WAHL, ¿ LOS ESCALADORES MUEREN?
Yo tenía varios amigos con los que escalaba. Ya murieron, ya no son. Unos murieron en la montaña y otros en su cama. Cuando vivían eran. Ahora son nada.

Aquí,  donde parece el final, es donde todo comienza para los filósofos: ¿Son nada? Se fue el orden mecánico pero quedó el orden vital.

¿La Nada es? Sujeto y verbo

Parménides fue el primer filosofo que tuvo la idea que el Ser y el pensamiento del Ser son la misma cosa. Juan lo diría igual en 1,1, con la Palabra.

Se trata de un concierto entre las teorías racionalista e idealista. Heráclito, del mismo tiempo que Parménides, decía que sólo existe el Devenir, lo que pasa, lo relativo. Negaba la Idea del Ser, del siempre presente pretérito. Dos teorías opuestas, una del reposo y la otra del movimiento.

Como si la Divinidad misma decidiera salir de su eterno presente y, entrando en el mecanicismo de la Naturaleza, de la fenomenología, incluido lo humano, decidiera hacerse presente en el mundo mediante el Devenir.

El Ser y el Devenir son lo inmutable y el movimiento. El hombre moderno se preguntaría para qué quiere un automóvil sin gasolina, o la pura gasolina sin automóvil. Ser y movimiento. Son, así, una unidad o dos “opuestos” que se complementan.

Heráclito negaba el Ser a cambio de sólo el Devenir, el eterno movimiento, lo sólo perecedero, el siempre cambiante. ¿Podemos imaginar un coche en movimiento  sin reposo alguno? O su contra tesis ¿un automóvil sin movimiento?

Las pirámides permanecen y “ven” pasar generaciones de humanos y situaciones perecederas.

En México hay N cantidad de sitios arqueológicos. Unos ya con acceso del  público y otros apenas en  exploración. Son los adoratorios del realismo mágico del que Novalis habla. Esa magia que va más allá de la gran yuxtaposición occidental que hacen el realismo y el idealismo.

Wahl coincide con Hegel  al decir que “somos lo que conocemos, pensamos y sentimos, que estamos vinculados a nuestra cultura, la historia y finalmente al mundo.”
Otros, como el caso de los místicos, luchan por liberarse de su ego.

Otros, la mayoría, se disolvieron en el relativismo escuchando y leyendo todos los días a los medios. Una existencia sin contenido de la existencia ya no es existencia, sólo permanencia relativa.

Una escalada ya nunca se olvida pues finca nuestra permanencia más allá del espacio y el tiempo: en el realismo mágico.

La Nada, esa Nada en blanco que nos imaginamos carente de todo, los filósofos la señalan como No-No- Nada. Esto porque  la No-Nada negaba la Nada y, por el contrario, afirmaba el Ser.

Como lo nuestro es lo dialectico, no lo abstracto, citamos a Wahl cuando dice: “ Finalmente debemos tomar en cuenta a aquellos que han negado el Ser, sea en el sentido de Protágoras y Nietzsche, reemplazando el Ser por el universal Devenir, o en el sentido de la Republica  de Platón y de la teología negativa, sustituyendo el Ser con algo inefable, que tiene tal plenitud de Ser, que no puede  expresarse y se acerca al No-Ser.”

Jean Wahl Introducción a  la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988.

En tanto  los filósofos se ponen de acuerdo (si esto llega a suceder alguna vez), levanto el tarro de cerveza para recordar a los escaladores  que murieron en su cama: Eduardo Manjarrez, Ubaldo Martínez, Heriberto Salazar, Manuel García, José Méndez. Manuel Ramírez (tuzo de Pachuca Hgo.) Escaladores de:

El Colmillo.  Explorador pionero de la norte de El  Abanico. La pared oeste de La  Torre Negra de Nexpayantla.  Las Inescalables (norte de la Cabeza de la Iztaccíhuatl). La norte de La Benito Ramírez (segunda escalada solitaria). El Obelisco de la región de los Frailes de Actopan), respectivamente.

¿Los filósofos se ponen de acuerdo? Los filósofos no están en una asamblea en la cual se vota y gana la mayoría. Sus modos de pensar, por fortuna, se suceden y son de tal modo que han enriquecido el pensamiento occidental. Como ejemplo escribe Wahl que:

“Así como la quiebra del pensamiento de la Edad Media había dado origen a la filosofía de Descartes, de igual modo podemos decir que la quiebra de la filosofía de Descartes, de sus secuaces e incluso de sus críticos, cuando se colocaron en el mismo plano del pensamiento, dio origen a la filosofía  de Kant. Pero de nuevo encontramos en la filosofía de Kant, ciertas presuposiciones no garantizadas.”…

Una ascensión a la montaña es la metáfora de la  vida por excelencia.Es la práctica,o el arte,de ir resolviendo obstáculos.Al menos  de intentarlo decididamente y  de buena fe según nuestras fuerzas y nuestra situación en el universo.

Es lo que hicieron todos ellos.Y eso bien merece un  trago de cerveza.

Estoy sentado a la mesa de una cervecería, del centro de la Ciudad de México, hablando solo, en voz alta, con los muertos. Nadie se da cuenta. Es  la época del celular en la que tres cuartas partes del mundo hablan solas por las calles, en el trasporte público y en la tienda de autoservicio.

Para los otros llevo una rosa de las nieves en cada aniversario. No al cementerio sino al lugar del accidente. Eulalio Rivera (norte de La Rosendo de la Peña. Benito Ramírez (El Colmillo, de Actopan, Hgo.).Juan Medina (Rampa de Oñate, oeste del Pecho de la Iztaccíhuatl. Juan José Oñate (Rampa de Oñate, oeste del Pecho de la Iztaccíhuatl).

Les platico en voz alta de las nuevas escaladas que se han abierto o de las que están en la perspectiva de ser abordadas, por nosotros o por  otros.

Cuando las luces se encienden en  el valle desciendo entre la noche.

Otras veces la niebla o la tormenta lo cubren todo y me apresuro a levantar mi tienda al final del día.

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Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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