CRONIN, LAS LLAVES DEL REINO-novela


 

Prefigura la novela Las llaves del Reino, la vida de la Iglesia Católica en sus ámbitos espirituales y del mundo.

Y de un mundo en conflicto, en el cual, con frecuencia, la Iglesia es “la carne del sándwich”.

Sucedió   cuando los cristianos franceses entraron en guerra contra los cristianos ingleses del tiempo de Juana de Arco. Así va suceder cuando estalle la Segunda Guerra Mundial.

Una novela (vamos a llamarla dialéctica) que hace pensar en la historia accidentada de la Iglesia. Llevando modos trascendentales de vida hacia afuera y, a la vez, siendo parte del “siglo”.

El texto va describiendo la vida del padre Francisco Chisholm que se afana por llevar aliento a los precarizados, a  los que ya nadie quiere mirar, por su pobreza o por su maldad. O por su culpabilidad en haber provocado tal pobreza.

(Hacemos punto y  aparte de  los ricos que promueven la ética en sus negocios).

Contrariado una veces en su labor evangelizadora por la estructura jerarquizada, y en otras sacado del atolladero por esa misma jerarquía.

El padre Francisco ve lo que tiene enfrente y no puede lograr una visión de satélite, panorámica, como sus superiores que deben velar por su Iglesia frente a los poderes del mundo.

No es historiador de la Iglesia o de temas religiosos, sólo es un sacerdote que busca y rebusca rescatar entre los basureros de la sociedad humana.

Tiene que descubrir el padre Francisco que, entre la estructura jerarquizada de la Iglesia, y los sacerdotes que bregan en los arrabales,  es un mundo fractal en diferentes ámbitos.

Igual que un soldado raso lucha por la misma causa que su general, de alto rango, pero en diferentes escenarios.

El padre Francisco no es más que un sacerdote anodino que, debido a su vocación evangelizadora inquebrantable, se le dice, es enviado a un pueblo perdido de China a llevar la palabra y el modo de vivir de Jesucristo.

Si bien, en ocasiones se siente como esos personajes, de la política, que son enviados de embajadores a países lejanos para no tenerlos cerca.

El padre Francisco debe empezar desde cero en suelo asiático. Para ser exactos, debe empezar desde antes de  cero.

Como el presidente de un país encuentra la podredumbre, que le dejó su antecesor, y debe barrer antes de empezar a desarrollar sus planes positivos para la nación.

El sacerdote católico que le antecedió, en su remoto pueblo chino, construyó un somero templo y además en un lugar tan inadecuado que para  cuando llegó  el padre Francisco el vendaval ya lo había destruido.

Lo peor, de alguna manera pagaba, compraba, voluntades chinas, para que se convirtieran al cristianismo. Con el resultado que esos mismos “católicos”, cuando el padre Francisco ya no les pagó, fueron los primeros y más fanáticos enemigos de la Iglesia.

Igual que un indigente que vive en la calle, él tiene que pasar sus primeros días en las ruinas del “templo” teniendo como paredes unas cobijas que había llevado  consigo desde Inglaterra.

Desolado y algo enfermo, entre la gente más pobre de aquella localidad, el padre Francisco cree firmemente que el Espíritu Santo le dará la necesaria fuerza para, desde la nada, sacar adelante la misión que sus superiores le han encomendado.

 Desde sus días de seminarista y miembro de una familia con serios problemas, y luego su trato incómodo con superiores de la categoría jerárquica, anquilosados, que ven sus parroquias como su coto de caza, y celosos de la sangre innovadora de los sacerdotes jóvenes, y cuentan las monedas en lugar de buscar a los pobres, el padre Francisco lucha por fortalecer su fe.

 En China se abre paso, no obstante, sostenido siempre por amor evangélico hacia la humanidad entera, en especial por esa gente que ha sido hipostasiada, vejada hasta la miseria, por los poderes materialistas.

Dos o tres inmensos fraudes al erario público, cada medio año, confirman que no hay país pobre sobre la faz de este planeta. Lo que hay son grandes multitudes de personas a las que ya no les llegan los beneficios del  siempre ordeñado erario público.

 Mal nutridos, enfermos, en busca de trabajo, comida, escuela y cultura, vagando de un país a otro o de un continente a otro, esas masas miserables  son las que el padre Francisco busca para tratar de consolar.

Sobre esta lastimosa realidad el padre Francisco construye, aledaño a su modesta iglesia que con el tiempo por fin logra levantar, un local  para niños pobres  y abandonados.

Para tal efecto solicita a sus lejanos superiores que envíen tres religiosas, las que, en efecto, cuidarán a los niños.

Tres religiosas católicas que durante años trabajarán muy unidas auxiliando a los niños, cuidándolos, dándoles amor y de comer, animándolos y proporcionándoles instrucción escolar y religiosa.

Pero cuando a la remota provincia china de Pai-tan llegaron las noticias que Alemania había invadido Bélgica y Francia, las tres santas religiosas entraron en guerra abierta entre sí.

Una es de nacionalidad belga, la otra francesa y la madre superiora alemana. Aquellas dos se unieron contra ésta.

Fuera de sí, y buscando las palabras más hirientes, y abofeteando en seguida el rostro  de la madre superiora, una de ellas le gritó: “Son unos barbaros, brutos. Asesinos de mujeres y criaturas…Los aliados ganarán la guerra y habrá justicia”, haciendo énfasis en la palabra unos.

A lo que la madre superiora respondió, lo más tranquila que le fue posible: “El ejecito alemán está formado por caballeros. Alemania y Austria nunca tuvieron justicia. Alemania debe tener su sitio bajo el sol.”

“El padre Francisco Chisholm podía ver los tres rostros en fila, beatíficamente dirigidos a lo alto, rogando por victorias opuestas.”

Con eso Cronin expone la idea que soy internacionalista mientras no toquen a mi nación. 

Jasper: “Lo importante no es la historia universal, que no está en manos de nadie, sino la historicidad de este momento; aquello que me  transforma  realmente, lo que encuentro, lo que amo, qué tareas concretas cumplo en mi profesión, qué imagen del hombre subyuga a mi espíritu, en qué horizonte de la comunidad humana vivo yo, a qué pueblo y a qué patria pertenezco, y cómo, en fin, a través de todo ello, percibo el ser, cómo mi relación con la trascendencia, con la eternidad.”
 

Más profética resulta esta novela cuando Cronin describe el momento en que las monjitas, luego de elevar sus plegarias, pidiendo el triunfo para sus respectivos ejércitos:

 “Cuando las tres  desfilaron saliendo del cuarto, Francisco advirtió que no se habían reconciliado. De repente sintió un escalofrío; un temor indescriptible se apoderó de él. Por un momento tuvo la  extraña sensación de que el tiempo quedaba suspendido fatídicamente, a la expectativa de lo que pudiera ocurrir.”

Y lo que ocurrió fue la Segunda Guerra Mundial.

La madre superiora siente desde el primer día una animadversión hacia el padre Fráncisco y esa es otra lucha que debe librar el sacerdote consigo mismo.

El doctor Tulloch, viejo amigo del padre Francisco de su lejana ciudad inglesa de Tynecastle, acude a su llamado cuando en la localidad china se desata una epidemia de fiebre que deja varios centenares de muertos. El mismo doctor cae enfermo y muere. Se mantiene ateo hasta en sus últimos momentos de vida.

En efecto, el doctor Tulloch muere en los brazos del sacerdote y, con inmensa dulzura, le dice al padre Francisco, su gran amigo, que no se haga ilusiones de último momento, sostiene hasta el final que no cree en Dios. El padre sólo le dice:

“Él cree en ti”

La madre superiora le reprocha al padre el haber tratado a un librepensador. Más, cuando se entera de la añeja amistad que había en los dos. Sigue un corto dialogo desabrido entre monja y sacerdote:

“Hija mía-dice el padre-los contemporáneos de Nuestro Señor lo tomaron por un peligroso librepensador…y por eso lo mataron.”

De seguro Dios no lo perdonará, dice ella, no obstante la labor valiosa que el doctor prestó al dispensario, cuando la fiebre, y salvó a muchas personas adultas y niños. “Pensaba como ateo”.

Dios no juzga por los pensamientos, sino por las obras, le dice el padre: “Dios no juzga por lo que creemos sino por lo que hacemos.”

Convencidas estas buenas monjitas que sirven a la verdad universal del espíritu, un día descubren que, tal vez, el terruño de este planeta está primero  que la patria celestial, al grado que una de ellas, para burlarse de la madre superiora, le canta en plena cara:

Allons, enfants de la patrie

Carl Jasper en su libro Nietzsche y el cristianismo, se refiere a estos dos ángulos complejos de la Iglesia Católica, tan complejos que el mismo Nietzsche con frecuencia pierde el piso y anida sentimientos encontrados de abierta crítica condenatoria a la vez que otros de franca apología.

Jasper: “del cristianismo considerado como fenómenos histórico de una enorme importancia, no es posible poseer un conocimiento total. Si semejante conocimiento actúa exteriormente al cristianismo, ignora las fuerzas existenciales que le hacen vivir interiormente, y no puede más que acumular las derivaciones psicológicas, las trasposiciones, los elementos superficiales y aparentes; por otra parte, si procede de lo interior, y el que conoce es entonces un hombre de vida y  de fe cristiana, no puede tratarse sino de un conocimiento en el englobarte (algo así como Dios) que retiene ciertos aspectos provisionalmente  fijados de algo que se le escapa. Como consecuencia de la corrupción que resulta de una idea falsa de la realidad histórica, desde hace un siglo y medio siempre que se hace  la historia de la cultura, se pretende conocer como cosa objetiva esa realidad que sólo es por su existencia en la unidad del ser y del saber. Y así, igualmente, hablamos de la esencia del cristianismo, sin observar que nos extraviamos en vagas generalidades, o que sólo percibimos detalles concretos que no tiene ya en sí mismos nada de esencial.”

El padre Francisco no es el padre de la Iglesia brillante trascendental pensador, como San Agustín. Es, como el otro Francisco, pobre y su único apostolado es llevar, con obras, el amor a los necesitados.

Jamás tendrá el padre Francisco sobre su cabeza el solideo de obispo. No tenía pasta para ello. Su radio de acción dentro de la Iglesia es anodina, sencilla, batalladora. No gusta de alejarse de la playa donde enseñaba Jesús. El mar encrespado es para los teólogos. Él se siente más cómodo lavando los pies cansados del migrante. 

El ecumenismo religioso tiene su lugar en la novela. Escrita por Arnoldo José Cronin, en el siglo pasado, fue visionaria ya que todavía en siglo veintiuno, en algunos medios electrónicos y de la prensa escrita, sigue echándose gasolina a la yesca para seguir provocar incendios religiosos.

En otras iglesias no pasa nada, como si fueran habitadas por noúmenos y no por humanos falibles. Son herméticas, tienen sus puertas bien atrancadas a las miradas del exterior. La Iglesia Católica, en cambio, muestra sus puertas abiertas al mundo desde hace veinte siglos. Se le conocen sus abundantes errores y sus abundantes  virtudes.

Después de todo, algunos, o muchos, de los que cruzan sus puertas, son lo peor de la humanidad que va en buscas de redención. No es la Iglesia para sólo los puros, es, sobre todo, para que los perdidos encuentren en ella  su camino.

Un día llegaron a Pai-Tan los protestantes.  Cargados con toneladas de dólares y en poco tiempo levantaron un soberbio edifico para su Misión Metodista, como el padre Francisco con sus veinte años en el lugar no pudo lograr ni de lejos.

Cuando alguna vez se atrevió a pedir ayuda a su diócesis de Tynecastle, para ensanchar su misión, el diligente Anselmo Mealey le respondió que no era posible: "En Europa estamos en guerra,  tú no"
 

El mandarín de la localidad, para entonces ya muy amigo del padre Francisco, le dio a entender que una sola palabra suya y el protestantismo no se volverían asomar nunca en Pai-tan. Tienen todo el derecho del mundo como cualquiera, le respondió el padre Francisco.

Debido a la temprana visita amistosa que el padre Francisco hizo a la casa del matrimonio Fiske, para darle la bienvenida a Pai-Tan, y desearles toda clase de bienestar, los católicos y los metodistas de la localidad no protagonizaron la salvaje carnicería humana que sí había tenido lugar en la historia de las religiones.

No eran incautos, los ministros católico y metodista, ni se chupaban el dedo, respecto el terreno que ambos  pisaban. Cuando hubieron convivido, y logrado el suficiente grado de confianza, comentaron cosas que en sus respectivos campos habían escuchado o leído.

El ministro-doctor Fiske, de la Misión Metodista, recodó de alguien: “El mayor mal de la actualidad es el crecimiento de la Iglesia Católica gracias a las intrigas diabólicas y nefandas de sus sacerdotes.”

En otra ocasión el padre Francisco le citó algo (con lo cual él no estaba de acuerdo) que había leído de un eminente teólogo católico. “El protestantismo es un sistema inmoral, que blasfema de Dios, degrada al hombre y pone en peligro a la sociedad.”

Ambos se encogieron de hombros y siguieron reuniéndose para  tomar el té y continuar con sus "amigables desavenencias."

Fue posible porque, algo que le reprochaban al padre Francisco, algunos de sus superiores de la lejana Tynecastle, era esa especie de “contaminación asiática” que se le había pegado hasta en la sotana, al grado de decir:

“Nadie que proceda de buena fe  puede perderse. Nadie. Ni los budistas, ni los mahometanos ni los taoístas…ni los más feroces caníbales que devoran alguna vez a un misionero…si son sinceros, de acuerdo con su leal entender, se salvarán.”

En otras épocas el padre Francisco no se hubiera salvado de católicos, ni de protestantes, por la mitad de esas palabras.

Cronin pudo ver a la distancia la historia y anticipó en su novela la tragedia de los desplazados que, debido a los conflictos caseros o a los externos, deben tocar las puertas de todos los continentes (este día, 3 de octubre de 2017, el gobierno de México ha declarado puertas abiertas para todo venezolano-a que vengan huyendo de la dictadura de su país).

Los dos cabecillas que se disputan el control de Pai-Tan, empiezan a dispararse  cañonazos uno contra otro, y la misión católica está a medio camino de ambos bandos de guerra.

El padre Francisco ordena a José, su ayudante, que abra los portones para que los desplazados entren y pueden encontrar refugio en su interior: “Por ellos entraba en caravana su feligresía cargada con sus efectos: jóvenes y viejos, pobres seres humildes y analfabetos, asustados, ansiosos de ponerse  a salvo, la esencia misma de la humanidad doliente.”

José apuraba a la gente y quería cerrar ya los portones. El padre Francisco le puso la mano en el hombro al tiempo que le decía: “Recién cuando estén todos adentro, José.”

La novela contempla la disyuntiva en la que la Iglesia Católica se ha visto, no pocas veces,  a través de su historia: cruzarse de brazos y perecer o colgar el rosario y actuar.

El sanguinario Wai amenazó con destruir el templo, el orfanatorio, llevarse a las mujeres que se habían refugiado en la misión, y fusilar a los heridos de la guerra, sino le entregaba un tributo tan exagerado en comida y dinero que el padre no tenía.

Fue cuando el padre Francisco se olvidó del espíritu de paz y fraternidad que venía enseñando desde sus años de seminarista. Se decidió, tomó partido en la guerra y comunicó al otro bando cómo acabar con el arma poderosa conque Wai dominaba la guerra hasta ese momento.

Así lo llevaron a cabo y la misión y sus niños quedaron  libres del peligro cuando Wai y sus huestes se retiraron derrotados.

De todos modos: “una mezcla caótica de triunfo y remordimiento, un implacable  y cargante asombro de cómo él, un ministro de Dios, había  podido levantar la mano para matar a sus semejantes. Apenas podía hallar una justificación para  sí mismo en la salvación de su  pueblo.”

 No había sido tan diferente el padre Francisco  que las monjitas que veían por sus respectivos pueblos.

Anselmo Mealey, su amigo desde la infancia y compañero del seminario, ahora convertido en  canónigo, brillante príncipe de la Iglesia, obispo fuerte, diligente, para enfrentar en lo corredores de palacio los asuntos del mundo, es el encargado de comunicarle de su retiro por edad.

El padre Francisco regresa a Inglaterra. Anciano, pobre y  casi desconocido, por su prolongada estancia en China.

Una de las últimas escenas de esta novela es para reiterar su vocación ecuménica. 

Uno de sus superiores, Monseñor Sleeth, está encargado de rendir un informe de la labor desempeñada por el padre Francisco en China, para que su obispo le otorgue, o no, una parroquia que tanto necesita para seguir con su labor evangelizadora, pero ahora ya en suelo ingles.

 Lo encuentra un tanto incómodo, viejo y con ideas que, a su parecer, no van tanto con el espíritu de los Evangelios.

-Usted parece tener poca consideración por la Santa Iglesia Católica-le refriega en la cara.

Padre Francisco: " La Iglesia es nuestra gran Madre, que nos conduce por el camino...como a una partida de peregrinos, a través de la noche. Pero hay quizá otras madres. Y quizá haya también algunos pobres peregrinos solitarios que encuentran solos su camino, a los tropezones."



 

CRONIN
“Archibald Joseph Cronin fue un novelista y médico escocés, autor de La ciudadela, y Las llaves del reino, ambas novelas convertidas en películas, y nominadas al premio Oscar. Fecha de nacimiento: 19 de julio de 1896, Cardross, Argyll, Reino Unido Fallecimiento: 6 de enero de 1981, Montreux, Suiza.” WIKIPEDIA

CRONIN, EL MILAGRO DE LA VIRGEN DEL POZO-novela


 

Fue un fiasco la aparición de la Virgen del Pozo.

Empezó de la manera más sencilla, cuando una muchacha, Carlota Neily, vio brotar un manantial en unas rocas que siempre habían estado secas. Y creyó ver una figura femenina, bella, en vuelta en un manto azul.

Lo comunicó a la parroquia y el Deán Fitzgerald y otro sacerdote, de nombre Anselmo, conocieron personalmente el lugar. Bebieron del agua cristalina y la encontraron deliciosa.

De inmediato los dos sacerdotes echaron a volar la imaginación. Pensaron en el milagro de Lourdes y los miles y más miles de creyentes, y no creyentes, que van a visitar cada año el santuario francés.

No dudaron que así pasaría con el Pozo de la Virgen. No se pusieron a rezar, y dar gracias al cielo, sino a echar cuentas alegres.

Para tal efecto empezaron a hacer planes de construir un gran templo. Vendría mucha gente, florecería el comercio en las calles y, el Deán, con toda seguridad, escalaría en la jerarquía católica. De la misma manera Anselmo, el otro sacerdote, sería tomado en cuenta a la hora de los nuevos nombramientos.

Hasta se entró en pláticas y se firmaron contratos con compañías constructoras. Se dio parte a los medios y estos incrementaron sus ventas con la noticia de un nuevo milagro.

Francisco Chisholm, otro sacerdote, y personaje central de la novela Las llaves del Reino, muy entregado a las labores de su parroquia, en favor de la gente de los barrios precaristas del distrito aquel, era, no obstante, anodino, casi ignorado.

 No era bien visto por la jerarquía. Estaba contra los sermones, o desgloses del Evangelio, en la misa, acartonados, en los que menudean lugares comunes. En reciprocidad, a sus explicaciones del Evangelio, que hablan de las necesidades inmediatas de la gente, lo reprobaban de tajo.

Como sacerdote, Francisco creía en que los milagros se pueden dar, pero en este caso era escéptico. Visitó el lugar, recabó datos y supo que el agua venía de una fuente situada un poco a la distancia y en el nivel más alto. Casi sin proponérselo, visitó la casa de Carlota Neily, la muchacha que había vivido la revelación.

Transfigurada, postrada, tenía una semana sin probar alimento y, no obstante, presentaba el aspecto de esa gente que ha sido tocada por el cielo y su alimento ahora era espiritual.

Poco a poco su casa se iba convirtiendo en una especie de santuario. En la calle grupos de católicos se hincaban y rezaban.

 El padre Francisco Chisholm fue a visitar a la familia con la intención de conocer los detalles y, llegado el caso, estar cerca del milagro.

Se disponía a tocar la puerta y algo llamó su atención. Se asomó por la  ventana y vio a la muchacha, supuestamente favorecida por el cielo, dándose un festín de platos de sabrosa comida y un buen vaso de cerveza. Así lo hacía por las noches cuando la gente terminaba de rezar y se retiraba.

El padre Chisholm penetró en la casa y quiso saber detalles de toda la historia. Descubiertas, la muchacha y su madre, en efecto había creído en el milagro del Pozo. A los pocos días ellas mismas se percataron que había sido precipitado su juicio y todo lo imaginado se esfumó.

Pero ya para entonces el asunto  estaba bajo los reflectores y la presión que sentían las dos mujeres era fuerte y no encontraron otra manera más que seguir.

Estaban arrepentidas y el padre Francisco les aconsejó que revelaran la verdad al Deán. Así lo hicieron y ahí acabó todo.

El párroco sufrió una fuerte desilusión y tuvo que despedirse de sus ascensos dentro de la jerarquía de la Iglesia, lo mismo el padre Anselmo.

Entretanto el padre Francisco seguía atareado en su trabajo parroquial cerca de la gente pobre de esas sucias localidades mineras.

En una de las casas miserables había un muchacho, Owen Warren, que padecía una severa enfermedad en una pierna. El  médico, laico, y no obstante, conocía y estimaba al padre Francisco.

Le comunicó que, pese al tratamiento que le aplicaba, el caso no tenía solución y, le dijo, el desafortunado desenlace está próximo.

Esa mañana el padre Francisco recibió una llamada de urgencia para que acudiera a la casa del pobre  Owen.

El fin ha llegado, pensó y salió corriendo con apenas tiempo para agarrar lo necesario para aplicar la extremaunción, como antes se decía, a la asistencia espiritual a los moribundos.

Estaba el medico consternado y la madre de Owen lloraba. Pase, le dijo el médico y la madre lo condujo al cuarto del moribundo.

Transcurrió un rato para que el padre Francisco pudiera reaccionar ante lo que vio.

Owen estaba sentado y completamente sano de la pierna. No lo entiendo, dijo el médico, anoche estaba en tan malas condiciones que no tenía caso ya ni siquiera amputarle la pierna.

La madre, que seguía llorando, pero ahora el padre Francisco entendió que eran lágrimas de felicidad, dijo que Owen, en su desesperación, quería ir al Pozo de la Virgen, y meter en sus aguas la pierna. Estaba plenamente convencido que eso bastaría para sanar.

Owen no sabía que todo aquel alboroto, en torno del Pozo, ya hasta se había olvidado en la mente del pueblo.

Así fue como a la maña siguiente amaneció sano por completo. A tal punto se sentía bien que pidió al padre Francisco no lo descartara para integrarse al equipo de deporte que el religioso dirigía.

Los planes utilitaristas de la jerarquía católica de aquel distrito, se habían venido abajo. En cambio había funcionado ante la realidad de una fe intensa, humilde y sincera de parte de Owen.

Owen ni siquiera fue al Pozo de la Virgen. Sólo creyó.

El medico hablaba ya de intensos procesos psicosomáticos, dada la angustia del muchacho enfermo, etc.

El padre Francisco, entretanto, se decía:

 “la fe en sí mismo es un milagro. Las aguas del Jordán, de Lourdes, el Pozo de la Virgen, ¿qué importan en absoluto? Cualquier charco fangoso basta,                                                      siempre que sea el espejo del rostro de Dios.”

Cronin

"Archibald Joseph Cronin fue un novelista y médico escocés, autor de La ciudadela, y Las llaves del reino, ambas novelas convertidas en películas, y nominadas al premio Oscar. Fecha de nacimiento: 19 de julio de 1896, Cardross, Argyll, Reino Unido Fallecimiento: 6 de enero de 1981, Montreux, Suiza." WIKIPEDIA





 

CHESTERTON, EL DÍA QUE STO.TOMÁS DESCUBRIÓ A ARISTÓTELES


 

La jerarquía eclesiástica se había alejado del pueblo y lo que hizo la revolución franciscana fue recordar la caridad dentro de un contexto de humildad.

La segunda revolución dentro de la Iglesia fue cuando Santo Tomás de Aquino descubrió a Aristóteles, como espíritu equilibrado, muy afín a las enseñanzas del cristianismo.

Los dos personajes van a dirigir sus esfuerzos en volver a una Iglesia de convicción, no sólo de tradición.

Atorarse en lo inmediato, en lo que Kierkegaard llama el “tiempo”, es lo que provoca que el cielo envié a sus criaturas a recordar que se persigue la eternidad:

“La desdicha de nuestro tiempo es justamente ésta, que se ha convertido simplemente en nada más que tiempo, lo temporal, que no tolera oír hablar de eternidad.”

Sören Kierkegaard, Mi punto de vista.

Jesucristo para con su Iglesia es el padre amoroso,  tan amoroso sin límite que murió por su salvación. Pero también el padre que aplica correcciones a sus hijos cuando ve que estos se empiezan a apoltronar.

En la familia humana el padre que no corrige a su hijo, o hija, se encontrará que la sociedad tiene mecanismos, o instancias, nada deseables para corregirlos.

Así Jesucristo hace con su Iglesia. Al interior le hace saber su protección con las presencias amorosas de Constantino, Santa Teresa de Jesús, la Virgen de Fátima, La Virgen de Guadalupe de México…

Los correctivos que le aplica, todavía desde dentro, nada cómodos para la jerarquía, es  San Francisco, Santo Tomás de Aquino…

Con Santo Tomás, que sería de la orden de Predicadores, el cielo “no perdió tiempo”. Otros Padres (o Madres) de la Iglesia sienten su conversión ya adultos. Tomás, de familia noble, fue internado para su educación a los cinco años de edad en la abadía de Montecasino y siguió su formación en la Universidad de Nápoles Federico II.

Santo Tomas nació un año antes que falleciera  San Francisco (1226).Éste revivió en la Iglesia  el amor sencillo y humilde entre los humanos desde Cristo. Santo Tomas agarró la pluma para la filosofía desde la teología. Con su monumental obra dejó claro que, como dice Copleston:

”La fe descansa en la experiencia interna, no en pruebas teoréticas.”

 Frederick Copleston, Historia de la filosofía, Vol.3

“Yo estere’ con ustedes todos los días, hasta la consumación de los siglos”. Para protegerlos pero, también hay que aceptarlo, según las evidencias históricas, para corregirlos.

 Un modo más drástico de corregir a su Iglesia   es desde fuera, pero todavía en el campo religioso, a través de los movimientos cismáticos, como Lutero, Calvino…

No son pocos los intelectuales que consideran que estos destacados sabios  personajes, de la disidencia, no son enviados por el diablo, según comúnmente se cree, sino por el Espíritu Santo para obligar a su Iglesia ejecute otro golpe de timón.

"La Reforma nos dio  una Iglesia Católica de mejor conducta", dice uno de los personajes de A. J. Cronin en su novela Las llaves del Reino

Los concilios vaticanos tienen el timón que van sorteando las aguas, según se encrespen, siempre desde la Escrituras.

El último modo, y en ocasiones el primero,   ya no está al alcance del razonamiento lógico comprenderlo y es el martirologio…

Aristóteles no pudo hacer sabio a su discípulo Alejandro que, al decir de Cicerón, en lo que toca a tratos con los pueblos, fue “muchas veces el peor de todos los hombres.”

Pero si encontró Santo Tomas la llave para abrir occidente a Aristóteles por medio del cristianismo.

Platón era desde siempre el filósofo por excelencia de occidente.  Aristóteles (y a varios pensadores contemporáneos de él) se le tenía desconfianza porque fueran a ser el Caballo de Troya por el que si infiltraran los pueblos árabes, con el Corán bajo el brazo, según la historia que hasta entonces había vivido Europa con el Cercano Oriente.

No debe verse en esta observación ninguna metáfora que sea aplicada a los tiempos del siglo veintiuno toda vez que el contexto geopolítico es diferente.

Lo que llevó a cabo Santo Tomas fue hacer más accesible el aporte filosófico de Platón con el que se había fundido el cristianismo.

Después de todo Platón, el de filosofía perenne, es el filósofo por excelencia porque su pensamiento contiene tesis y contra tesis.

La Iglesia lo aceptaba, por todo su aporte de valores espirituales, y  aprendía a razonar el modo laico con él. Pero también lo veía con precaución por su razonamiento de los valores materiales.

Para el modo ecléctico de occidente, entre materia y espíritu, es muy deseable esa dualidad, pero a la sazón la Iglesia todavía era reticente para aceptar el paquete completo.

Y ese es el mérito de Santo Tomas de Aquino y, justo es decirlo, de varios pensadores destacados más, como San Alberto el Grande, San Buenaventura…

Estatua de Santo Tomás de Aquino
ubicada en Santiago de Chile
Santo Tomas confiesa que no encontraba la manera de hacerlo hasta que halló a Aristóteles:

“Era verdad, generalmente hablando, que por algún tiempo había sido (el cristianismo) demasiado platónico para que pudiera ser popular. Necesitaba algo semejante al sagaz y casero trato de Aristóteles para que volviese a ser la religión del sentido común.”

Para lo occidental nunca se suspendió la tradición filosófica desde Platón:

Chesterton: “Primeramente se ha de recordar que la influencia griega continuó fluyendo desde el Imperio griego, o al menos desde el centro del Imperio romano, que se hallaba en el centro de la ciudad griega de Bizancio y Roma.”

Sólo parecieron haberse debilitado al tener lugar algunos acontecimientos históricos como la caída de Roma, el triunfo de Atila y las invasiones barbarás:

“Más la caída del Imperio, la Edad Obscura y los comienzos de la Edad Media, aunque muy tentados a olvidar lo que se oponía a la filosofía platónica, nunca olvidaron la filosofía. En ese sentido, Santo Tomás, igual que otros muchos hombres originales, tiene una genealogía larga y clara. Él mismo remite al lector a las autoridades de San Agustín, a San Anselmo, y éste a San Alberto, e incluso cuando él difiere, es deferente.”

Se necesitaron mil años de fina filosofía de Platón para que pudiera darse un cambio.

 Ya para el tiempo de Santo Tomás no era aquel grupito de filósofos de la Stoa, o de las academias de la antigüedad, que podía pasear hablando dialécticamente en derredor de un jardín, como los peripatéticos.

 Para el siglo trece de Santo Tomás, filosofías y cristianismo tenían que vérselas, en el terreno de la educación religiosa y laica, con millones y más millones del valle llamado Europa.

Eran masas que buscaban comida lo mejor que podían en lo inmediato. Las cuestiones espirituales habían  quedad como en un lejano trasfondo.

El encuentro con Aristóteles, por parte de Santo Tomás, fue su alto contenido de religiosidad:

“Lo que hizo a la resolución aristotélica realmente revolucionaria fue el hecho  que era profundamente religiosa.”

Coplestón observa que todo reino, Imperio o república, tarde  o temprano declina. Es la pasta humana que se va por otros derroteros, no siempre adecuados para la sana vida de los pueblos.

“La aristocracia puede degenerar como cualquiera otra forma de gobierno. En realidad la tendencia hacia la degeneración es natural e inevitable en todas las formas de constitución. El cuerpo político, al igual que el cuerpo humano, empieza a morir desde el día que nace…hasta el estado mejor constituido terminará un día, y aunque sea más longevo que otros, morirá igual que mueren los cuerpos humanos sanos y robustos…”

Lo humano de la Iglesia no ha sido la excepción. Y es aquí donde, también, se cumplen las palabras “Yo estaré con ustedes…”

Esta decadencia de la Iglesia la ilustra muy bien Cronin al describir (obra citada) la insensibilidad que la feligresía católica, del pueblo de Shalesley, vivía dada la conducta indolente, agresiva, materialista y de una tradición fosilizada , de su cura párroco, el padre Kezer: " La parroquia entera parecía sumida en la apatía, indiferente, estancada."

Fueron-dice Chesterton-   como dos jalones de orejas que se llamarón Francisco y Tomás para rescatar a su Iglesia de la decrepitud en la que iba descendiendo:

“Santo Tomás, enteramente igual que San Francisco, sintió en la subconsciencia  que su gente iba abandonando  la sólida doctrina y la disciplina  católica, suavizada por más de mil años de rutina, y que le fe necesitaba ser mostrada bajo una nueva luz y presentada desde otro ángulo.”

Fue ardua la lucha que Santo Tomás tuvo  librar al interior de la Iglesia y estuvo en un tris de ser puesto su nombre en el Índice.

Pero el cielo no lo iba abandonar y su pensamiento fue, y es, con todas las incongruencias humanas que se le puedan señalar a sus escritos, la filosofía que trasciende,  en lo laico y en lo religioso.

En la encíclica de León XIII, dice Copleston, se experimenta un relanzamiento del tomismo “En ella afirma el papa el valor permanente del tomismo y animaba a los filósofos católicos a buscar su inspiración en él. Se les urgía, al mismo tiempo, a desarrollarlo para salir al encuentro de las necesidades modernas.”

El imperativo categórico  de León XIII no cayó en el vacío.

En su obra La filosofía actual, I.M.Bochenski, Fondo de Cultura Económica, México, 2002) anota, Cap. VII:

“La escuela tomista, que sigue desarrollando las tesis fundamentales de Santo Tomás de Aquino, representa uno de los movimientos filosóficos más importantes de la actualidad….ningún otro grupo filosófico parece disponer de tantos pensadores y de tantos centros de estudio.”
G. K. Chesterton, Santo Tomás de Aquino, Espasa- Calpe, colección austral, Argentina S.A. 1942.

 
Chesterton

“Gilbert Keith Chesterton ['gɪlbət ki:θ 'ʧestətən] (Londres, 29 de mayo de 1874 - Beaconsfield, 14 de junio de 1936), escritor británico de inicios del siglo XX. Cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes.” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BALMES, LECTURA


 

Balmes recomienda atención para la lectura, y otras actividades, o de lo contrario tendremos una apreciación pobre del texto.

El resultado puede ser una conducta errática o bien una congruente, como apunta Montaigne que el mejor libro es el individuo mismo. Puede traer en la cabeza una biblioteca completa o estar ayuno de toda lectura.

Aun el mejor actor profesional tarde o temprano se portará tal cual él es. Y entonces enseñará el cobre o el diamante o ya siquiera una buena aleación.

 “todo lo que a nuestros ojos se presenta resulta libro suficiente”.

Ensayos

Lo reafirma Kierkegaard: “la profesión de un escritor es, y debe ser, una vocación seria que implica un modo adecuado de existencia personal.”

Sören Kierkegaard, Mi punto de vista,

Había congruencia en el modo de escribir y la manera de vivir. De lo que sabemos eso ha cambiado. Conozco a varios periodistas que escriben, cuartillas enteras, advirtiendo de los males que es el fumar, y ellos fuman el contenido de una cajetilla al día...

La actividad del periodismo requiere mucha atención para  reparar en los detalles y así consignarlos en el texto. Pero, de tanto repetirlos, llegan a ser lugares comunes por lo que se llega a escribir de maneras prefabricadas. De ese modo el lector de periódicos está atado a la rueda del molino.

Para los buenos redactores de periódico, lo mismo que para los buenos lectores de periódico, sólo basta el primer párrafo, lo demás, como dijo Nietzsche, es puro periodismo. Lo que esto signifique.

“Todo se repite” dijo Wyatt Earp, el legendario Sheriff, en la película La venganza, cuando observa que los acontecimientos se parecen  a lo que tuvo que vivir en años anteriores en otros pueblos.

"Ánimo, joven, dentro de cien años será todo lo mismo que ahora" le dijo el doctor Tulloch, al niño Francisco Chishlom, en la novela Las llaves del reino, de A. J. Cronin.

No obstante, es en la novelística donde hay que sentarse a la vera del camino y describir el sendero que asciende la montaña. Por ejemplo la descripción que Roger Frisón Roche hace de los prados arriba de Chamonix y da vida, o presencia, hasta a las piedras arrastradas por el glaciar.

O el movimiento donde El Rojo, uno de los personajes de la novela El primero de la cuerda, hace para acomodarse el tirante de la mochila que parece romperle la clavícula.

Balmes: “No hay lectura, no hay conversación, no hay espectáculo por insignificantes que parezcan, que no nos puedan instruir en algo. Con la atención notamos las preciosidades y las recogemos; con la distracción dejamos quizá caer al suelo el oro y las perlas como cosa baladí.”

Jaime Balmes L. El Criterio, Cap. I, apartado V, Editorial Porrúa, México, 1984.

Ajustar  la acción de leer a lo que Balmes alerta contra la indolencia, pero también contra la acción,  atontas y locas, que lleva a la tierra de nadie de las, supuestas,  cien modalidades literarias que nos venden a cada vuelta de la esquina como si fuera pomada milagrosa para callos.

Balmes: “No debemos tener el entendimiento en inacción, con peligro de que se ponga obtuso y estúpido; y, por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena, para que no nos deslumbre; bien dirigida, para que no nos extravié.”

Es en los medios, por la carrera de entregar la nota en la redacción, donde todo se va emparejando, nivelando. Como si todos tuviéramos el mismo gusto. Un millón de lectores comentarán y hablarán como uno que escribió la nota del periódico.

Al estilo de los que manejan en México las “micros”, de pasajeros, y ponen a todo volumen la canción de su preferencia y que los pasajeros están obligados a escuchar. El conductor cree que todos tienen sus gustos. O bien trata de imponer a todos sus gustos. Es un salvaje atropello contra mi yo.

Es hora de recordar a Jean Wahl, el filósofo marsellés que dice: “la existencia  del yo no es la existencia del tú, ni la existencia del esto. La existencia del nosotros no es la misma  que la existencia del yo y del tú.” En otras palabras, cada quien su gusto y respetar el gusto del otro.

J. W. Introducción a la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1988

Agrega Wahl, y coincide con Montaigne, que el humanismo expresa su modo íntimo de ser por los actos que ejecuta:

“Nuestra admiración por los logros de Van Gogh, incluso de Cézzane, no puede separarse de nuestro sentir que estamos en presencia de su esfuerzo personal, en el género de pinceladas que emplean.”

Pero que los depredadores vayan por la calle (confundidos con la gente positiva) armados de modernos teléfonos móviles, nos recuerda que Wolfe observó que el perezoso trepa el árbol, en comparación con el leopardo, como el humanismo lo es frente al pasmoso desarrollo de la ciencia.

Dibujo tomado del diario El País
7 de julio de 2017
Falta mucho para que las revistas de filosofía se vendan hasta en las carnicerías. En ocasiones, muy de vez en cuando, encontramos algo de filosofía en la revista Playboy.

Desde luego hay una disciplina científica que se llama lógica que nos señala decir argumentos y nos invita a evitar las opiniones.

La lógica, se dice, es “el arte de pensar bien”, según la cultura en la que se viva. ”Don de dioses” llamó Sócrates a la lógica.

“Más por desgracia-dice Balmes-no nos aprovechamos lo bastante de este don precioso.”

Se debe a que, en nombre de la libertad, rechazamos los imperativos categóricos que nos dice la ciencia de la lógica y algunos nos vamos por las opiniones a bote pronto.

Arrebato la palabra a mi interlocutor cuando aquel apenas ha pronunciado dos cosas y no le dejo completar su argumento.

Montaigne: “la testarudez y la manía de sustentar la propias afirmaciones son características de los espíritus bajos, mientras que rectificar, corregirse, apartarse del error incluso en el calor de la discusión, destaca cualidades importantes, parece poner de manifiesto un espíritu elevado y filosófico.”

Balmes: “El conocimiento que de esta suerte se adquiere, es siempre ligero, superficial, a menudo inexacto, o totalmente errado. Sin la atención, estamos distraídos, nuestro espíritu se halla, por decirlo así, en otra parte, y, por lo mismo no ve aquello que se le muestra.”

Leer significa no ser ajeno a las ideas que corren en el siglo, lo que enseñan en las universidades, lo que se dice en los debates, en los “suplementos culturales”.

Pero sobre todo conocer a través de la lectura lo que ahí no se dice, algunas veces por falta de información, otras por repetir sólo lo que dijo el maestro.

Schopenhauer observa que con frecuencia el estudiante se queda con lo que dice el maestro y no va más allá de las “filosofías” contemporáneas. 

No se busca la filosofía fundamental y perenne:

“Los filósofos auténticos, los maestros de los siglos y hasta de los milenios, esperan callados en las estanterías a quienes los aprecian.”
Schopenhauer,Parerga y parlipomena

Esos maestros antiquísimos no son la fijibilidad anquilosada que se cree sino significan ir al encuentro de una confrontación profunda.

No son pocos los autores que rehúyen echarse la biblioteca encima. Uno de ellos es Montaigne:

“Aparte de Séneca y Plutarco, de quienes me proveo, como las Danaides, llenándome y vaciándome perpetuamente. No he tenido relación con ningún otro libro.”

No es cosa de leer sólo dos libros, promedio de cultura  al año, por cabeza, por deficiencia de los programas de educación pública, como sucede en algunos países de América.

 Dos autores leídos y releídos con atención, para Montaigne son suficientes.

Esta inusitada noticia es posible sólo si, como apunta Balmes, se pone atención a la lectura.

Balmes
 “Jaime Luciano Antonio1​ Balmes y Urpiá (en catalán, Jaume Llucià Antoni Balmes i Urpià) (Vich, Barcelona, 28 de agosto de 1810 - ibídem, 9 de julio de 1848), conocido habitualmente como Jaime Balmes, fue un filósofo, teólogo, apologista, sociólogo y tratadista político español. Familiarizado con la doctrina de santo Tomás de Aquino, Balmes es un filósofo original que no pertenece a ninguna escuela o corriente en particular,2​ al que Pío XII calificó como Príncipe de la Apologética moderna” WIKIPEDIA

 

 

 

 

PLOTINO BUSCA LAS ISLAS FELICES


 

El universo de Plotino está lleno de almas materiales e inmateriales. Éstas son las que después se llamarán como nouménica o noúmenos.

Noúmeno es ingrávido, como ángel, alma, espíritu o cosa en sí. El noúmeno mayor es Dios.

“Dios es una cosa en sí, un noúmeno, mientras que nuestra experiencia sólo puede ser una experiencia de fenómenos.”

Jean Wahl, Introducción a la filosofía, Breviario de Cultura Económica, México, 1988, Cap. III.

Los neoplatónicos se fundieron con el cristianismo, en el siglo seis, cuando el imperio romano estaba ya cristianizado. Justiniano prohibió, por un edicto, que en Atenas se enseñara filosofía.

Plotino, que nació en 205 y murió en 270, fue uno de los fundadores del Neoplatonismo. En su obra La filosofía, Jasper lo considera: "el más grande de los filósofos  místicos de occidente."

Aceptó la filosofía de Platón y en muchos aspectos tuvo una gran influencia sobre el cristianismo.

A Plotino se le considera el último filósofo pagano. Veía en la filosofía de la Hélade un universo pleno de belleza y se expresaba de la Biblia  como un libro lleno de tenebrosidades.

No se refiere a las almas buenas y almas malas, como en la Biblia, sino de cosas materiales y esencias.

Fenómenos y valores. Fenomenología y espiritualidad.
                                 Dibujo tomado de El País 1 de julio 2017

La lucha es no vencer al mal sino trascender la materialidad.

En otras palabras, no quedarse sólo en lo material. En mi yo, en mi cuadrito de cuatro por cuatro, teniendo el universo enfrente.

No es una espiritualidad bajada del cielo hacia lo humano.

 Es una trascendencia desde la materialidad.

Son los modos laico y religioso, el que se prefiera, ambos van a  dar al mismo sitio.

 
 
 
Dibujo tomado de El País
4 de enero 2017
 
“Naturaleza viva y la inanimada”, apunta Gregorio Marañón en el Lazarillo.

En otras palabras, el filosófico y el teológico.

 No son antagónicos (como con mucha frecuencia se maneja y se revuelve por las sectas intelectuales), sólo de preferencia según uno sea.

 Como el atleta que prefiere una marca de tenis y el otro atleta , otra marca. La meta es la misma: hacer ejercicio.

“Lo que posee potencia superior es extraño a la extensión”, dice Plotino, pero no antagónico.

Plotino (obra ordenada por Porfirio que, según comentadores, era muy desordenado con sus escritos, no releía sus “borradores”  ni se cuidaba de la ortografía, etc.), Cap. XXXVIII. Editado por la Universidad Nacional de México, 1923.

Para Plotino el ser real no es material, no es corpóreo:

“Extendiéndose en el espacio,  el cuerpo pierde algo de fuerza y se aleja de la potencia que corresponde al ser real e incorpóreo.”

El humano es  (la síntesis de ambas naturalezas) el que tiene, en su materialidad, algo o mucho de espiritual:

Plotino: “El mundo se conserva siempre muy lejos de la potencia del ser real, y éste lejos también de la impotencia del ser material.”

Sin embargo lo real y lo irreal se necesitan para manifestar cada uno sus potencialidades, según comenta Wahl estudiando a Hegel:

“En Hegel vemos por primera vez una crítica de la separación entre la esencia y las cualidades no esenciales. Según él, no sería la esencia esencia sino existiesen las cualidades no esenciales a que está vinculada, de suerte que lo no esencial es esencial a la esencia.”

Wahl, Cap. V.

El atleta de velocidad está siempre en la última frontera, supera la marca anterior y, a su vez, establecer(sin doping) un tiempo más corto.

El corredor de velocidad es como el escalador. Siempre en busca de la ingravidez. No es la pista de correr la meta, como no es en la montaña la cumbre, es la gravedad atmosférica contra lo que ambos luchan.

Por su peso corporal los demonios de la laguna Estigia se dan cuenta que Dante no es espíritu ingrávido como ellos.

 Canto VIII.

Porfirio dice que Plotino estaba convencido que con su cuerpo grávido  no podría alcanzar las islas Afortunadas. De ahí que piense en la manera de trascender la materia por medio de su noúmeno, de su espíritu. Para lo cual, siente que necesita ser consecuente mediante su manera de vivir.

No se le puede bajar rayitas a la báscula sino se es consecuente con la manera de comer y hacer ejercicio.

“el alma por su unión con el cuerpo está sometido al destino, a la necesidad, y no se hace libre  sino abandonando la tierra.”

Igual El Principito  pensaba que no podía viajar a las estrellas mientras su cuerpo estuviera pesado. Buscaba, como Sócrates y como Plotino, la manera de trascender lo material.

Así, dice Wahl, en el capítulo VI, es el filósofo que, desde su fenomenología, toca siempre las puertas de la teología:

“El espíritu humano va sin cesar de los átomos al éter, del éter a los electrones y así sucesivamente, descubriendo siempre algo nuevo, pero teniendo siempre delante algo nuevo que descubrir, hasta detenerse por último ante lo que ya no cabe estudiar científicamente.”

Plotino
Plotino “Nació en el 204 ó el 205 en la ciudad egipcia de Licópolis, hoy Assiut. En el 232entró en el círculo de Amonio Saccas (o Sakkas) en Alejandría, de quien también fueron discípulos Orígenes (no el cristiano)[cita requerida], Longino y Erenio. Se embarcó en 244 en la expedición del emperador Gordiano III contra los persas con el propósito de conocer la filosofía de los pueblos orientales. Fracasada la expedición y asesinado el emperador, logró dificultosamente refugiarse en Antioquía. Abrió en Roma una escuela de Filosofía (246) y llevó una vida severa: era vegetariano, no se casó ni se dejó retratar "para no dar lugar a una sombra de otra sombra". Se le atribuyeron dotes místicas de visionario y se dice de él que recogía niños huérfanos y les daba educación. Su discípulo Porfirio, autor de su biografía Vida de Plotino y de la sistematización y publicación de su obra central Enéadas, refiere que en los seis años que estuvo con él tuvo hasta 4 uniones místicas”WIKIPEDIA.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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