Balzac en la Piel de Zapa

El poder nos revela tal como somos

En esta novela Balzac trata el tema de la libertad. De la libertad y de otras cuestiones como el dinero, el poder, la fama, la salud, el matrimonio. De manera especial un aspecto de la modernidad: el consumismo.

Hay que trabajar duro para conseguir todo eso. Pero, luego, ¿cómo gastarlo? Se lucha para conquistar todo eso, y disfrutarlo, no para encerrarlos en un baúl. “no se enciende una candela para esconderla debajo de la mesa”, dice la Biblia para darnos a entender que La Luz tiene el fin de iluminar no de permanecer escondida. El dinero no es para guardarse pero tampoco para derrocharse. En realidad el tema de esta novela célebre de Honorato de Balzac no es tanto cómo conseguir las cosas, sino cómo se utilizan una vez que se tienen.

Y muchas veces, eso que con tantos anhelos y esfuerzos se consiguió, se le da el más inútil y tonto, cuando no el más errado, de los empleos. Un preso puede soñar, cada minuto, con el día que vuelva a ser libre, sale por fin pero  una semana más tarde estará de regreso en su celda.  El dinero puede llevar la felicidad a propios y extraños, pero preferimos darle un enfoque utilitario.

En todo caso La Piel de Zapa es la metáfora que observa cómo, de tenerlo todo, a partir de ahí, se va gastando, o reduciendo, por el uso, bueno o malo, correcto o no. Como el humano en el día que nace. Tiene una vida por delante. A partir de ese día su existencia se irá aproximando a su fin... Un ejemplo menos pesado y tal vez más didáctico y de una realidad más inmediata y cercana a nosotros: el cheque de quincena. Después de salir del banco, en el que lo cambiamos, empezará a gastarse, día con día, minuto tras minuto. Inexorablemente.

El guión de esta novela es sencillo pero abunda en consideraciones de toda índole. Ese es el estilo d Balzac. Poco diálogo y mucha reflexión. No hay que olvidar que en Papá Goriot hay un personaje que va a cruzar la calle. De cuando esta persona está en una banqueta, para cuando llega a la otra acera, ya han pasado veinte hojas de texto.

Escritor, francés, del siglo diecinueve (nació en 1799 y murió en 1850), tiene una fecunda imaginación, una minuciosa observación de las cosas y de la conducta de los humanos.
Rafael Valentín O’ Flaharty es el personaje, joven, que quiere ser famoso entre los hombres de ciencia y a la vez gustar la vida en su vertiente hedonista. Pobre de recursos, se encierra durante tres años escribiendo sobre algo que está seguro que lo hará célebre. Un amigo de farra de otros tiempos lo introduce en un ambiente de lujo de la alta sociedad. Como también anhela ser rico, pretende a Fedora, una condesa que se las sabe  todas para esquilmar incautos.

Desesperado, Rafael decide llevar a cabo el recurso romántico, muy en boga en ese tiempo en la sociedad europea: suicidarse. Con un poco de dinero sucumbre al sueño de los jugadores: ¡con un golpe de suerte y todo cambiara! Pero pierde y renueva su idea original: sucidarse. Va al puente y, una vez que ha escogido el sitio desde dónde se habrá de echar de cabeza al Sena, se retira con la idea de volver. Es temprano, el sol está en lo alto y el momento no llena la atmósfera apropiada para morir. En tanto se hace de noche se mete a un bazar. Sobra decir que, haciendo reflexiones de los objetos que va observando, le da una repasada a historias, civilizaciones y personajes sin fin.

 Conoce al dueño del bazar, un personaje que, podemos decir, es el mismo Diablo. Este le sugiere que compre una piel curiosa, que viene siendo de una especie de cuero de burro, propio de los países árabes. Tiene la singularidad de satisfacer, a quien sea su dueño, cuantas cosas quiera. Pero a cada deseo la piel se contraerá. Cada vez más chica. Llegada al límite, el poseedor morirá y se irá al infierno.”

Rafael no cree, pero la compra. En el principio la tiene como una simple curiosidad. Sólo que a la salida misma del bazar, cuando se dirige al puente desde el que se va a echar de cabeza, las cosas empiezan a irle de maravilla. Pronto va a ser inmensamente rico, famoso y va a tener cuantas cosas y mujeres quiera. Y aquí es donde, apenas a los veintisiete años de edad, se da cuenta, un día, que ha quemado su vida.

Hace todo lo posible para ya no experimentar ningún deseo y así evitar una nueva contracción de la piel. Pero es inútil. La vida hay que vivirla aunque no se quiera. Es un proceso irreversible Muy bien puede decidir no levantarse ese día y pasársela sedado bajo las cobijas, inconsciente, pero el hecho es que ya decidió como vivir ese día ¡y cuenta en el conteo regresivo. Despierto o dormido, lúcido o narcotizado, hay que seguir con el nuevo día! ¡El infaltable nuevo día!  La vida Lo va llevando de modo tal, que él, con poder disponer a su antojo, debe seguir el curso de los acontecimientos. Para salir airoso de ellos, tiene que experimentar otro deseo. Así hasta el fin.

Balzac no recurre al expediente salvador que utilizó Goethe en su Fausto. O como en la Leyenda del Holandés Errante. En estos casos un amor inocente y apasionado, hasta el mismo sacrificio, salva al que está destinado al infierno. Aquí también existe ese amor, pero al final Rafael no puede evitar, por más que haga para cambiarlo, el destino que él aceptó con tal de tenerlo todo en abundancia. Igual que Oscar Wilde hará con su Dorian Grey, que lo presenta todo consumido físicamente y con un aspecto de lo más horrible, y al final ¡crack!

 Así hace Balzac con su personaje. Increíblemente rico, Rafael tuvo que descubrir que,  para los enfermos, el mundo comienza en la cabecera, y acaba en los pies de su lecho”.

  Una frase de Balzac, bien pudo servir de epitafio en la tumba del personaje central de La novela: “El poder nos deja tal como somos". Rafael pudo hacerlo todo y no hizo nada”.

John Milton en El Paraíso Perdido


Haber perdido el Paraíso celeste es una confirmación  de la vocación democrática de Dios. Esto sucedió en un tiempo “ que ni cielo ni Tierra existían aun”. También confirma el anhelo de libertad de la mujer. Esto cuando ya estaba el Paraíso terrenal.

Los ángeles creyeron poder rebelarse y lo hicieron. Pero, como en toda democracia, se hizo el recuento y, ¡los rebeldes quedaron en minoría numérica! Los números dicen el verdadero fondo del asunto: lo importante es que había condiciones para decidir. Existía la libertad de decisión. “Fueron los unos para sostenerse y los otros para caer”. A la postre no fue el número lo que decidió el resultado de la guerra en el cielo sino los valores que sostenían ambos frentes.
Entonces llegaron el Pecado, la Muerte y el Caos.

De esa manera empezó la historia con  sus valores paradigmáticos del Bien y el Mal (con estas categorías no hay que olvidar que estamos hablando de cuestiones que sucedieron en el cielo, pues tal es la naturaleza de la obra comentada). Paradigmáticos  porque muchos escogen ser malos y otros buenos. En el proceso una gama amplia de tonalidades de gris del blanco al negro. Y los sacerdotes de ambos lados haciendo proselitismo sin cesar para su causa.

La historia de la libertad se repite con el hombre. Mejor dicho con la mujer, porque el hombre, Adán, prefiere obedecer  no comiendo la fruta del árbol prohibido. Pero es la mujer la que no se conforma con que haya algo prohibido que ella no pueda alcanzar...

“Te advertí- le dice Dios a Adán-, te aconsejé, te predije el riesgo a que te exponías, y que un enemigo oculto estaba acechando para tender sus trampas. Llevar más allá mi celo hubiera sido violentarte, y emplear la violencia contra el que es libre, es proceder indigno”.

A partir  de la rebelión algo se salió de armonía. Para restablecerla se hace necesario que el mismo dueño de la casa se humille y convenza a los disidentes que deben volver. No es tan rara esta situación si la llevamos al plano del humano. Un padre que ve que el hijo rebelde se va de la casa y después debe abrir las puertas para facilitar que regrese. Un gobierno, o el mismo país con otro gobierno, que decreta la amnistía para que sus connacionales, otrora rebeldes, regresen del exilio. Esto se dio en México cuando el presidente de la república José López Portillo.

Pero el rescate, al menos del humano, no del ángel, no es tan fácil. Dios pide voluntarios entre sus fieles ángeles para efectuar la salvación del hombre. Nadie da un paso adelante. Finalmente el Hijo de Dios “en quien reside la plenitud de su amor divino” se ofrece de voluntario.

Pero no todos regresan. Desde el primer momento el humano se muestra arrepentido y quiere rehacerse. En cambio Satanás y sus seguidores dejan bien establecido cuál es la fuerza que los mueve siendo la soberbia y el odio: “Ten por seguro que nuestro fin no consistirá nunca en hacer el bien. El mal será nuestra única delicia”.

Por cierto que hay un dato que se refiere a México, en aquel conocido episodio de la pasión de Cristo, en el que Satanás lleva a Jesús a lo alto de una montaña para desde ahí tentarlo mostrándole los reinos del mundo: “ Y allá en su imaginación (de Satanás) quizá descubrió la opulenta México, imperio de Moctezuma”. Desde luego que esto no está es la Biblia pero sí es una parte del lirismo miltoniano.

El Paraíso Perdido de Milton es uno de los más bellos libros que alguien haya escrito respecto de la Gracia y la Libertad del humano. Si bien, al final del libro el cristianismo liberal de Milton lo hace entrar en tesis y contratésis frente  al cristianismo ortodoxo, ya  que no puede  resistir la tentación  polémica teológica tan fuerte de su tiempo. Sus biógrafos coinciden en que escribió preferentemente en prosa y con propósitos polémicos. Algo parecido a lo que motivaría a Dante para escribir su Divina Comedia varios siglos antes.

Como sea, se trata de una formidable recreación bíblica que ha conquistado un lugar en la cultura occidental. Para los pueblos americanos llenos de sol esa obra parece un panorama cultural pesado y sombrío. Sin embargo aborda temas como lo establecido, la libertad, el caos, el egoísmo, el anhelo de reconstrucción. Sombrío pero perfectamente leíble aun para lectores flojos. Su prosa es una delicia. Su lectura es imprescindible porque es lo mismo, en línea generales, lo que contiene esta obra, de fuerte sabor teológico, a lo que vamos a encontrar en esa disciplina académica laica conocida como “filosofía.

  John Milton nació en Londres, Inglaterra, el 9 de septiembre de 1608 y murió el 8 de noviembre de 1674. Poeta inglés. Se dice que es con Shakespeare una de las figuras cumbres de la lírica anglosajona. Al periodo final de su existencia, el de la ceguera, la pobreza y el aislamiento, pertenecen sus dos grandes poemas que son El Paraíso Perdido y El Paraíso Recobrado.

Macbeth - Shakespeare

Macbeth era un general del ejecito de Escocia y el rey de este lugar se llamaba Duncan. El rey tenía dos hijos: Malcolm y Donalbain.

Macbeth vivía tranquilo y agradecido con su rey al que le debía honores. Pero la ambición de su esposa lo empujó a pensar en matarlo para que Macbeth ocupar su lugar. Duncan decide que Malcolm, su hijo, le suceda en el trono. Es el momento en que Macbeth, que de algún modo abrigaba la esperanza de llegar a ocupar el trono de Duncan, a la muerte (natural) de éste, se ve contrariado.

Pero también casi horrorizado al descubrir que en él se mueven fuerzas oscuras poderosas: “Se presenta un obstáculo que detiene mi avance, o que debo saltar si sigo hacia delante. Ciéguense las estrellas. Que su luz no ilumine mis oscuros deseos. Que mis ojos no miren  lo que harán estas manos.

Que se cumpla, no obstante, lo que odiarán los ojos si llega a realizarse” .
Es en ocasión de una visita que el rey Duncan hace al castillo de Macbeth, que Lady Macbeth, urge a su esposo a que lo mate: “Jamás verá el mañana!...Para engañar al mundo hay que ser como el mundo… aparenta el aspecto de la inocente flor, pero sé la serpiente que bajo ella se oculta. Del que está por llegar debemos ocuparnos”.

Hasta ese momento Macbeth es sensato y habla con reconocimiento de la persona del rey Duncan: “Seguir con este asunto es imposible. De honores me ha colmado. He adquirido una fama dorada entre  las gentes  y quisiera lucirla  con todo su esplendor en vez de desecharla con tanta rapidez”.
Su esposa lo azuza: “ “¿A pesar de que quieres poseer lo que estimas ornato de la vida , como un cobarde  vives ante tus propios ojos dejando el no me atrevo en pos del yo quisiera, igual al pobre gato que por temor al agua se queda sin pescado”.

Cuando Macbeth por fin lleva a cabo el regicidio, empieza a matar para culpar a otros. Culpa de la muerte a los dos guardias del rey. Macbeth también asesina a los guardias  para callarlos.
Malcolm y Donalbain, los hijos de Duncan  se sienten inseguros. Donalbain dice: “Aquí, bajo las sonrisas se ocultan los puñales”. Malcolm decide irse a Inglaterra y Donalbain para Irlanda.

Macbeth sigue matando para permanecer en el poder. Banquo es otro general del ejército de Escocia que, ante todo el ambiente de crímenes que ha provocado Macbeth en la corte, se cree llamado a ocupar el trono. Macbeth decide enviar a los asesinos para que también lo maten. Aquí Shakespeare ofrece una pincelada maestra de psicología. Cuando Macbeth  envía al asesino, este le asegura su profesionalismo y  que cumplirá con su cometido: “Yo soy un hombre, Alteza, a quien los viles golpes o insultos de este mundo han ofendido tanto que ya no me da miedo hacer lo necesario para ofender al mundo”.   En efecto, Banquo es asesinado.

En esta parte del relato Shakespeare introduce al espíritu de Banquo, al estilo de Hamlet, e inquieta a Macbeth. Sirve para descubrir el estado de perturbación mental  en el que se encuentra ya Macbeth., provocado por  tantos crímenes que ha cometido.

Finalmente Macduff, un noble consigue ayuda del monarca de Inglaterra para ir contra Macbeth.
El ambiente de la corte  se convierte en algo insoportable para el mismo Macbeth y para los demás. En “Antonio y Cleopatra” Shakespeare escribió: “La Historia nos enseña  que ningún hombre sigue siendo deseado una vez que ha conquistado el poder”.

 La ambiciosa esposa tampoco soporta el cauce que han seguido los acontecimientos y muere. Cuando enferma llaman al médico. Una dama de compañía suya le informa que tiene obsesión de la suciedad: “Eso es corriente en ella; como si se tratara de lavarse las manos. La he visto hacerlo durante un cuarto de hora”. Y Lady Macbeth exclama: “Siempre está aquí el olor. Ni todos los perfumes de Arabia purificarán esta pequeña mano mía”. Enseguida muere.

En ese momento entra un mensajero y le dice a Macbeth que el bosque empezaba a moverse. Una bruja le había vaticinado a Macbeth que moriría cuando el bosque se acercara a él. Desde entonces permanecía en el interiore de su castillo.  Las ramas que  se acercaban eran Malcolm, hijo del rey Duncan, acompañado de otros nobles de Escocia.y del ejército inglés, y lo hacían cubiertos de ramas de arbustos, en camuflaje, hacia el castillo de Macbeth.

Los bandos entran en combate.  Macbeth sostiene un duelo con Macduff. Al final esta actitud valiente es la que, según la ética guerrera de la época, lavará la sangre de todos los asesinatos cometidos por Macbeth. Macduff, el noble de Escocia, da muerte a Macbeth y le corta la cabeza.

Siward, conde de Northumberland, general de las tropas inglesas, es proclamado rey de Escocia. Pregunta cómo murió Macbeth. Peleando cara a cara. Y Siward exclama en su honor: “¡Pues entonces que sea un soldado de Dios! Tuviera tantos hijos como cabellos tengo. A todos desearía una muerte tan bella¡ Que éste sea su réquiem!

Con Shakespeare se cierran los tiempos. Así lo dice uno de sus biógrafos. No hubo un escritor tan grande como él ni lo hay ni lo habrá: “Es el escritor más grande de todos los tiempos”. Lo cierto es que cuando la psicología, como ciencia, estaba en pañales en el siglo dieciséis, este escritor pudo hurgar muy hondo en la mentalidad del humano, le fue posible describirla de manera extraordinaria sobre el papel y, por si esto no bastara, interpretó sobre el escenario del teatro alguno de los personajes que había creado.

Y, sin embargo, al igual que con Homero y con Bruno Traven, algunos escritores, contemporáneos de Shakespeare, aseguran que éste ni siquiera existió. Fue, decían, algún poeta ilustre de su tiempo, deseoso de pasar anónimo. O bien algún mecenas culto, que decidió en algún momento, para tener más libertad de creación frente a los poderes políticos, y también frente a los prejuicios de los protestantes puritanos  que tanto fastidiaban cerrando teatros, decidió ponerse el seudónimo de “William Shakespeare”.

 Es como negar la existencia antropomorfa por medio de lo cual la gente  deshumaniza a sus autores favoritos y los mete en la dimensión de la leyenda.

Sin embargo este autor tiene un árbol genealógico.  Asimismo, los nombres de los padres y de sus familiares posteriores. Shakespeare nació el 23 de abril de 1564 y fue bautizado al día siguiente en Stratford-upon-Avon. Fue hijo de un próspero comerciante y de Mary Arden, hija de un terrateniente católico. Los biógrafos destacan esto de católico por tratarse de que el cristianismo romano era en ese tiempo una situación excepcional, debido a la reforma protestante instituida desde el trono de Inglaterra. 52 años más tarde, el 23 de abril de 1616, sería enterrado en ese mismo templo de Stratford.

De creencias religiosas cristianas muy cerca a Roma, su vida en la corte de Inglaterra, donde se encontraban los mecenas tanto para artistas como para financiar las representaciones de sus obras, fue difícil. La reina apoyaba a los grupos de teatro pero los puritanos perseguían a la gente de teatro por considerarla de moral relajada. La desinhibición necesaria para la gente de teatro la tomaban como degeneración de las costumbres de la sociedad en general. Este fue el ambiente político y cultural en el que se movió Shakespeare:

“Los puritanos actuaban conforma a los preceptos de Lutero o Calvino y defendían unos valores morales muy estrictos. Pronto los puritanos  ingleses pusieron  sus miras en acabar  con los espectáculos y las funciones teatrales, por encontrarlos moralmente despreciables. A partir de 1590 la influencia puritana en las provincias inglesas se agudizó  y este aumento se apreciaba  especialmente en Londres” ( Shakespeare, Má. José Rodríguez, Edimat, Libros, S.A.)

Durante el reinado de Isabel I, el tiempo de Shakespeare, las obras de teatro, los inmuebles y el ambiente fueron propicios para el arte de la representación teatral. Se le conoce como la época del teatro isabelino. Si bien las condiciones generales  del reino dificultaban el libre desarrollo de la representación teatral. El padre de Isabel I fue Enrique VIII que protagonizó una ruptura tajante con Roma.






Parte de la biografía de Shakespeare posee, al igual que todos los grandes poetas, un gran poder de síntesis; escribía con todo el idioma y contaba con un léxico matizado y extensísimo. Cuidó la estilización retórica de su verso blanco, con frecuencia algo inserto en la tradición conceptista barroca del Eufuismo, por lo que en la actualidad es bastante difícil de entender y descifrar incluso para los mismos ingleses; rehuyó sin embargo conscientemente las simetrías retóricas, las oposiciones demasiado evidentes de términos.   Su estilo es el asiento sobre el que reposa su fama y prestigio como pulidor e inventor de neologismos comparables a los de otros dramaturgos y poetas de su época de renombrad a trayectoria, como los españoles Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Luis de Góngora









De Calderón de la Barca La vida es sueño



Los antiguos amigos y los antiguos enemigos se han unido en el vituperio.


¿Otra vez quieres que sueñe grandezas que ha de deshacer el tiempo?


“Yo sueño que estoy aquí/ destas prisiones cargado,/ y soñé que en otro estado/ más lisonjero, me vi”.
Este año se cumplen  375 años de haber sido editada por primera vez La Vida es Sueño. La obra, multicitada pero en realidad poco leída, es un portento de filosofía expresada en verso. El llamado “verso calderoniano” lleno de metáforas e imágenes retóricas. El panorama cultural español en el que tuvo lugar fue el Barroco. Se trata de uno de los más bellos poemas que ha propiciado y “producido” la humanidad. No basta con hacer sino que hay saberlo captar para describirlo. Y esto es lo que hace  Calderón de la Barca.
Se refiere a lo real y a lo falso de las cosas y a los hechos. Un panorama social donde la realidad es llevada y traída por los más encontrados intereses. “¿Tan parecidas a los sueños son las glorias,/ que las verdaderas que son/ tenidas por mentirosas,/y las fingidas por ciertas?”

Pero no es el tema del empirismo sino de la libertad. ¿Cómo considerarse libre si al despertar tenemos enfrente un panorama existencial y social que nos lleva para acá y para allá? ¿O cuando estamos soñando, lo antes vivido nos lleva dormidos,   por otros rumbos? Y ya despierto hay cuestiones contra las que soy impotente imponiéndome un estilo de vida con el que no estoy conforme. Sobrepeso, neurosis, hábitos patológicos como el fumar, beber, etc. Todo eso es más fuerte que mi cacareada libertad. ¡Hasta de mis hábitos buenos soy esclavo para no caer en los malos!

Estamos programados genéticamente para ser libres pero, si estamos programados ya no somos libres. ¡Pura ilusión que somos libres! ¡El cielo me traza un camino y la genética me traza también un camino! Las cadenas que tiene prisionero a Segismundo, el personaje central, en una celda del castillo de Polonia, son una metáfora de sus arranques destructivos. Todos estamos prisioneros en nuestro castillo de Polonia aunque vivamos en la ciudad México, la de Nueva York,  la de Buenos Aires, la de la Habana, la de Toronto, la de  Berlín…

Del castillo de Polonia Segismundo es sacado para que asuma el papel de soberano. Recibe muchos aplausos y comete numerosos errores. Después hace la guerra al rey, su padre, y lo vence.  Vuelven a levantarse los aplausos. Aquí es donde Segismundo asume la experiencia de la primera. Es cuando Segismundo se detiene pues conoce ya la volatilidad de los aplausos.

La obra es actual más que nada. Cuando escuchamos declarar en la televisión a multi asesinos que asaltaban bancos porque “les gustaba vivir bien”. Se la pasaban años escondidos de la justicia, eran localizados, seguían años en la cárcel de donde volvían a escapar para esconderse  otros años y, vuelta a ser apresados. Así Segismundo fue regresado a su celda del castillo de Polonia (o volvimos a caer en el hábito de fumar o en el sobre peso) y  Calderón de la Barca dice: “Que vida infame no es vida”.

Pero también hay filosofía en la obra. Los poetas nahuas se preguntaban simplemente: “¿Vivimos o sólo soñamos?”  Calderón dice: “La vida es sueño, y el sueño es al despertar como la vida al morir”. En la primera experiencia Segismundo tiene empañada la razón   a través del poder. En la segunda experiencia hay una cierta conversión y busca actitudes que trasciendan a base de apoyarse en valores positivos para el individuo y para la sociedad, dentro del orden establecido.

Uno de sus biógrafos dice: “Segismundo es la personificación sucesiva de dos grandes posturas del hombre ante el ejercicio del poder político. La primera es la concepción de la vida como soberbia, y sirve de fondo a toda la primera época de Segismundo, traduciéndose prácticamente en el maquiavelismo con que actúa el príncipe...La segunda es la concepción de la vida como sueño, que logra derrocar a la anterior por el triunfo del desengaño, y sirve de base definitiva a toda la época posterior de Segismundo, inspirando el prudencialismo de su política”

Tenía 35 años de edad el poeta cuando vio publicada la obra a la que nos estamos refiriendo. Ignoramos cuánto tiempo necesitó para gestarse en su alma, en su experiencia y en su técnica literaria. Tuvo que pensar mucho en la persecución que los hombres hacen del poder, ejercerlo, escuchar los halagos y los embriagantes aplausos y...después perder todo eso. Los aplausos se los ha llevado el viento y en su lugar queda el silencio. Peor aun: los antiguos amigos y los antiguos enemigos se han unido  en el vituperio...Un ejemplo. Los presidentes de México, del último tercio  del siglo veinte, fueron aplaudidos hasta la absurdidad. En la actualidad son vituperados hasta la saciedad…

 Dos soliloquios, de Segismundo, ilustran la obra. Cuando tiene el poder:”Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando,/disponiendo y gobernando;/y este aplauso, que recibe/ prestado, en el viento escribe,/ y en cenizas le convierte/ la muerte...”. Cuando es aclamado para que ejerza otra vez el poder Segismundo exclama casi espantado: “ ¿Otra vez queréis que sueñe grandezas/ que ha de deshacer el tiempo?/¿Otra vez queréis que vea/ entre sombras y bosquejos/ la majestad y la pompa/ desvanecida en el viento?”

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681). Dramaturgo español. Se le considera el último de los grandes clásicos de su país. Estudió con los jesuitas del Colegio Imperial de Madrid y luego en Alcalá y Salamanca.

SARAMAGO EN LA CAVERNA

Lo que queda de todo este desastre, provocado por las leyes del mercado global, es el amor. Pueden permanecer los individuos en su lugar de origen ( y procurarán hacerlo a toda costa) o ser unos desarraigados en contra de su voluntad. De alguna manera la obra nos recuerda a “Viñas de Ira” de Steinbeck o "Atormentada Tierra" del mismo autor. Y al Pentateuco y a los dioses del Popol Vuh.

Las artesanías son desplazadas por los productos industriales. La tradición milenaria, en realidad millonaria, de la alfarería, deja de ser requerida por el “Centro” y en su lugar vende platos y vasos de plástico. Todo un ambiente de diseño, modelado, vaciado y fabricado, con barro  en el horno que se calienta con leña, se va a la basura. Y junto con ello se va también la gente que hasta entonces vivía de eso y para eso. Su modus vivendi y su filosofía. Su manera de llenar el día y conciliar el sueño por las noches. ¡Se acabó! Ahora es obligada a cambiar de giro. Hay que adaptarse a los nuevos tiempos y a las recientes técnicas, dicen en el enorme Centro comercial que es donde compran o rechazan los productos de los artesanos. Millones de individuos no podrán sostener el ritmo...

Cipriano Algor, el alfarero, y su hija Marta, hacen otro esfuerzo por ponerse al día. En lugar de fabricar cazuelas y ollas de barro, modelan figuras antropomorfas. Inicialmente les hacen un pedido de varios miles de piezas. Pero más de la mitad se les quedan en el horno cuando están en la etapa de cocimiento. Es cuando les dicen en el Centro que no quieren el pedido..

Son figuras que se quedan a medio hacer. Incompletas. Así debió ser Dios, como el alfarero, dice Cipriano Algor. Y en efecto, la novela se llama La Caverna pero bien pudo llamarse “la Casa del Alfarero”, como se conoce al Dios de los judíos de los tiempos de Moisés. O también pudo llamarse con algún nombre de la región del Quiché. También los dioses mayas  crean cosas y en más de una vez las desechan porque van en busca de algo diferente. ¿ Quien sabe si ya las encontrarían o nosotros mismos seamos intentos dejados de lado?...


Cipriano Algor, Marta y su yerno Marcial Gacho no se contarán entre los bien logrados... Ellos son material del intento ese que acaba de ser abandonado, desechado, como las figurillas inconclusas dentro del horno. No son los personajes de la Caverna de Platón que ya están casi en el exterior y los cuales son inundados de la luz del exterior. O de la sabiduría o la plenitud. Las fuerzas del mercado han convertido a la familia Algor en criaturas del fondo de la cueva, esos que se mueven en la oscuridad.

En el panteón Cipriano Algor conoce a Isaura Estudiosa, que también, como él, es viuda. Al final deciden vivir juntos. Así es como llega el día que los cinco echan algunas cosas en la vieja furgoneta y abandonan todo. Ahí ya no hay trabajo ni esperanza de sobrevivir. Echan a andar sin rumbo. No lo dicen pero tal vez sean suramericanos que se vienen a México. O mexicanos que se vana Estados Unidos. O, como en la novela de Steinbeck, desocupados del oeste que se van al este...

Al final hay algo que los conserva como grupo y es el amor entre todos y con sus respectivas parejas. El quinto elemento es un perro. Le pusieron por nombre Encontrado porque, al igual que ellos ahora hacen, vagaba sin rumbo y ellos acabaron adoptándolo como parte de la familia...

Marta Algor va embarazada. Es así como el mundo obsoleto se renueva a través del tiempo. Pero las finanzas globales del mercado ya esperan a esa criatura para hacerlo que también consuma. Ser filósofo o científico o poeta  no sirve de nada. Seres obsoletos. Lo importante es que consuman...

T.Williams y la Gata sobre el tejado caliente

La gata sobre el tejado de zinc caliente
Autor:Tennessee Williams
Editorial Millenium
Prólogo de Antonio Álamo
93 páginas
1999

La herencia familiar (en dinero e inmuebles) es una prueba que pocos pasan

Alcohólico y, quizá homosexual, el personaje Brick Pollit es probablemente el alter ego de Tennessee Williams, autor de la obra. Esta novela,   más bien un libreto para la escena de teatro,  mereció dos premios: el Pulitzer y el de la Crítica.  Trata un asunto familiar que hace medio siglo (se publicó en 1955) causó mucho alboroto en la sociedad norteamericana pero que, salvo el innegable mérito del escritor, ahora pasaría como uno de tantos vulgares guiones de la televisión comercial mexicana.

Una familia entra en una inusitada actividad de intriga, envidias y patadas en las espinillas porque el padre, dueño de una considerable fortuna y nada menos que de una plantación cuya extensión mide 28 acres del mejor  terreno en el delta del Misisipi, está a punto de morir de cáncer. ¡Y no ha hecho el testamento!

Son dos hermanos Gooper y Brick y sus respectivas esposas, Mae y Margaret. Es gente que no se anda por las ramas sacándose la lengua. El jaque mate por delante: Gooper y Mae tienen cinco hijos y otro que está por nacer. Además Gooper es abogado. Brick, en cambio, es alcohólico. Otrora un gran deportista pero que ahora es por completo indiferente a todo, incluida su esposa Margaret con la que ni siquiera se acuesta.  Margaret, además, no tiene hijos. El alcoholismo de Brick hace que duerman separados y una cierta incapacidad en la biología de ella no le permiten concebir. En un momento ella le dice a Brick: “No estoy viviendo contigo. Ocupamos la misma jaula”. No hay duda  de quiénes son los que  van a  aparecer favorecidos en el testamento. El padre se inclina por Brick pero no ve claro. Alcohólico, tal vez homosexual, y sin hijos...

Es cuando se revela el carácter y la voluntad de Margaret. La vida la ha colocado en la posición más difícil. Exactamente como se encontraría una gata arrojada sobre un techo de láminas metálica que estuviera muy caliente:”Me siento todo el rato como una gata sobre el tejado de zinc caliente”, dice.
 Y cuando el otro matrimonio echa las campanas al vuelo,  poniendo por delante su fertilidad, y por otro lado la esterilidad de Margaret, ésta anuncia que está embarazada. No le creen pero ella sigue sosteniendo su verdad. Finalmente hace que el otro matrimonio entre en duda y vea que ha sido derrotado. La herencia se irá para con Brick, el hijo favorito y que ahora, finalmente, va a tener descendencia.

No es cierto que Margaret vaya a tener un hijo pero se propone concebirlo para esa noche. Ha ido a ver al ginecólogo y le dice que es su día fértil. Le esconde las botellas de licor a Brick al tiempo que le dice: te las devolveré hasta que haya pasado esta noche. Cuando esté embarazada  los dos nos emborracharemos celebrando mi embarazo. Y como Margaret es bella, está buena y tiene un temperamento de esos que, proponiéndoselo no deja escapar ningún espermatozoide, el otro acepta. Un alcohólico es capaz hasta de acostarse con su mujer con tal de recuperar su botella de licor. Por lo demás, una de sus frases de Margaret es que “El fuego no se apaga si no nos enfrentamos a él”.

En realidad la herencia para Margaret está en segundos planos. Lo que  la hace tomar esa decisión es el gran amor que siente por su marido, aunque sea un alcohólico y tal vez homosexual. Pero hay algo más de fondo. Quizá  su esterilidad se deba a cierto sentimiento de inferioridad de Margaret frente a Brick. Pero cuando se da cuenta que, el otrora fuerte atleta ahora es un ser no tan fuerte, le dice: “Solía pensar que eras más fuerte que yo y no quería que me dominaras. Pero ahora, desde que das a la bebida...soy más fuerte que tú y puedo amarte auténticamente”. Para ella todo está en función de amarlo, no de dominarlo. Y en toda la obra no se encuentra una sola mención que ese amor sea una inclinación masoquista por parte de Margaret.

Si sale  a relucir lo que algunos sociólogos han escrito de los norteamericanos en el sentido que en esa sociedad la mujer es la que dice y los hombres los que hacen. La obra termina con estas palabras de Margaret hacia su querido marido: “Ah, vosotros los débiles, vosotros, débiles y hermosos...Los que abandonáis...Los que queréis es alguien...que se encargue de vosotros...dulcemente, dulcemente, ¡con amor! Y ...yo te quiero de verdad, Brick,¡te quiero!”

No hay final feliz en esta obra. Se trata de un mundo familiar que se pudre día con día. Sólo Margaret, con su gran voluntad, su enorme amor por el marido y su anhelo de tener un hijo, puede revertir todo. Pero, en tanto no lo logre, esta gran mujer se encontrará como una gata sobre el tejado de zinc caliente...

Malcolm Lowry Bajo el Volcán

Bajo el Volcán
Autor:Malcom Lowry
Editorial Era
1985
403 páginas


Geoffrey Firmín, uno de los personajes centrales de esta novela, es un alcohólico convencido y de tiempo completo. En toda la obra le vamos a encontrar exclamaciones como ésta: “¿Qué belleza puede compararse a la de una cantina en las primeras horas de la mañana?”. Para escribirla, el autor debe ser  alcohólico y el lector, para comprenderla en toda su dimensión, también debe ser alcohólico. Nadie que no sea alcohólico puede poseer la clave para penetrar este misterio.

Más adelante el Cónsul (Firmín) exclama confirmando su anterior pensamiento: “Bebe toda la mañana, bebe todo el día. ¡Esto es vivir!” No quiere tener contacto con el mundo que, siente, se derrumba y construye su propio mundo, que no es otro que la cantina en la cual se encuentra a gusto: “Aquí estaba a salvo: era éste el lugar que amaba: el refugio, el paraíso de su desesperación… ¡Ah, cómo echaría  de menos, por doquier que fuese, aquellos ardientes sorbos solitarios que tal vez eran los momentos más felices de su vida”.

Geoffrey Firmín, como todo alcohólico, tiene su coartada. En este caso es de dimensiones histórico- sociales. El hundimiento de la República Democrática  Española y la inmensa catástrofe de la Segunda Guerra Mundial (decaimiento que es un puro pretexto   pues debería estar lleno de júbilo, como inglés, y por lo tanto perteneciente al bando central de los vencedores).
Otra coartada: el alcoholismo es un anestésico cultural. Hugo, otro personaje, se refiere a Geoffrey en estos términos: “De nada serviría  desintoxicarlo por uno o dos días. ¡Por Dios! Si nuestra civilización  tornara a la sobriedad por un par de días, al tercero moriría de remordimiento”.
Aun hay otra coartada y es su matrimonio fracasado con Ivonne Griffaton.

Y bajo la manga tiene otra coartada más para  justificar  su alcoholismo. Es su irremediable escepticismo ante el espectáculo que no se puede ser eternamente joven:  “Porque en menos de cuatro años que transcurrían con tal rapidez  que el cigarrillo fumado hoy parecía haberse fumado ayer, tendría treinta y tres; en siete más, cuarenta: y en cuarenta y siete, ochenta. Sesenta y siete años  parecía un plazo  cómodamente largo, pero entonces tendría cien”

Todo se desarrolla en un ritmo donde pareciera que el tiempo no existe, o al menos no importa, en la ciudad de Cuernavaca. El relato empieza el Día de Muertos de 1939, en el Hotel Casino de la Selva. M.  Laurelle y el doctor Vigil, otros alcohólicos de tiempo completo de la novela, se meten a una tenducha. Para entrar al segundo cuarto, que es en el que venden bebidas fuertes, hay que hacer a un lado una cortina mugrosa  que sirve de puerta.

En el más puro estilo puritano, el segundo cuarto es el submundo a donde va a parar sin remedio todo lo que se sale de armonía. Aquí no hay reconstrucción posible  como en el cristianismo ortodoxo. Aquí nada más existe el no retorno. La obra está plagada de estas metáforas de  luz y  sombra, lo alto y lo bajo.

En sus numerosas referencias al Popocatépetl, que observa desde el valle de Cuernavaca, Geoffrey se refiere a la cumbre blanca llena de luz pero también a la “barranca”. Siempre la barranca, la oscuridad, el submundo que no regresa porque nunca se ha ido y que envuelve su alma atormentada. La barranca que espera y lo envolverá con su manto pero, en tanto ese momento llegue, es necesario anestesiarse con alcohol.

En el lado oeste de la base del Popocatepetl está realmente la impresionante barranca de Nexpayantla, profunda y de varios kilómetros de extensión hasta terminar cerca del pueblo de San Pedro Nexapa. Siempre es salvajemente bella  y en ocasiones, cuando se cubre de nieve, el espectáculo es paradisíaco. Pero como está debajo, más allá de la base del volcán, Geoffrey lo imagina, en su locura puritana y alcohólica,  como el submundo al estilo de la gruta donde se mete Eneas después de la caída de Troya, que relata Virgilio. O la otra gruta que nos cuenta Dante, llena de diablos y monstruos malditos. Así es para Geoffrey la bella barranca de Nexpayantla. Escribe:
“Por la ventana, el Popocatépetl, se erguía con su inmensa falda…su cima cubría el cielo, y se alzaba sobre la cabeza del Cónsul, y directamente en su base estaba la barranca…Por algo los antiguos situaron el Tártaro bajo el monte Etna y en su interior al monstruo Tifeo con sus cien cabezas y sus ojos y sus voces temibles”.

Se dice que la novela Bajo el Volcán es una obra maestra de la narrativa del siglo veinte. Malcolm Lowry, el autor, nació en 1909, en New Brigton y murió en Inglaterra en 1957. Comenzó a escribir esta novela en 1934 y, luego de reescribirla en tres ocasiones, fue editada en 1947.  Lowry fue un  novelista conquistado por México, al estilo del alemán Bruno Traven. Pero también por el mezcal de Oaxaca.

Las postreras líneas de esta gran novela son para referirse, para que Geoffrey  siga refiriéndose, al mundo destruido sin remedio de su imaginación alcoholizada: “Alguien tiró tras él un perro muerto en la barranca”. ¡Otra vez la barranca! Y más adelante el jardín de una casa tenía un letrero: “¿Le gusta este jardín que es suyo? ¡Evite que sus hijos lo destruyan!”. Se trata de un loable deseo para otros, pero el mundo de él ya estaba destruido sin remedio.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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