño de una noche de verano
Shakespeare escribió dramas, históricas, tragedias y comedias. A este último género corresponde Sueño de una noche de verano.
Comedia cuyos personajes son tres parejas de enamorados que pronto contraerán nupcias. Ellas son Teseo e Hipólita, Demetrio y Elena, Lisandro y Hermia. Pero intervienen los duendes que, mediante el efecto de un ungüento mágico, que les untan en los párpados de los ojos, les hacen actuar de manera disparatada, respecto a como ellos son, pretendiendo el amor de la pareja del otro y rechazar a la propia.
Se trata de un supremo enredo que parece divertido pero cuya metáfora viene a advertir que ese “ungüento” puede ser en realidad cualquier droga o estupefaciente que nos hará cometer los actos más disparatados. Cuando todo se aclara, Puck, el duende, exclama aliviado: “hemos tenido la suerte de escaparnos ahora del silbido de la serpiente”.
En esta obra hay personajes de la aristocracia, obreros, duendes y hadas. Mezclados todos en un divertido enredo bailando a la luz de una hoguera, en el interior de un viejo bosque de Atenas.
“Que brille la casa con luz indecisa junto
A la lumbre medio apagada.
Cada duende y espíritu encantado
Salte tan ligero como ave sobre zarzal.
Y siguiéndome después
Canten y dancen alegremente”.
Uno se enamora de otra y la otra quiere a un tercero. A la vez un duende se interesa por un humano y el hado por una mujer. Se requiere el ánimo necesario de leer disfrutando los parlamentos de cada personaje pero resignado apenas a entender algo. Tal parece que en esta comedia Shakespeare se propusiera, a semejanza de cómo luego lo haría Faulkner, seguir la técnica del relato policiaco. Deshacer el nudo de la trama pero no antes del final.
Un personaje, que es tejedor y se llama Lanzadera, nos advierte: “He tenido un sueño…todas las facultades del hombre no bastarían a decir lo que es este sueño…Me ha parecido que era…Nadie en el mundo podría decir qué”.
Shakespeare nos lleva al ejercicio de armar el rompecabezas. Proporciona todas las piezas y nosotros tenemos que armar el juego. Teseo, otro personaje, dice: “Su discurso parecía una cadena deslabonada, pero todo en desorden” Y nos encontramos con expresiones tan obvias como enigmáticas como la que dice Píramo: “¡Dulce luna, gracias por tus rayos solares!”.
Teseo, rey de Atenas, e Hipólita se casarán en cuatro días más. Este tiempo será de fiesta: “En medio de la pompa, el triunfo y los festines En el mismo lugar, pero en la dimensión metafísica, Oberón rey de las hadas, y Titania, reina de las hadas, también tienen sus situaciones de celos. Oberón extrae el jugo de un “tomillo silvestre” el cual luego de su aplicación, el que lo reciba estando dormido, al despertar lo primero que vea de “eso” quedará prendada. Por si algo faltara hay una compañía de cómicos que va por las poblaciones actuando y acabando de enredar todo con los personajes principales del relato.
Por el ungüento mágico Lisandro que antes amaba a Hermia ahora está loco por Elena. Y cuando Demetrio despierta a la primera que ve es a Elena y de ella se enamora locamente. Ahora Elena, a la que nadie buscaba ni quería, tiene a Lisandro y a Demetrio y ambos le juran amor. Ella les reprocha: “Llenarme de juramentos y ensalzarme más de lo que alcanza mi mérito, cuando estoy cierta que me aborrecen de todo corazón”.
Luego Puck, duende, frota con ese mismo líquido los parpados de Lisandro. Elena, que va siguiendo y “acosando” a Demetrio, llega hasta el lugar en donde duerme Lisandro. Este despierta y queda prendado de Elena. Y de tal modo que quiere dar muerte a Demetrio que imagina que quiere a Elena. Por Hermia ya no siente nada. Elena cree que Lisandro se burla de ella. Antes no la buscaba pero ahora si.
Finalmente Oberón, el rey de las hadas, pone orden y al ver tanto desbarajuste ordena a Puck, el duendecillo, que vuelva verter, ya dormidos, el ungüento en los párpados de todos ellos. De esta manera todo regresa a la situación que la vida guardaba en el principio Titania vuelve a amara a Oberón, no al asno. Demetrio queda con Elena y Lisandro con Hermia. Extrañado, Demetrio, al recordarlas locuras del sueño, se hace la misma pregunta que los poetas aztecas y Calderón de la Barca: “¿Están bien seguros de que nos hallamos despiertos? Algo me dice que dormimos, que soñamos todavía”.
Como corolario Teseo, el rey de Atenas, platica con Hipólita, la reina, de lo extraño de todo lo que han vivido las parejas de enamorados: “Jamás podré dar crédito a esas antiguas fábulas ni a esas frivolidades feérricas. Dejemos a los amantes, a esas extravagantes fantasías que van más allá de lo que la razón puede percibir”. Hipólita sólo alcanza a responder: “Hay en ello más que imágenes de la fantasía”.
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Tres verdades Schopenhauerianas
Schopenhauer
Schopenhauer publicó una serie de ensayos entre 1890 y 1902. Los apuntes aquí anotados se refieren a la Moral. Dice que solamente hay 3 resortes que mueven al humano y son egoísmo, perversidad y conmiseración.
Egoísmo:
La ciudad está llena de maravillosas cosas que nadie necesita pero que casi todos compran. Sócrates se nos adelantó veinticinco siglos al decir: “Cuántas cosas hay que no necesito!”
El egoísmo es colosal, no cabe en el universo. Si se diera a elegir entre el anonadamiento del universo y la propia perdición, no necesito decir cuál sería la respuesta.
¡Es necesario leer las causas célebres de la historia de los tiempos pasados, para saber lo que existe en el fondo del hombre, lo que vale su moralidad! Esos millares de seres que están a nuestra vista, obligados a respetar la paz, en el fondo son tigres y lobos, a quienes sólo un fuerte bozal les impide morder
Nada supera para el hombre la satisfacción de su vanidad y ninguna herida duele más que las que se infligen a ésta
Perversidad
Se manifiesta el mismo grado de perversidad en un pueblo por actos groseros, por el homicidio o por canibalismo. Mientras que en otro, por las intrigas de corte, opresión y sutiles astucias. El fondo de las cosas siempre es el mismo.
A los murmuradores que están inconformes con el lugar donde viven se les puede decir: " ¿Por qué no te vas inmediatamente con la primera diligencia?
Son pocos los que piensan pero todos quieren tener opiniones.
Conmiseración
La conmiseración es un hecho asombroso y lleno de misterios en el cual vemos borrarse
la línea que separa un ser del otro, para convertirse al “no yo” en cierto modo en el
“yo”.
Quien no conoce la conmiseración está fuera de la humanidad, y la misma palabra “humanidad” se toma como sinónimo de “conmiseración.
Arthur Schopenhauer nació el 22 de febrero de 1788 en el seno de una acomodada familia de Danzig. El padre de Arthur, Heinrich Floris Schopenhauer, fue un próspero comerciante que inició a su hijo en el mundo de los negocios, haciéndole emprender largos viajes por Francia e Inglaterra. Su madre, Johanna Henriette Trosenier, fue una escritora que alcanzó cierta notoriedad al organizar soirées literarias en la ciudad de Weimar. Tales reuniones le brindaron al joven Arthur la oportunidad de entrar en contacto con grandes personalidades del mundo cultural de su tiempo como Goethe y Wieland.
Antes de cumplir los veinte años de edad, Schopenhauer decidió abandonar definitivamente sus estudios de comercio, a los que lo había presionado su padre a seguir. En adelante se dedicó alo que él prefería que eran los estudios universitarios. De este modo, en 1809, se matriculó como estudiante de Medicina en la Universidad de Gotinga, donde asistió a varios cursos. Allí conoció a Gottlob Schulze, un profesor de filosofía que le aconsejó emprender el estudio pormenorizado de Platón y Kant, para que luego lo complementara con la lectura de las obras de Aristóteles y Spinoza.
La lectura de estos autores despertó en Schopenhauer su vocación filosófica y en 1811 se trasladó a Berlín, donde estudió durante dos años, para seguir los cursos de Fichte y Schleiermacher. Sin embargo, ambos filósofos —muy en boga por aquel entonces— sólo consiguieron decepcionarlo. Algo parecido puede decirse de Schelling, a quien Schopenhauer leyó intensamente, como también a Fichte, en sus años de estudiante en Berlín. A pesar de haberse pasado a la facultad de filosofía, Schopenhauer también se matriculó en cursos de filología clásica y de Historia y asistió también a un buen número de cursos de ciencias naturales, pues consideraba que estos conocimientos ampliaban y reforzaban su formación filosófica.
Las obras más buscadas de este pensador son Parerga y Paralipómena y El mundo como voluntad y representación.
Schopenhauer publicó una serie de ensayos entre 1890 y 1902. Los apuntes aquí anotados se refieren a la Moral. Dice que solamente hay 3 resortes que mueven al humano y son egoísmo, perversidad y conmiseración.
Egoísmo:
La ciudad está llena de maravillosas cosas que nadie necesita pero que casi todos compran. Sócrates se nos adelantó veinticinco siglos al decir: “Cuántas cosas hay que no necesito!”
El egoísmo es colosal, no cabe en el universo. Si se diera a elegir entre el anonadamiento del universo y la propia perdición, no necesito decir cuál sería la respuesta.
¡Es necesario leer las causas célebres de la historia de los tiempos pasados, para saber lo que existe en el fondo del hombre, lo que vale su moralidad! Esos millares de seres que están a nuestra vista, obligados a respetar la paz, en el fondo son tigres y lobos, a quienes sólo un fuerte bozal les impide morder
Nada supera para el hombre la satisfacción de su vanidad y ninguna herida duele más que las que se infligen a ésta
Perversidad
Se manifiesta el mismo grado de perversidad en un pueblo por actos groseros, por el homicidio o por canibalismo. Mientras que en otro, por las intrigas de corte, opresión y sutiles astucias. El fondo de las cosas siempre es el mismo.
A los murmuradores que están inconformes con el lugar donde viven se les puede decir: " ¿Por qué no te vas inmediatamente con la primera diligencia?
Son pocos los que piensan pero todos quieren tener opiniones.
Conmiseración
La conmiseración es un hecho asombroso y lleno de misterios en el cual vemos borrarse
la línea que separa un ser del otro, para convertirse al “no yo” en cierto modo en el
“yo”.
Quien no conoce la conmiseración está fuera de la humanidad, y la misma palabra “humanidad” se toma como sinónimo de “conmiseración.
Arthur Schopenhauer nació el 22 de febrero de 1788 en el seno de una acomodada familia de Danzig. El padre de Arthur, Heinrich Floris Schopenhauer, fue un próspero comerciante que inició a su hijo en el mundo de los negocios, haciéndole emprender largos viajes por Francia e Inglaterra. Su madre, Johanna Henriette Trosenier, fue una escritora que alcanzó cierta notoriedad al organizar soirées literarias en la ciudad de Weimar. Tales reuniones le brindaron al joven Arthur la oportunidad de entrar en contacto con grandes personalidades del mundo cultural de su tiempo como Goethe y Wieland.
Antes de cumplir los veinte años de edad, Schopenhauer decidió abandonar definitivamente sus estudios de comercio, a los que lo había presionado su padre a seguir. En adelante se dedicó alo que él prefería que eran los estudios universitarios. De este modo, en 1809, se matriculó como estudiante de Medicina en la Universidad de Gotinga, donde asistió a varios cursos. Allí conoció a Gottlob Schulze, un profesor de filosofía que le aconsejó emprender el estudio pormenorizado de Platón y Kant, para que luego lo complementara con la lectura de las obras de Aristóteles y Spinoza.
La lectura de estos autores despertó en Schopenhauer su vocación filosófica y en 1811 se trasladó a Berlín, donde estudió durante dos años, para seguir los cursos de Fichte y Schleiermacher. Sin embargo, ambos filósofos —muy en boga por aquel entonces— sólo consiguieron decepcionarlo. Algo parecido puede decirse de Schelling, a quien Schopenhauer leyó intensamente, como también a Fichte, en sus años de estudiante en Berlín. A pesar de haberse pasado a la facultad de filosofía, Schopenhauer también se matriculó en cursos de filología clásica y de Historia y asistió también a un buen número de cursos de ciencias naturales, pues consideraba que estos conocimientos ampliaban y reforzaban su formación filosófica.
Las obras más buscadas de este pensador son Parerga y Paralipómena y El mundo como voluntad y representación.
Diez pinturas prehistóricas


El autor cree que la historia del hombre es una, sin interrupción. Se muestra escéptico en las etapas convencionales que suelen ponerse en protohistoria y en prehistoria.
Criterio interesante para México, apuntamos nosotros, donde la historia acaba con frecuencia de muerte súbita y, al mismo tiempo, aparece otra de generación espontánea, de seis años, sin relación con la anterior…
Dice A. Houghton Brodick en su obra La Pintura Prehistórica. (Fondo de Cultura Económica, México, 1975) que el criterio de que hay civilización sólo donde hay escritura arrojaría algo así como 5,000 años para Egipto y Sumeria,1,400 para China y sólo unos cuantos siglos de nuestra era para la Europa continental.
Brodrick prefiere arrancar desde hace medio millón “o tal vez un millón” de años y preguntarse por qué aparecieron las pinturas rupestres. Los hombres “modernos” se encontraron con los neandertales y eso provocó una conmoción tal que dio lugar a una revolución más bien del tipo moral. Se pedía para tener éxito en la caza y para librarse de la muerte y la destrucción: “El arte todavía es magia o no es nada, puesto que nos trasforma al revelarnos el espíritu del artista”.
El éxito dependía de encontrar manadas abundantes, a su propia pericia y a la magia. Por eso en el Paleolítico Superior en Europa las ceremonias se celebraban ante las pinturas. Se pedía caza abundante, blancos fáciles y protección al cazador. Ese sería el origen del arte primitivo de sus antepasados para asegurar el sustento: “Todavía en la actualidad los aborígenes de Australia pintan y repintan en los mismos antiguos parajes, para obtener la abundancia, de la misma manera que pintaban y repintaban los hombres de la edad de piedra”.
El primer artista en Europa Occidental fue el “hombre moderno” del Paleolítico Superior que ya utilizaba ciertas herramientas de piedra. Si bien en Europa se dio la creación de lo que llamamos ahora “arte prehistórico” la mayor parte de las culturas de la edad de piedra del continente europeo parecen proceder de otras partes. Con esto tenemos que la civilización en sus orígenes no sería un producto europeo. Pero sí fue obra de Europa el arte representativo. Dice el autor que el arte pictórico representativo fue obra de Europa y se manifestó en España y Francia, hace unos 40, 000 años.
Las civilizaciones del Cercano Oriente florecieron cuando la mayoría de los europeos llevaban todavía una vida de la edad de piedra. Sin embargo, no se conocían pinturas prehistóricas hasta el descubrimiento de la cueva de Altamira, en el norte de España, durante la séptima década del siglo pasado”.
(Ver en este mismo blog la nota sobre el descubrimiento de la Cueva de Altamira)
La obra comentada de A. Houghton Brodrick contiene pinturas rupestres de Australia, Nueva Guinea, la India central, etc. Pero sean de donde sean los artistas rupestres, de alguna manera son considerados parte de una sola historia para el área de la Europa Occidental.
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Las Traquinias, de Sófocles
Como en Otelo de Shakespeare, los celos en esta tragedia de Sófocles, Las Traquinias, son el leitmotiv de toda la obra. Y lo mismo que en aquel, los elementos de inquietud son dichos por un tercero. Dice el Coro: “Los efectos de un funesto consejo” Licas es el que, sin razón aparente, o sin tener plena conciencia de sus palabras, es el que revela a Deyanira el engaño de Hércules, su esposo. Licas, sin embargo, dice el Coro, sólo es un instrumento de la diosa Afrodita: “ Pero es claro que quien lo ha manejado todo es la Cipria (Afrodita) silenciosa ejecutora de sus trazas”.
Esta tragedia recibe su nombre por el Coro compuesto de 15 niñas de la ciudad griega de Traquina.
El autor:
Sófocles nació en Colona, hoy parte de Atenas (Grecia), en el año 496 a.C. Se crió en el seno de una familia de la aristocracia. Fue discípulo de Lampos y, quizá, del retórico Antifón. Asimismo se dedicó a la actuación y a la música. Como dramaturgo se dio a conocer hacia 468 a.C., teniendo 28 años, al vencer a Esquilo (gran dramaturgo griego) en la competición en honor a Dionisos. A partir de entonces comenzó una brillante carrera como escritor, en la que destacó su magnificente creatividad.
Fue amigo de Pericles y Herodoto (considerado padre de la historiografía).
Por todo esto, además de por su brillante labor como escritor, obtuvo un éxito extraordinario entre sus conciudadanos, al igual que fortuna; y fue tratado como un héroe.
Sófocles llegó a escribir hasta 123 obras, pero sólo llegaron hasta la actualidad siete tragedias completas: Ayax (450 a.C.), Antígona (441 a.C.), Edipo Rey (430 a.C.), Las Traquinias (415 a.C.), Electra (413 a.C.), Filoctetes (409 a.C.) y Edipo en Colonna (401 a.C., publicada póstumamente). En 1911 se descubrió otra obra suya, a la cual sólo le falta la parte final: el drama satírico "Los sabuesos".
El tema de Las Traquinias:
Hércules se ausenta de su hogar por largo tiempo debido a que anda haciendo la guerra y tras del consecuente acto de saqueo. Además antes de eso había caído esclavo de Onfale, “la bárbara” Después ataca la ciudad de Ecalia donde es rey Eurito. Tras su destrucción envía por delante parte del botín. Un grupo de mujeres a las que ha hecho sus esclavas. Entre ellas va una joven hermosa llamada Yola. Deyanira acoge con humanidad a las esclavas lamentándose de su suerte.
Sófocles
Y es aquí que Lica, un amigo de la familia, empieza a meter ideas a Deyanira. Hércules está locamente enamorado de Yola. No es cierto que haya estado de esclavo. Se tardó en regresar a casa porque pedía al rey Eurito a su hija Yola. Como éste no accedió a tal petición Hércules entró en guerra con los Lidios y así fue que Hércules destruyó Ecalia.
Yola para nada interviene personalmente en el desarrollo de la obra, ni habla ni acciona, ni para bien ni para mal ni nadie se dirige a ella. Pero es Deyanira que de pronto se hace esta reflexión: ahora hay en la casa dos esposas.
Nada de esto es cierto y Hércules es ajeno a todos estos acontecimientos desarrollados en el seno de su hogar, al que espera regresar pronto.
No existe la más mínima ofensa para Yola de parte de Deyanira. Deyanira sólo piensa en cómo recuperar a Hércules. Le envía una especie de abrigo o capa a la que ha untado un extraño brebaje.
Tiempo atrás el centauro Neso, el de negra crin, había pretendido a Deyanira. Hércules se dio cuenta y da muerte al centauro con un dardo envenenado. En agonía, Neso dice a Deyanira que guarde su sangre pues algún día le servirá. Cuando note que Hércules ya no la quiera unte su sangre a manera de bálsamo mágico amoroso y Hércules regresara a ella.
Así lo hace cuando se presenta la situación de Yola. Deyanira envía el manto como regalo a su esposo. Pero lejos de tratarse de un bálsamo amoroso la mezcla resulta ser un poderoso veneno que desintegrará la carne de Hércules, cuando se ponga el manto, hasta ocasionarle una horrible muerte. De esa manera el centauro Neso se vengó de Hércules a través de Deyanira. Deyanira no puede soportar el inesperado resultado y se suicida.
Después viene una escena que puede tomarse como antecedente de la eutanasia. Incapaz de soportar los dolores que lo desgarran, Hércules le pide a su hijo Hilo que le de muerte y así dejará de sufrir. Por más que Hilo se resiste a ejecutar semejante acción contra su padre, Hércules lo obliga, bajo juramento ante Zeus, que le dará muerte y luego lo incinerará. Hilo logra zafarse en parte de tan cruel encargo y sólo se compromete a vigilar y llevar a cabo parte del proceso.
A manera de final, la nodriza ( tal vez de los hijos de Deyanira y de Hércules) dice: “Así ha quedado el palacio; mentecato el que echa cuentas para dos días, o para más; no hay mañana para el que no acaba bien el día de hoy”.
Esta tragedia recibe su nombre por el Coro compuesto de 15 niñas de la ciudad griega de Traquina.
El autor:
Sófocles nació en Colona, hoy parte de Atenas (Grecia), en el año 496 a.C. Se crió en el seno de una familia de la aristocracia. Fue discípulo de Lampos y, quizá, del retórico Antifón. Asimismo se dedicó a la actuación y a la música. Como dramaturgo se dio a conocer hacia 468 a.C., teniendo 28 años, al vencer a Esquilo (gran dramaturgo griego) en la competición en honor a Dionisos. A partir de entonces comenzó una brillante carrera como escritor, en la que destacó su magnificente creatividad.
Fue amigo de Pericles y Herodoto (considerado padre de la historiografía).
Por todo esto, además de por su brillante labor como escritor, obtuvo un éxito extraordinario entre sus conciudadanos, al igual que fortuna; y fue tratado como un héroe.
Sófocles llegó a escribir hasta 123 obras, pero sólo llegaron hasta la actualidad siete tragedias completas: Ayax (450 a.C.), Antígona (441 a.C.), Edipo Rey (430 a.C.), Las Traquinias (415 a.C.), Electra (413 a.C.), Filoctetes (409 a.C.) y Edipo en Colonna (401 a.C., publicada póstumamente). En 1911 se descubrió otra obra suya, a la cual sólo le falta la parte final: el drama satírico "Los sabuesos".
El tema de Las Traquinias:
Hércules se ausenta de su hogar por largo tiempo debido a que anda haciendo la guerra y tras del consecuente acto de saqueo. Además antes de eso había caído esclavo de Onfale, “la bárbara” Después ataca la ciudad de Ecalia donde es rey Eurito. Tras su destrucción envía por delante parte del botín. Un grupo de mujeres a las que ha hecho sus esclavas. Entre ellas va una joven hermosa llamada Yola. Deyanira acoge con humanidad a las esclavas lamentándose de su suerte.
Sófocles
Y es aquí que Lica, un amigo de la familia, empieza a meter ideas a Deyanira. Hércules está locamente enamorado de Yola. No es cierto que haya estado de esclavo. Se tardó en regresar a casa porque pedía al rey Eurito a su hija Yola. Como éste no accedió a tal petición Hércules entró en guerra con los Lidios y así fue que Hércules destruyó Ecalia.
Yola para nada interviene personalmente en el desarrollo de la obra, ni habla ni acciona, ni para bien ni para mal ni nadie se dirige a ella. Pero es Deyanira que de pronto se hace esta reflexión: ahora hay en la casa dos esposas.
Nada de esto es cierto y Hércules es ajeno a todos estos acontecimientos desarrollados en el seno de su hogar, al que espera regresar pronto.
No existe la más mínima ofensa para Yola de parte de Deyanira. Deyanira sólo piensa en cómo recuperar a Hércules. Le envía una especie de abrigo o capa a la que ha untado un extraño brebaje.
Tiempo atrás el centauro Neso, el de negra crin, había pretendido a Deyanira. Hércules se dio cuenta y da muerte al centauro con un dardo envenenado. En agonía, Neso dice a Deyanira que guarde su sangre pues algún día le servirá. Cuando note que Hércules ya no la quiera unte su sangre a manera de bálsamo mágico amoroso y Hércules regresara a ella.
Así lo hace cuando se presenta la situación de Yola. Deyanira envía el manto como regalo a su esposo. Pero lejos de tratarse de un bálsamo amoroso la mezcla resulta ser un poderoso veneno que desintegrará la carne de Hércules, cuando se ponga el manto, hasta ocasionarle una horrible muerte. De esa manera el centauro Neso se vengó de Hércules a través de Deyanira. Deyanira no puede soportar el inesperado resultado y se suicida.
Después viene una escena que puede tomarse como antecedente de la eutanasia. Incapaz de soportar los dolores que lo desgarran, Hércules le pide a su hijo Hilo que le de muerte y así dejará de sufrir. Por más que Hilo se resiste a ejecutar semejante acción contra su padre, Hércules lo obliga, bajo juramento ante Zeus, que le dará muerte y luego lo incinerará. Hilo logra zafarse en parte de tan cruel encargo y sólo se compromete a vigilar y llevar a cabo parte del proceso.
A manera de final, la nodriza ( tal vez de los hijos de Deyanira y de Hércules) dice: “Así ha quedado el palacio; mentecato el que echa cuentas para dos días, o para más; no hay mañana para el que no acaba bien el día de hoy”.
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Shane, novela de J.Schaefer
El hombre es como es, dijo Shane al niño Joey al salir herido de la cantina en la que acaba de sostener un duelo a balazos con pistoleros venidos de alguna parte del oeste norteamericano.
El hombre es como es. Esa frase de Schopenhauer es la que va a orientar todo el argumento de la novela de Jack Schaefer:Shane, de 1949.Las circunstancias, la pedagogía, llevarán al individuo para allá o para acá y tendrá mucha información, pero esencialmente él no cambiará. Ni siquiera está en él poder hacerlo. Shane, pistolero diestro, intentó cambiar pero tampoco pudo.
En realidad Shane era a la sazón un pistolero retirado que ayuda a una familia de granjeros compuesta por Joe Starrett, Marian y su hijo Joey. Y a un grupo de vecinos que están aterrorizados por el terrateniente y ganadero Ryker, que los amenaza. Al final este terrateniente contratará a un pistolero, un tal Wilson, para que empiece a matar vecinos si siguen resistiéndose a marcharse de lo que él considera sus tierras.
Un día Shane llegó por casualidad a ese caserío de pioneros norteamericanos del siglo diecinueve. Nadie supo de dónde llegó y él mismo ignoraba hacia donde se dirigía: “Voy al norte. A un sitio u otro, un lugar en donde no haya estado”.
Joey el niño, que más grande contará la historia de Shane, empezó así el relato: “Bajo cabalgando hacia nuestro valle, en el verano de 89”
Es el modelo de los films del oeste que la mayoría de ellos no pudo alcanzar. En la gran producción de westerns que se rodaron a partir de mediados del siglo veinte se idealizó al héroe. Un solo hombre llegaba al pueblo en el que las condiciones de vivir se habían alterado patológicamente por la acción malvada de los pistoleros. Llegaba el pistolero “bueno” y, cuando se marchaba, después de haber acabado con los malos, todo parecía haber quedado otra vez en orden. En realidad el substrato social volvía a quedar inerme, desprotegido de cualquier otra amenaza, pues el pueblo no tenía la fortaleza moral, ni la organización institucional necesaria para defenderse por él mismo. Abundaba la corrupción, en connivencia de los malvados con las autoridades.
En la novela Shane es el pueblo el que actúa. Shane el personaje se retrae y lucha contra su individualidad, también violenta. Trata de integrarse al modo familiar de aquella gente. Se emplea de peón de campo en la casa de los Starrett. Sabe que aquella gente sencilla es la realidad de la vida que trata de mejorar materialmente sus condiciones de existencia. Él, en cambio, es la subjetividad inalterable trazada desde un millón de años antes.
En el caserío perdido en el oeste, en el que ni siquiera existe la autoridad institucionalizada del estado, se desarrollan dos luchas en muy diferentes planos. La de los granjeros defendiéndose del terrateniente y la interior de Shane. Ya una ocasión Shane había tenido que soportar las provocaciones de los pistoleros de Ryker. Y esa fue su mejor conquista. Vencerse a sí mismo, abstenerse de caer en el juego de la violencia. En un pleito nadie gana. Y casi siempre pierde más el que cree haber ganado. De ahí la frase: “de un golpe de suerte nadie se salva”. En esa ocasión aceptó la ofensa que le habían infringido a su ego y alejarse en tanto los otros reían a sus espaldas. A cambio, la vida podía seguir. Más que nadie, Shane, el pistolero muy rápido para manejar la pistola, sabía que los egos irascibles son los que han llenado los cementerios y las cárceles.
Desde esa posición anónima, viviendo en la casa de los Starrett, observa que se trata de una comunidad de granjeros, muy valientes, pero que sucumbirán ante los Rykers. Ellos son granjeros, no pistoleros. Uno de los granjeros deja de arar la tierra y cuidar sus puercos. Se enfunda la pistola y va al almacén Grafton´s donde se surte de víveres la comunidad. Muere a manos Wilson, el pistolero profesional que está ahí con el único propósito de matar granjeros.
El terrateniente Ryker decide forzar la situación para conseguir su propósito de expulsar a los granjeros de lo que él cree son sus tierras. Le tiende una trampa a Joe Starrett. Lo invita que vaya al anochecer al almacén Grafton´s. Se verá obligado a entrar en duelo con Wilson y, morirá sin lugar a dudas. Starrett es el pilar que sostiene anímicamente a la comunidad de granjeros. Con su muerte, los otros se marcharán de inmediato. Starrett recoge el reto aun sabiendo que no saldrá con vida. Acepta que hay situaciones ineludibles.
El hombre es como es,le dijo Shane al pequeño Joey
Ante semejante sacrificio, de aquel hombre sencillo y noble, que lucha por su familia y su comunidad, Shane se decide. No quiere la situación violenta pues esta le es familiar. Se decide a abandonar el propósito de cambiar su sino. El no podrá ser diferente a como es. Intentó ser un hombre anodino, pacífico, rutinario, pero fracaso. Se da cuenta que ser pacífico es muy difícil. El hombre de la media tiene lo mejor de los dos extremos. Por eso la vida puede seguir. Luego de vencer la resistencia de Joe Starrett, mediante un violento encuentro a golpes, pues Starrett es muy fuerte físicamente, Shane se dirige al almacén Grafton´s.
Los Rykers se han distribuido en el espacio interior del local de manera estratégica. A Shane no le gusta la posición que le han dejado. Enfrente tiene a Wilson. A su lado izquierdo al mismo Ryker. Primero enfrenta a Wilson, el más peligroso por su velocidad al disparar y luego da muerte a Ryker. Con eso acaba todo. Enfunda sus pistolas y se dispone a marcharse. Es cuando el hermano de Ryker, debidamente emboscado en el piso de arriba, le dispara. El niño Joey lo ha seguido corriendo desde su casa y alcanza a ver al otro que va a disparar contra Shane. Lo alerta y éste alcanza a sacar sus pistolas y también mata al tercer y último agresor.
Con la muerte de esos tres se ha acabado el peligro que amenazaba a los granjeros. La comunidad ahora podrá vivir, trabajar y prosperar en tranquilidad. La gente ha sufrido, ha luchado y ahora es fuerte y podrá seguir adelante por sí misma.
De todas maneras una bala del último agresor ha alcanzado a Shane y está herido. Joey le dice que vuelva a casa. Ahí se curará. En ella lo esperan sus padres, que lo quieren.
Ya montado en su caballo, Shane se niega. Ha comprobado que no puede regresar a vivir como el común de la gente. Lo intentó, pero no pudo. Es cuando le dice al niño Joey: “El hombre es como es”. Y, como hablando consigo mismo, a un Shane que quiso ser diferente pero que ya no es posible que lo sea, sus postreras palabras para el niño Joey son: “prepárate, crece, se fuerte y cuida a tus padres”.
Simbólicamente, cuando Shane abandona el valle, y regresa por donde había llegado, pasa entre el cementerio del lugar y, herido, no se sabe si de muerte, se pierde entre la noche.
El hombre es como es. Esa frase de Schopenhauer es la que va a orientar todo el argumento de la novela de Jack Schaefer:Shane, de 1949.Las circunstancias, la pedagogía, llevarán al individuo para allá o para acá y tendrá mucha información, pero esencialmente él no cambiará. Ni siquiera está en él poder hacerlo. Shane, pistolero diestro, intentó cambiar pero tampoco pudo.
En realidad Shane era a la sazón un pistolero retirado que ayuda a una familia de granjeros compuesta por Joe Starrett, Marian y su hijo Joey. Y a un grupo de vecinos que están aterrorizados por el terrateniente y ganadero Ryker, que los amenaza. Al final este terrateniente contratará a un pistolero, un tal Wilson, para que empiece a matar vecinos si siguen resistiéndose a marcharse de lo que él considera sus tierras.
Un día Shane llegó por casualidad a ese caserío de pioneros norteamericanos del siglo diecinueve. Nadie supo de dónde llegó y él mismo ignoraba hacia donde se dirigía: “Voy al norte. A un sitio u otro, un lugar en donde no haya estado”.
Joey el niño, que más grande contará la historia de Shane, empezó así el relato: “Bajo cabalgando hacia nuestro valle, en el verano de 89”
Es el modelo de los films del oeste que la mayoría de ellos no pudo alcanzar. En la gran producción de westerns que se rodaron a partir de mediados del siglo veinte se idealizó al héroe. Un solo hombre llegaba al pueblo en el que las condiciones de vivir se habían alterado patológicamente por la acción malvada de los pistoleros. Llegaba el pistolero “bueno” y, cuando se marchaba, después de haber acabado con los malos, todo parecía haber quedado otra vez en orden. En realidad el substrato social volvía a quedar inerme, desprotegido de cualquier otra amenaza, pues el pueblo no tenía la fortaleza moral, ni la organización institucional necesaria para defenderse por él mismo. Abundaba la corrupción, en connivencia de los malvados con las autoridades.
En la novela Shane es el pueblo el que actúa. Shane el personaje se retrae y lucha contra su individualidad, también violenta. Trata de integrarse al modo familiar de aquella gente. Se emplea de peón de campo en la casa de los Starrett. Sabe que aquella gente sencilla es la realidad de la vida que trata de mejorar materialmente sus condiciones de existencia. Él, en cambio, es la subjetividad inalterable trazada desde un millón de años antes.
En el caserío perdido en el oeste, en el que ni siquiera existe la autoridad institucionalizada del estado, se desarrollan dos luchas en muy diferentes planos. La de los granjeros defendiéndose del terrateniente y la interior de Shane. Ya una ocasión Shane había tenido que soportar las provocaciones de los pistoleros de Ryker. Y esa fue su mejor conquista. Vencerse a sí mismo, abstenerse de caer en el juego de la violencia. En un pleito nadie gana. Y casi siempre pierde más el que cree haber ganado. De ahí la frase: “de un golpe de suerte nadie se salva”. En esa ocasión aceptó la ofensa que le habían infringido a su ego y alejarse en tanto los otros reían a sus espaldas. A cambio, la vida podía seguir. Más que nadie, Shane, el pistolero muy rápido para manejar la pistola, sabía que los egos irascibles son los que han llenado los cementerios y las cárceles.
Desde esa posición anónima, viviendo en la casa de los Starrett, observa que se trata de una comunidad de granjeros, muy valientes, pero que sucumbirán ante los Rykers. Ellos son granjeros, no pistoleros. Uno de los granjeros deja de arar la tierra y cuidar sus puercos. Se enfunda la pistola y va al almacén Grafton´s donde se surte de víveres la comunidad. Muere a manos Wilson, el pistolero profesional que está ahí con el único propósito de matar granjeros.
El terrateniente Ryker decide forzar la situación para conseguir su propósito de expulsar a los granjeros de lo que él cree son sus tierras. Le tiende una trampa a Joe Starrett. Lo invita que vaya al anochecer al almacén Grafton´s. Se verá obligado a entrar en duelo con Wilson y, morirá sin lugar a dudas. Starrett es el pilar que sostiene anímicamente a la comunidad de granjeros. Con su muerte, los otros se marcharán de inmediato. Starrett recoge el reto aun sabiendo que no saldrá con vida. Acepta que hay situaciones ineludibles.
El hombre es como es,le dijo Shane al pequeño Joey
Ante semejante sacrificio, de aquel hombre sencillo y noble, que lucha por su familia y su comunidad, Shane se decide. No quiere la situación violenta pues esta le es familiar. Se decide a abandonar el propósito de cambiar su sino. El no podrá ser diferente a como es. Intentó ser un hombre anodino, pacífico, rutinario, pero fracaso. Se da cuenta que ser pacífico es muy difícil. El hombre de la media tiene lo mejor de los dos extremos. Por eso la vida puede seguir. Luego de vencer la resistencia de Joe Starrett, mediante un violento encuentro a golpes, pues Starrett es muy fuerte físicamente, Shane se dirige al almacén Grafton´s.
Los Rykers se han distribuido en el espacio interior del local de manera estratégica. A Shane no le gusta la posición que le han dejado. Enfrente tiene a Wilson. A su lado izquierdo al mismo Ryker. Primero enfrenta a Wilson, el más peligroso por su velocidad al disparar y luego da muerte a Ryker. Con eso acaba todo. Enfunda sus pistolas y se dispone a marcharse. Es cuando el hermano de Ryker, debidamente emboscado en el piso de arriba, le dispara. El niño Joey lo ha seguido corriendo desde su casa y alcanza a ver al otro que va a disparar contra Shane. Lo alerta y éste alcanza a sacar sus pistolas y también mata al tercer y último agresor.
Con la muerte de esos tres se ha acabado el peligro que amenazaba a los granjeros. La comunidad ahora podrá vivir, trabajar y prosperar en tranquilidad. La gente ha sufrido, ha luchado y ahora es fuerte y podrá seguir adelante por sí misma.
De todas maneras una bala del último agresor ha alcanzado a Shane y está herido. Joey le dice que vuelva a casa. Ahí se curará. En ella lo esperan sus padres, que lo quieren.
Ya montado en su caballo, Shane se niega. Ha comprobado que no puede regresar a vivir como el común de la gente. Lo intentó, pero no pudo. Es cuando le dice al niño Joey: “El hombre es como es”. Y, como hablando consigo mismo, a un Shane que quiso ser diferente pero que ya no es posible que lo sea, sus postreras palabras para el niño Joey son: “prepárate, crece, se fuerte y cuida a tus padres”.
Simbólicamente, cuando Shane abandona el valle, y regresa por donde había llegado, pasa entre el cementerio del lugar y, herido, no se sabe si de muerte, se pierde entre la noche.
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reseña de libros
Las bacantes, de Eurípides
Las bacantes se considera la obra más destacada de este autor. Criterio subjetivo respecto de las otras 17 obras que nos han llegado de Eurípides. Alguien dijo que 18 tarros de cerveza, del mismo barril, y decidir que uno de esos es el mejor, es el campo donde se mueven los intereses intrínsecos de los críticos de literatura...
Jugar a las vencidas con las drogas es un juego perdido de antemano. Es la metáfora de esta obra de teatro de Eurípides. Desde la laicidad bien podría la ciencia médica sentenciar sin el menor temor a equivocarse. Eurípides lo profetiza desde la religiosidad de los dioses olímpicos.
Sea el dulce vino de uva o el tabaco de aromáticas volutas, a la postre serán tan mortales que la morfina, la cocaína, el éxtasis, la estopa con thiner, etc. Pero aun esto no es lo peor de la lección de Las bacantes. Eurípides alerta contra el morir sin morir. Morir por consumir la droga es lógico, mediático. Pero matar a otro semejante, por efecto de la droga, es estar condenado a morir sin morir. Aun sin intención, por mero accidente involuntario, no lo olvidará.
Eurípides es de Grecia. Nacimiento: Salamina, 480 a. C.Defunción: Pella, 406 a. C.Dramaturgo clásico de la Antigua Grecia. Está considerado, junto a Sófocles y Esquilo, como uno de los grandes poetas trágicos de la época clásica. Eurípides fue un destacado del conocimiento, lo que le supuso no pocas críticas entre sus contemporáneos. Por defender la tradición, al estado y a las leyes, proliferaron sus críticos que, dicen algunos pensadores, no pueden darse sin que exista una tradición bien cimentada como la que cantaba Eurípides. En otras palabras, una tradición bien cimentada producirá buenos críticos del sistema…
Obras de Eurípides:
Alcestis, Andrómaca, El Cíclope, Electra, Fenicias, Helena, Heracles, Hipólito, Hécuba, Ifigenia en Áulide, Ifigenia entre los Tauros, Ion, Las Bacantes, Los Heráclidas, Medea, Orestes, Suplicantes y Troyanas
El asunto de Las bacantes. Dionysos es el inventor del vino de la uva. Nació en la ciudad de Sardes. Nada tiene de raro que un dios nazca en algún pueblo. Jesús nació en Belem y Huitzilopochtli en Coatepec, estado de México, en el norte de la ciudad de México,en la falda oeste de la montaña El Chiquihuite. Por cierto ahora su bella piramide ha quedado copada por calles en las que no son raras las cantinas. Y en general un ambiente nada acorde con el lugar donde nació el númen titular del gran impero azteca...
Dionysos es promotor del vino y de las relaciones sexuales. Baco es el dios del vino y Afrodita la diosa del amor. Dionysos es el promotor, el activador de esas situaciones entre los humanos. Es el elón de la hidroquinona, diría un fotógrafo. Hijo de Semele y de Zeus. Tiene a las ménades, seres femeninos divinos estrechamente ligadas al vino, que a su vez cuentan entre las mortales con sus seguidoras religiosas llamadas “bacantes”. Una especie de borrachas y prostitutas sagradas. Dionysos establece su culto en Tebas. Sería, entre otras cosas, el dios preferido de Nietzsche. Unas veces desinhibidas, las bacantes cantan, bailan y llevan a cabo toda clase de acciones.
Penteo, rey de Tebas, se ha propuesto acabar con las bacantes por considerarlas un peligro de disolución social por sus prácticas tan relajadas. Exclama: “Cansado estoy ya de sufrir las locuras de estas mujeres”.
Dionysos decide acudir en defensa de sus bacantes. Para tal fin se ofrece llevar a Penteo al bosque del monte Citerón donde las bacantes acostumbras realizar sus bacanales. De esa manera le será fácil liquidarlas, le dice.
En otro momento Penteo cambia de táctica y se muestra dispuesto a dar mucho oro para que las mujeres sigan emborrachándose.
-¿Por qué es tan vehemente tu deseo?-pregunta Dionysos.
-Para observarlas agobiadas por el vicio con gran pesar suyo.
Cuando llegan al lugar Dionysos da la voz de alarma a las bacantes y la orden que lo maten. Así se hace. La primera que obedece es Agave, la madre de Penteo, que es del número de las bacantes y está ebria. Le arranca un brazo y las otras acaban de descuartizarlo. Sus restos los arrojan al barranco.
Cuando los efectos del vino han pasado, Agave, arrepentida, espantada de lo que ha hecho, debe cargar con el ineludible e insoportable dolor de vivir sin poder morir. Exclama: “No. ¡Que infortunada! Tengo en mis manos la cabeza de Penteo”.
Ante el horrible final (que ahora puede ser la muerte propia por borrachera, asesinato bajo los efectos del alcohol, un accidente mortal por manejar ebrio o un hígado cirrótico por la bebida), que pudieron las bacantes evitar a priori, Dionysos puntualiza sin misericordia para Agave y sus seguidoras: “Tarde lo conoces, no cuando debías”.
Jugar a las vencidas con las drogas es un juego perdido de antemano. Es la metáfora de esta obra de teatro de Eurípides. Desde la laicidad bien podría la ciencia médica sentenciar sin el menor temor a equivocarse. Eurípides lo profetiza desde la religiosidad de los dioses olímpicos.
Sea el dulce vino de uva o el tabaco de aromáticas volutas, a la postre serán tan mortales que la morfina, la cocaína, el éxtasis, la estopa con thiner, etc. Pero aun esto no es lo peor de la lección de Las bacantes. Eurípides alerta contra el morir sin morir. Morir por consumir la droga es lógico, mediático. Pero matar a otro semejante, por efecto de la droga, es estar condenado a morir sin morir. Aun sin intención, por mero accidente involuntario, no lo olvidará.
Eurípides es de Grecia. Nacimiento: Salamina, 480 a. C.Defunción: Pella, 406 a. C.Dramaturgo clásico de la Antigua Grecia. Está considerado, junto a Sófocles y Esquilo, como uno de los grandes poetas trágicos de la época clásica. Eurípides fue un destacado del conocimiento, lo que le supuso no pocas críticas entre sus contemporáneos. Por defender la tradición, al estado y a las leyes, proliferaron sus críticos que, dicen algunos pensadores, no pueden darse sin que exista una tradición bien cimentada como la que cantaba Eurípides. En otras palabras, una tradición bien cimentada producirá buenos críticos del sistema…
Obras de Eurípides:
Alcestis, Andrómaca, El Cíclope, Electra, Fenicias, Helena, Heracles, Hipólito, Hécuba, Ifigenia en Áulide, Ifigenia entre los Tauros, Ion, Las Bacantes, Los Heráclidas, Medea, Orestes, Suplicantes y Troyanas
El asunto de Las bacantes. Dionysos es el inventor del vino de la uva. Nació en la ciudad de Sardes. Nada tiene de raro que un dios nazca en algún pueblo. Jesús nació en Belem y Huitzilopochtli en Coatepec, estado de México, en el norte de la ciudad de México,en la falda oeste de la montaña El Chiquihuite. Por cierto ahora su bella piramide ha quedado copada por calles en las que no son raras las cantinas. Y en general un ambiente nada acorde con el lugar donde nació el númen titular del gran impero azteca...
Dionysos es promotor del vino y de las relaciones sexuales. Baco es el dios del vino y Afrodita la diosa del amor. Dionysos es el promotor, el activador de esas situaciones entre los humanos. Es el elón de la hidroquinona, diría un fotógrafo. Hijo de Semele y de Zeus. Tiene a las ménades, seres femeninos divinos estrechamente ligadas al vino, que a su vez cuentan entre las mortales con sus seguidoras religiosas llamadas “bacantes”. Una especie de borrachas y prostitutas sagradas. Dionysos establece su culto en Tebas. Sería, entre otras cosas, el dios preferido de Nietzsche. Unas veces desinhibidas, las bacantes cantan, bailan y llevan a cabo toda clase de acciones.
Penteo, rey de Tebas, se ha propuesto acabar con las bacantes por considerarlas un peligro de disolución social por sus prácticas tan relajadas. Exclama: “Cansado estoy ya de sufrir las locuras de estas mujeres”.
Dionysos decide acudir en defensa de sus bacantes. Para tal fin se ofrece llevar a Penteo al bosque del monte Citerón donde las bacantes acostumbras realizar sus bacanales. De esa manera le será fácil liquidarlas, le dice.
En otro momento Penteo cambia de táctica y se muestra dispuesto a dar mucho oro para que las mujeres sigan emborrachándose.
-¿Por qué es tan vehemente tu deseo?-pregunta Dionysos.
-Para observarlas agobiadas por el vicio con gran pesar suyo.
Cuando llegan al lugar Dionysos da la voz de alarma a las bacantes y la orden que lo maten. Así se hace. La primera que obedece es Agave, la madre de Penteo, que es del número de las bacantes y está ebria. Le arranca un brazo y las otras acaban de descuartizarlo. Sus restos los arrojan al barranco.
Cuando los efectos del vino han pasado, Agave, arrepentida, espantada de lo que ha hecho, debe cargar con el ineludible e insoportable dolor de vivir sin poder morir. Exclama: “No. ¡Que infortunada! Tengo en mis manos la cabeza de Penteo”.
Ante el horrible final (que ahora puede ser la muerte propia por borrachera, asesinato bajo los efectos del alcohol, un accidente mortal por manejar ebrio o un hígado cirrótico por la bebida), que pudieron las bacantes evitar a priori, Dionysos puntualiza sin misericordia para Agave y sus seguidoras: “Tarde lo conoces, no cuando debías”.
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Justificación de la página
La idea es escribir.
El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.
Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.
En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.
Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.
Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.
Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?
Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.
Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).
Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.
Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…
Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.
El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.
Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.
En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.
Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.
Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.
Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?
Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.
Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).
Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.
Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…
Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

















