MARK TWAIN, EN BUSCA DE LA HISTORIA PERDIDA

 


 

Referencias:

Mark Twain, Las aventuras de Huckleberry Finn

Giuseppe Mazzotti, Introducción a la montaña, Editorial Juventud, Barcelona, 1952

 

Este es un cuento para los niños de antes, que ya deben de quedar pocos.

Casi un trabajo de arqueología pues los niños de ahora ya no leen cuentos ni caminan por el campo en busca de tesoros escondidos, ni hacen volar escarabajos con un hilo amarrado a sus patas, ni le tiran piedras con la resortera a los espantapájaros que los campesinos ponen en sus terrenos para que las aves no se coman sus semillas, ni corretean sapos saltarines.

Ahora los niños ya tienen su derecho de ley, que los protege contra el trato de los adultos, y se pasan horas frente  a la pantalla peleando con karatecas virtuales. Encargan a China muñequitos de plástico, que tardan en llegar tres meses, y cuestan lo que un viaje en avión hasta el faro del fin del mundo.

 


                                    Dibujo tomado del libro

                             La psiquiatría en la vida diaria

                                  De Fritz Redlich, 1968

 

Busqué la historia de los Estados Unidos escrita por el señor Twain y no pude encontrarla. Unos libreros me dijeron  que no se había vuelto a imprimir y otros que esta historia  por Twain jamás existió.

Pero llévese esta otra historia escrita por Twain, me decían. Así fue como llegué a juntar, en el librero de mi casa,  hasta doce ediciones diferentes de Las aventuras de  Huckleberry Finn.

Un niño mal hablado que le gustaba vivir en libertad. En el quicio de una puerta, en el fondo de una canoa o deslizarse sobre un balsa  en las aguas del Misisipi.

Era atípico en su sociedad pues tenía amistad con un negro llamado Jim. Más aún. Hubo ocasión que un par de malandrines espiaban a Jim para devolverlo a la señora Watson, de la que se escapaba, y cobrar la recompensa.  Huck, en compañía de su amigo Tom Sawyer hacían lo posible para libertarlo.

El negro estaba atado con una cadena a los pies de su cama. Cosa de levantar la cama y ya sale. Tom se opuso. Necesitamos buscar las dificultades “dijo. “Tiene que ser con un serrucho”. La otra es cortar la pierna de Jim, aunque sería todavía más complicado.

Es un patrón que sigue el pensamiento occidental. Un filósofo expone su teoría en términos entendibles, para todos, y de inmediato saltan otros. Buscan la manera más   difícil posible,   de  esa misma teoría, entre sus iguales, y el pueblo  queda sin entender ni papa.

Con lo que se llega la conclusión que los filósofos escriben para los filósofos y no para compartir con el pueblo el mundo de las ideas.

Alguien sube una montaña y en seguida dos o tres buscan los posibles itinerarios de más dificultad para llega a la misma cima… “Cuando se disipa el mito dela inaccesibilidad de una montaña por un determinado camino-dice Mazzotti-, surge el de la infranquiabilidad de otra ruta, pared o cresta de la misma montaña.”

Dos, tres, y Sade inventó cien maneras de hacer el amor…

Para la generación basta una dulce sonrisa entre una pareja, pero un tal doctor apellidado, Stein, se pone a coser brazos y piernas de retacería humana, o el  neosteinismo trasegar entre las moléculas del ADN…

 Tom desistió. ¿Por qué?, preguntó Huck. “Jim es negro y no comprendería los motivos ni las costumbres europeas”. Los seres humanos pueden ser terriblemente crueles unos con otros” le dijo Huck a Tom.

Los niños de ahora no tienen historia. No hacen historia. Se la pasan aprendiendo la manera de destruir al otro, frente a la pantalla,  durante horas, que ni siquiera van a comer cuando la mamá llama a sentarse a la mesa.

O se platican entre conocidos virtuales, que nunca se conocen personalmente, por videoconferencia uno en su cuarto, solo, en el   estado de Chihuahua, México, y el otro en su cuarto, solo,  en Uspallata, República Argentina. Nunca les pega el sol.

 


                        Los niños de antes jugaban bajo el sol y el viento

                                            Foto tomada de Internet

 

Es el siglo de las tecnologías increíbles, comodidades suntuosas, revolución genómica y comidas rápidas.

Twain nos previene no contra el progresar cultural  sino contra el prosperar mediático.

Chicos como Huck y Tom, departiendo con otros chicos de la calle, resortera en la bolsa del pantalón y jugando a las canicas o al béisbol llanero, bajo el sol o sorprendidos por la lluvia. Nos parecen cada vez más  imágenes de tiempos preindustriales o por mejor decir rurales o casi primitivos.

Un mundo que se mueve hacia el progreso material de la civilización, en la medida que abandona los valores espirituales. Igual si la realidad metafísica se alejara de la realidad empírica. En cualquiera de estos casos la dialéctica sale apaleada.

No es teoría de gabinete. México tiene casi un siglo de ser destino de estos movimientos sociales. Primero llegaron los conservadores españoles huyendo de los populares, después estos huyendo de los conservadores.  Siguieron en cascada los países del sur continental: Nicaragua, Argentina, Chile, Venezuela…

Hoy mismo, este día, miles de personas sufren ya está consecuencia que es otra manera de explicar el fenómeno de la emigración. Abandonamos nuestros lugares para buscar refugio en otros países. Ahora Estados Unidos es hacia donde se dirigen las caravanas ilegales que antes se nombraban como refugiados políticos.

Así es como los lejanos vericuetos de la filosofía se traducen en crueles realidades inmediatas en la calle. Un fotógrafo, un carpintero, un albañil no poseen las vitaminas culturales para subir hacia el filósofo académico, pero un filósofo sí puede bajar hacia la calle, pero no lo hace.

Se argumenta que es labor del Estado,  con sus programas de educación pública. Pero es el caso que el gobierno en turno apenas le alcanza el sexenio para tratar de sostener y, en lo posible, de incrementar la canasta básica…

Apenas escuchamos, entre el ruido ensordecedor de las máquinas de carreras a media noche,  a un hombre que nos grita: ¡Volver atrás, volver atrás! Es Norman Mailer. Ya antes Thoreau, otro gran estadounidense, nos decía: ¡Caminen por el  campo, caminen, caminen!  Igual no le hicimos caso.

Eran cuando todavía no aparecían los pastilleros de  bolsillo ni los grandes sanatorios contra la diabetes, la hipertensión, los virus globalizados, la ansiedad y la depresión.

Pero creo que esto no gusta a la gente de la prosperidad. Como dijo Huck: “Si hubiera sabido lo difícil que era escribir un libro, no me habría puesto a ello, y no pienso volver a hacerlo”.

Tiene razón. Escribir un libro de aventuras de los niños de antes era fácil, cuando estos iban por el campo buscando sapos y chapulines o saltamontes o metiéndose descalzos en los charcos de agua en temporada de lluvias

Creo que la historia de los niños se acabó con Huck, si es que  Twain alguna vez existió.

P:D: Si alguien sabe si  Twain en verdad existió por favor comunicarlo al Instituto de Arqueología del Estado, que es donde aún pueden interesarse en escribir de los niños de antes. Sino… habrá que esperar que el asunto pase a manos de los paleontólogos.

Yo sigo buscando la historia que dicen que Twain escribió de los Estados Unidos. Y que en esa historia relata  una cultura de grandes pensadores estadounidenses, filósofos,  novelista, de la ciencia, la industria, el teatro y de la música.

 


                    Mark Twain

 

Aunque  los libreros, de nuevo y de viejo, insisten y coinciden al decirme que esa historia jamás existió. Más aun, que  Mark Twain tampoco existió. Aunque algunos, como un tal Samuel no sé qué, dicen que es de su autoría, pero ¿quién sabe?

Otros dicen que Twain sí existió, que fue marinero, periodista, conferencista, pero que en 1910, en ocasión de la aparición del cometa Halley, logró montarse en él y se perdió de vista a lo lejos en los cielos…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MAZZOTTI, LA ESCALADA FACIL QUE AYER ERA IMPOSIBLE

 

 

 


Referencia:

Giuseppe Mazzotti, Introducción a la montaña, Editorial Juventud, Barcelona, 1952.

 

Subir el monte Aconcagua, el más alto del continente americano, es tan difícil hoy como lo                                                        fue cuando se logró su conquista. Con una diferencia: hoy sabemos que se puede subir.

Debemos rectificar: hoy es la mitad de difícil.

Antes de su conquista pesaba más en la mochila el factor psíquico del montañista que las pesadas tiendas de campaña que se llevaba a cuesta.

Hoy sabemos que se puede llegar a América, que no hay tal Finisterre…

Mazzotti llama a este capítulo de su libro: El obstáculo físico y el obstáculo psíquico. Ya el alpinista no tiene que enfrentar los múltiples factores subjetivos que mantenía alejados a los hombres (brujas en sus cañadas bajas y dioses poco propicios en los  glaciares de las alturas que, sirviéndose de la denudación, desintegradora de rocas,  arrojaban piedras y hielos tratando de ahuyentar a los intrusos).

 Hay un hecho que ilustra que el problema  de una conquista, es decir, lograr la primera ascensión, es sobre todo un problema de orden psíquico y Mazzotti lo llama de orden moral.

La ascensión, que parecía  imposible, después fue recorrida hasta por alguien que saca a su perro a pasear, por decirlo de alguna manera.

Refiriéndose al monte Cervino que tantos esfuerzos costaron lograr su primera (1865), después todo mundo se preguntaba pero ¿por qué se detenían y daban la vuelta cuando habían avanzado tanto que la cumbre parecía ya a un tiro de piedra. Lo que sigue, ahora lo sabemos, es del todo accesible, ¿Por qué daban la vuelta abandonando todo?

Se repite en alpinismo  la anécdota del huevo de Colon.

La cosa no era superar tramos de roca o laderas nevadas. La lucha se daba en el plano moral o psíquico.

Wyndall intentó en vano, en 1862, la conquista del Cervino y anota: “La inclinación a no afrontar nuevos peligros de una montaña que había inspirado siempre supersticioso terror fue el único obstáculo que nos impidió proseguir.”

 


Adoratorios a los dioses hasta los 6,800 m. de altitud en países de América del sur, en México cerca de los 6 mil m. (Pico de Orizaba, Fray Bernardino de Sahagún).

A partir del siglo dieciséis con el cristianismo las montañas se poblaron de criaturas infernales.

Del libro Técnica Alpina (de Manuel Sánchez y Armando Altamira, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1978

 

Dos años antes, en 1860, Tyndall igualmente tuvo que abandonar el intento de llegar a la cumbre del Cervino y escribe que aquellas rocas parecían más altas porque se les creía inescalables “Tan empinadas paredes, el hielo y la reputación de la montaña contribuían a aumentar la emoción. Hoy (1868, tres años apenas después de Whymper haber conseguido por fin la conquista) gran parte de aquel  misterio se ha desvanecido.”

Una probidad como la de estos escritores, para ofrecernos sus experiencias, no es fácil encontrar. La literatura alpina es prodiga en sofismas, y egocentrismos, muy inclinadas a maquillar el texto  cuando el triunfo les fue negado en la montaña.

Alpinistas solos, con guías, sin guías, en caravana, suben al Cervino, como suben al Aconcagua, al Everest o al Popocatépetl.

 Mazzotti se apresura a escribir: “La naturalidad con que mujeres, ancianos y muchachos suben al Cervino no amengua en nada la grandeza y mérito de la empresa de Whymper ni el esfuerzo de energías psicofísicas que necesitaron para la aventura él y sus compañeros.”

Esta historia se repitió ahí mismo, en el Cervino,68 años más tarde, después de lo de Whymper, cuando en los años treinta, del siglo veinte, dos jóvenes alemanes lograron la primera escalada de la cara norte, hasta entonces considerada lo imposible de los imposible. Después, anota el mismo Mazzotti, se ha recorrido en varias ocasiones. La norte del Ogro otro alemán la escaló, solo, en catorce horas:

Mazzotti:

 “Cosa semejante podemos decir de la trágica lucha por la conquista de la Pared Norte del Eiger y de la no menos importante Pared Norte del Cervino,  que, tras la memorable ascensión de los hermanos Schmid, se ha escalado muchas veces, hasta sin vivaquear sobre el terreno.”

Resumiendo.

Es del todo saludable y aleccionador escalar lo que ya ha sido escalado por otros. Entre otras cosas se continúa la tradición, la historia, cuando la hay.

Pero aun las escaladas más difíciles se consideran sólo como una cancha de entrenamiento para ejercitar en ellas nuestra voluntad, la habilidad física como los conocimientos de la técnica alpina. A semejanza de un curso propedéutico que nos capacita para ir hacia el alpinismo de conquista.

Esto es, hacia un alpinismo que supera no tanto paredes de roca, nieve y hielo, sino obstáculos subjetivos. Se repite lo que en filosofía, donde muchos se paran en la cosa, en tanto otros buscan la esencia de esa cosa material.

Apartarse de las caravanas que dejan las nieves amarillas de orines y de los campamentos llenos de basura.

 Considerado sin pasión,  y es lo que nos dice la historia del Cervino, el ir a esta o aquella montaña, subirla en tiempo record, escalarla en solitario (nosotros hemos hecho todo eso) está bien para el álbum familiar, es la historia personal, pero que no aporta nada a la historia del alpinismo.

Escaladores  hemos conocido (escaladores en solitario, escaladores tresmileros, cuatromileros, cincomileros, escaladores en libre, en cordada de dos, en roca, nieve y hielo, escaladores de tiempos record, escaladores muy técnicos, escaladores muy familiarizados con la práctica del vivaquismo, etc.) con   potencialidades más que suficientes,   para emprender empresas alpinas de mayores vuelos, que se quedan en el nivel propedéutico.

Mediados del siglo veinte era frecuente, en México, realizar, en una sola salida, en el invierno, lo que se llamaba la “trilogía”. Consistía en ascender  tres cumbres nevadas del país arriba de los 5 mil y son el Iztaccíhuatl, el Popocatépetl y el Citlaltepetl o Pico de Orizaba.

Eran  alpinistas superdotados físicamente y con una presencia de ánimo muy especial. Pero el mérito sólo fue para su historia personal. La historia del alpinismo en el país no se movió un ápice por tan señalado esfuerzo.

 Estas cumbres, en el alpinismo religioso del país, de los periodos olmecas, teotihuacanos, toltecas y aztecas,    habían sido conquistadas  tal vez miles de años atrás. El adoratorio principal de Tláloc, dios del agua, en los 4,150m.

 Estas ascensiones,  con carácter de religioso, pararon  en el siglo dieciséis (ver Sahagún, Durán, Chimalphain, Clavijero y los trabajos de arqueología, en el siglo veinte, de José Luis Lorenzo, publicados por el INAH.

 Cien extraordinarias ascensiones de repaso no agregan un solo eslabón a la historia. La historia alpina se hace de ascensiones nuevas. La personal de repeticiones.

Plantar las tiendas en las laderas  exentas de refugios y colocar las clavijas en probables rutas  de montañas desconocidas. O trazar rutas desconocidas en montañas conocidas.   

 


Un alpinismo que supera no tanto paredes de roca, nieve y hielo, sino obstáculos subjetivos.

Sur del monte Ameghino, Rep. Argentina.

Foto de Armando Altamira.

 

Hasta se puede correr con la suerte de vernos rechazado en los primeros intentos. Así tendremos argumentos, fuerza moral, dice Mazzotti,  para volver a intentarlo y…encontrarnos con el destino. Después de todo, no tenemos todas las cartas del póquer en la mano.

Heckmair lo anotó al regreso del Ogro: “Todos los escaladores saben que la suerte tiene un papel primordial en los éxitos alpinos de la juventud.”

Regresar al valle con la meta lograda, descender sin haber obtenido el éxito deseado o ser bajado en camilla. Ese es el corolario del alpinismo de conquista.

Pudimos haber nacido con vena para el ping pong o para el futbol o para el ajedrez, o para las tres bandas del  billar. Así como los poetas son frecuentados por las musas   o los superhumanos para pararse frente al toro…Pero nosotros nacimos para escalar…

Hay en el planeta un millón de montañas sin haber sido escaladas, rodeadas de esa densa niebla de inaccesibilidad y misterio, esperando en la lejanía…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SÉNECA, APOLOGÍA DE LA POBREZA

 


Referencias:

Séneca, Tratados filosóficos, Editorial Porrúa, México, año 2006

Honorato de Balzac, La piel de zapa.

 

Es mejor la pobreza que el exceso, dice.

Con tocar los extremos, de necesidad y capricho, en realidad se dirige a su idea de la frugalidad.

Las costumbres del establishment al que pertenece no conocen límites en la hora de comer y, el costosísimo manjar que habían adquirido, trayéndolo de lejanos dominios del imperio, acaban vomitándolo por el exceso en el comer.

La pobreza material es una idea con respecto a otros parámetros.

Un indigente es pobre con respecto a  un trabajador  bajo el outsorcing. Este se considera pobre junto a un obrero con plaza fija y sus prestaciones contractuales, etc. Y se es inmensamente pobre con relación a lo que ganan los capitanes de la industria y los políticos con sus curules.

Es el mundo libre donde todos pueden intentar escalar el peldaño que sigue. Un obrero puede llegar a ser presidente de la república, un seminarista, sin importar la condición social  de donde venga, puede llegar a ocupar la silla de San Pedro. Antier fue un seminarista polaco, ayer un alemán y al presente un argentino.

La necesidad, o el paradigma, revelan en el individuo,  potencialidades a desarrollar.

 Por lo general, cuando  se está de este lado de la barricada, el lenguaje es de los que incendian la pradera. Del otro lado ya de la barricada   la extravagancia y la concupiscencia pueden hacer acto de presencia. No es un imperativo categórico para todos pero sí se da con frecuencia.

Rafael, el personaje de Balzac, es el referente por excelencia del individuo que no tuvo nada y, después con todo en su bolsillo, murió a los veintitantos años de edad por el exceso.

Extravagancia y concupiscencia, dice Séneca, son  las que  nos hacen mirar de ese modo a la vida. Deja en nosotros, sin importar el nivel en el que nos encontremos, la sensación de la pobreza. Siempre habrá uno más rico.

Yo tengo dos carros pero aquel tiene cinco. En estos tiempos Séneca le llamaría a este fenómeno “consumismo”. Llenar la buhardilla o tapanco con cosas que sólo sirvieron una o dos semanas, si acaso.

La pregunta de este pensador romano es  ¿que necesita el humano para vivir? También pudo plantearla así: ¿qué necesita el hombre para morir prematuramente? Como el caso de Rafael.

 

 


                    Dibujo tomado de El País, 11 de agosto del 2018

 

“La pobreza no es un mal para quien sabe preservarse de las extravagancias del lujo y de la concupiscencia, esas dos plagas destructoras”, escribe Seneca.

Advierte que, apartados de la frugalidad, el exceso no tiene límites: En seguida pone el caso extremo refiriéndose a la corte del imperio de sus días. “Calígula devoró en una cena diez mil millones de sestercios.”

Y, como es necesario no desentonar con el contexto en el que nos movemos, o al que aspiramos, Séneca se refiere a los que rodeaban al emperador: “Vomitan para comer y comen para vomitar”.

Era un mundo casi rural al que Séneca se refiere, nada que ver con la ciudad moderna, se dice. No había papel higiénico ni se usaban ropa interior, etc.

Se pierde de vista que estamos opinando desde los países de la cultura industrial en los que  ahora sí hay todo esto pero... Roma en cambio a la sazón, de los días de Seneca, era la potencia dueña y señora del mundo, al menos del mundo Mediterráneo. Roma procuraba ser, antes que el tener, y se apresuró a asimilar a la Paideia griega.

Para ser dueña del mundo Roma debió desplegar una potencia espiritual y material extraordinario que tenía por base la frugalidad, inspirada ésta en la escuela de los estoicos.

Los  pueblos precaristas,si conservan potencial espiritual,salen adelante.Los pueblos que viven en la sobreabundancia material declinan. Roma no es la excepción.

Esa es la historia de las grandes civilizaciones del Altiplano Mexicano:Teotihuacan, Tula, Tenayuca, Azcapotzalco. De la primera, la más grande de todas, nadie sabe nada a ciencia cierta.

Las otras fueron cayendo al golpe de las hordas chichimecas que llegaban del norte. Los "imperios" del Valle de México se habían refinado tanto en el lujo material que se apoltronaron y caían al primer golpe.

Allá  los cristianos observarían mucho de la  conducta estoica  cuando, convertidos en teas humanas que iluminaba el Foro, cantaban en tanto se consumían. 

Empezando por la frugalidad en el comer,  vestir y tener,  que ya empezaba a mencionarse  como pobreza: “De los pobres es el reino de los cielos”. Cantaban por estar seguros que: “hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”. ”Voy a la casa de mi padre”, decían con el último aliento.

La filosofía  de Séneca no buscaba el cielo sino  ganar la batalla imposible: la victoria de uno mismo sobre nuestros impulsos poco, o nada, espirituales y sí muy biológicos irracionales.

El tiempo de Séneca (4 años antes de nacer Jesús) era cuando el imperio estaba ya muy penetrado de las practicas relativistas,  no de las costumbres, que lo llevaba cuesta abajo como resultado de la degeneración de las clases altas. Y que erosionaban los cimientos  fuertes de la sociedad romana. Contra esto escribió Séneca. Y lo hizo abiertamente, de manera pragmática.

El insistente vuelo sobrenatural de los filósofos que siempre se apresuran a declarar que actúan dentro de la razón, de lo razonable, no era su estilo. Él habla de la Providencia, de Dios, de azar y todo eso que al parecer no queda bajo la lente del microscopio.

 Séneca no teorizaba escribiendo filosofía desde el pupitre sino relatando lo que veía en la calle romana y entre el lodo en el que, como cercano al emperador, él mismo se movía. Es cuando escribe:

 “Los apetitos del cuerpos se reducen a bien poco…la demasía es la que nos consume… No pide  otra cosa  el cuerpo que resguardarse del frío, de la sed, del hambre. Fuera de esto, cualquier otro deseo es un vicio, es un capricho, nunca una necesidad.”

 

 

 

 

 

 

 

 

EL OTRO ALEXIS CARREL

 

Referencia:

Alexis Carrel, La incógnita del hombre


Fomentar el desarrollo de la personalidad humana, como objetivo supremo de la civilización, es el leit motiv en esta obra de Carrel.

Podríamos adelantar su filosofía en esta frase:

“El exceso de sueño y de alimentos es más peligroso que la falta.”

Los hombres sabios se afanan por encontrar el modo de producir hombres fuertes en los aspectos psicofísicos. Sus esfuerzos han sido mal interpretados al abundar en las canchas olímpicas los llamados “campeones de laboratorio” y sus substancias prohibidas.

Un de las ideas que propone:

“El ayuno moviliza las proteínas y las materias grasas de los órganos. Por el paso del calor  al frío y viceversa, se hacen actuar los mecanismos tan extendidos  que regulan la temperatura del organismo. Hay muchas otras maneras de estimular los procesos de adaptación. Su entrada en actividad perfecciona el cuerpo entero y hace a todos sus aparatos integradores más fuertes, más aptos para llenar sus funciones.”

Pero, explica:

“Estos factores han perdido casi enteramente su eficacia, desde  que los hombres se protegen contra la dureza del clima por la comodidad de sus casas y el  sedentarismo de su vida…El atletismo que se practica en las Universidades no hace hombres realmente resistentes….La carrera en terrenos  accidentados, la ascensión de montañas, la lucha, la natación, los trabajos forestales y de los campos al mismo tiempo que la exposición a las intemperies, y cierta dureza de vida, producen la armonía de los músculos, del esqueleto, de los órganos y de la conciencia.”

 


Utilizar los largos inviernos de las montañas.

Llegada al refugio El Queretano, 4,650m.ladera norte del volcán Popocatépetl,México.

Foto de Armando Altamira

Carrel propone una serie de ideas que resultan difíciles, de leer siquiera, en el contexto de la civilización industrial moderna.

¿Por qué tentarse el corazón cuando se trata de juzgar a los que defraudan la confianza del pueblo, a los que secuestran o pervierten niños, a  los que despojan a los pobres, a los feminicidas?:

“Cuanto a los otros, a los que han asesinado, que han robado a mano armada, que han raptado niños, despojado a los pobres, engañado gravemente la confianza del público.”

Una palabra aparece repetidamente en su obra como una medida para remediar esas patológicas conductas: eugenesia. Eugenesia aplicada o eugenesia voluntaria. Palabra impronunciable en los tiempos de los Derechos Humanos.

 


En las regiones de nieblas frías y poca luz.

Bosques en los 4 mil metros,   ladera oeste de la montaña Iztaccihuatl, México.

Foto de Armando Altamira

 

En los países de la democracia, en los cuales hay diversidad de creencias, pareceres e intereses, unos coinciden con Carrel, otros se horrorizan con su modo de pensar. Otros se sienten tocados de cerca y otros más ven en sus palabras la espada flamígera como único medio para lograr la paz, la cultura y el progreso de la humanidad que él considera ya con señalados grados de degeneración.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

                                      Desierto de Altar, Sonora, México
 (meridiano 114,10 y partiendo del  kilómetro 130 de la carretera Sonoyta-San Luis Río Colorado)
   
Foto de Armando Altamira                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

Ese Carrel es “materia” de estudio por los sociólogos, psiquiatras hombres de la ciencia  médica, y por políticos, desde los días en los que apareció al público su libro, mediados del siglo pasado.

 


Aprovechar las estaciones alternativamente ardientes y heladas.

Desierto de Altar, Sonora, México.

 52 grados C. en el cenit y cero grados, o menos, en la madrugada. 

 El organismo de los humanos   aquí debe ir   de  los cincuenta grados de temperatura, a cero grados en tan sólo 12 horas. De las 3 pm a las 3 am.Otra vez, de las 3 am a las 3 pm.

Foto de Armando Altamira.

 

Nosotros nos quedamos con el Carrel de los paisajes naturales, por ser lo nuestro, y lo que de ello piensa un hombre de ciencia, Premio Nobel, que posiblemente no fue ajeno a la práctica del alpinismo:

“Para hacer a los hombres resistentes y osados, es preciso utilizar los largos inviernos de las montañas, los países de estaciones alternativamente ardientes y heladas, aquellos donde hay nieblas frías y poca luz, que están barridos por todos los huracanes y cuya tierra es pobre y está cubierta de rocas.”                                                                      

THOREAU, CAMINAR A LA CAÍDA DE LA TARDE

 


Referencias:

H, D. Thoreau, Desobediencia civil

Dr. Alexis Carrel, La incógnita del hombre

 

 

No camines por el mero ejercicio, dice Thoreau, hazlo buscando  la vida.

Un robot camina la distancia  programada pero no ve el cielo azul o la tormenta que se avecina, ni tiene miedo ni se crece ante el peligro.

 Un humano sí pero ahora  dejó de ver la relación con la Naturaleza, su madre nutricia en todo. Con Chicomecoatl, se dice en náhuatl.

Mucha calidez humana en el trato con la gente y comodidad en el mundo lleno de ciencia y tecnología que hemos construido.

En el principio del último tercio del siglo veinte fuimos al monte Aconcagua. Para comunicarnos por teléfono, desde alguna ciudad argentina con México, era necesario ir por la mañana a la oficina correspondiente. Le vamos a preparar su llamada, vuelva por la tarde. En la comunicación las voces apenas se oían por la interferencia de otras líneas y diversas zonas atmosféricas a lo largo de diez mil kilómetros.

Nadie de la expedición pudo imaginar entonces   que,                       tan sólo pocos lustros más tarde, una tableta delgada portátil, personal,  que cabe en la bolsa de la camisa haría posible una comunicación inmediata y diáfana (y mirando con la persona que está hablando). Posible con solo presionar un punto de su superficie. ¡Ni Julio Verne habría imaginado!

Pero la increíble revolución tecnológica ha consumido tantas fuerzas del hombre que éste desatendió otras áreas de la vida. Su figura, en el contexto de la Naturaleza de bosques, montañas y desiertos casi no cuenta.

Semejante  al síndrome de Burnot, de las hormigas, y su hiperactividad que parece el hormiguero el centro del universo, siendo apenas un punto anónimo, por minúsculo, en la ladera de la montaña.

Así ve Thoreau las cosas de los humanos una tarde que sale a caminar por el campo: “Desde una colina puedo ver desde lejos la civilización de las casas de los hombres; pero los granjeros y sus obras apenas son más evidentes que las marmotas y sus madrigueras.”

Continúa su caminata y vuelve a hacer alto para echar otro vistazo del valle a sus pies. ¿Qué pequeño es todo!:

“Me complace darme cuenta del espacio tan pequeño que ocupa el hombre y sus asuntos, la Iglesia, el Estado, la escuela, los oficios y el comercio, las industrias y la agricultura…y lo más alarmante de todo: la política.”

 


Se requiere una preparación, un ejercicio propedéutico, en el modo y en el tiempo.

 Dibujo tomado del libro Técnica Alpina,editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1976,de Manuel Sánchez y Armando Altamira G.


 

Las cosas no son a la ligera. Sugerir  que alguien nativo  de la ciudad de pronto se eche la mochila al hombro, y se vaya a caminar por los altos bosques, es arbitrario.

Como situarme en medio del ruedo, al que soy por completo ajeno, y de pronto ver al toro venir (bufando y echan chispas rojas por los ojos) hacia mí…

Se requiere una preparación, un ejercicio propedéutico, en el modo y en el tiempo.

Carrel se refiere a esta etapa temprana y lo que se consigue con esa preparación psicofísica del individuo que va a frecuentar a la Naturaleza. La primera pregunta sería ¿Por qué tendría que ir a los bosques y a las montañas?

Carrel:

“Por lo pronto, no advierte su urgencia, en medio del confort, la belleza y las maravillas mecánicas que ha conseguido por medio de la tecnología. No se da cuenta de que degenera, y en tal caso ¿por qué se esforzaría en modificar su manera de ser, de vivir y de pensar?...La uniformidad y la suavidad de la vida en las escuelas y las universidades debería ser substituida por hábitos más viriles. La adaptación del individuo a una disciplina fisiológica, intelectual y moral determina cambios definidos en el sistema nervioso, en las glándulas endocrinas y en la mente.. De este modo, el organismo adquiere una mejor integración, mayor vigor  y más aptitud  para superar los obstáculos y los peligros de la  existencia.”

 


La adaptación del individuo a una disciplina fisiológica, intelectual y moral determina cambios definidos en el sistema nervioso, en las glándulas endocrinas y en la mente.

Llegada al refugio, en los  4,640m.

 Al pie del glaciar Ayoloco, oeste en la montaña Iztaccihuatl, México. En la actualidad  destruido su río de hielo. Aun se busca a los culpables.

Foto de A.A.G.

 

Pero estoy muy a gusto en mi mundo de cuatro por cuatro y Thoreau lo sabe:

“Continuamente observan  las cosas del mundo bajo su propio techo, mirando a través de un tragaluz estrecho, cuando es el cielo lo que deberían  contemplar sin obstáculos. Yo digo que es necesario quitar las telarañas y lavar las ventanas.”

 

 

 

 

 

 

 

 

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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