J.WAHL, LO INMEDIATO


 

 


Hay inmediato porque hay mediato. Eso creemos.

Inmediato, lo instantáneo, mediato lo estable.

La síntesis, antes que parezca que el asunto se enreda, sería: lo inestable y lo estable. La concreción y lo concreto.

El punto en discusión es cuál fue primero, la concreción (las partes) o el todo.

Aunque no se crea, esto ha traído de cabeza a los filósofos desde los tiempos de Platón.

Vemos todo tan encantadoramente sencillo cuando consideramos lo inmediato y lo mediato. Lo primero y lo de después.  

Las voces comunes son cuando decimos “Hagamos esto inmediatamente” o bien “Esto lo dejaremos para después.” Ni idea tenemos que caminamos sobre terreno minado desde el punto de vista de los filósofos.

Dicho de otro modo, estamos en el terreno de  lo abstracto y lo concreto.

Para no perdernos, escuchemos a Wahl la definición de abstracto y concreto: “Abstraer  es sacar una parte de un todo; lo concreto es el conjunto de las propiedades pertenecientes al todo cuando todas las partes están unidas entre sí.”

Jean Wahl, Introducción a la filosofía, capítulo X, Fondo de Cultura Económica, México, 1988

Como en mucha cosas, Platón parece haber sido el primero que empezó a considerar lo inmediato. Lo inestable, lo cambiante.

 (No es lugar aquí para mencionar las influencias que tuvo Platón para desarrollar el tema)

Aunque de manera inexacta, a Platón se le suele considerar entre los “abstraccionistas” porque dijo que todo  cambia,   de manera tan incesante, que no hay modo de pensar en algo estable.

Hay juego libre para ambas hipótesis, mejor dicho sendas teorías.

Podemos imaginar que este planeta se formó a base de concrescencias. Meteoritos o algo así que se fueron impactando y fundiendo y haciendo un todo. Serían las abstracciones que hicieron un todo concreto. O, en contra tesis,  un todo concreto del cual fueron desprendiéndose las partes, las abstracciones.

“El término concreto no es del todo satisfactorio en este sentido, porque parece implicar una agrupación posterior de cosas primariamente separadas.”

También una serie de sectas religiosas que llegaron a conformar una religión amplia y fuerte o, bien, de una religión estable se fueron desprendiendo sectas, o sea abstracciones.

“Los verdaderos partidarios de lo concreto son precisamente aquellos  que dirían que lo concreto es anterior a todas separaciones o abstracciones practicadas en él.”

Una cita de Wahl nos da la idea de cómo ha cautivado la atención de los filósofos, unos por lo inmediato y otros por lo mediato, de todos los tiempos, esto que para nosotros, en la calle, nos parece tan simple y tan sin implicaciones que pudieran extenderse a otros campos como la física(átomos-moléculas), planeta-meteoritos, dictadura-anarquía, aristocracia-democracia, etc.

“Hay aquí un conflicto entre filósofos como Platón (según se le interpreta corrientemente), Descartes, Spinoza, Malebranche, los hegelianos, Hamelin y Bradley, por un lado, y Hobbes, Hume, Kierkegaard, y Bergson, por otro. En cuanto a Aristóteles y Leibniz, no pueden clasificarse en ninguno de los dos grupos que acabamos de hacer, aunque no son partidarios de lo concreto en el sentido de los empiristas o de los bergsonianos, tampoco son partidarios de las abstracciones concebidas por Platón, según se le entiende corrientemente, o por Spinoza.”
 
Dibujo tomado del libro
La psiquiatría en la vida diaria
de Fritz Redlich, 1968
 
Parece que al final nadie, de los racionalistas y empiristas, tendrán la última palabra:

“Uno de los rasgos de la filosofía del futuro será probablemente su insistencia en lo concreto, concebido como una totalidad en el sentido en el que  lo concibió Hegel, como una totalidad empírica. Tal  filosofía se opondrá, pues, tanto a los racionalistas cuanto a los empiristas: pues los últimos insisten más bien en lo particular y los primeros en lo universal.”

Al final el mismo Wahl parece decidirse, por la pluralidad, como se cree que lo hizo Platón, es decir, por el efecto “concrescencia” y no por lo singular que todo lo abarca:

“Concebimos un concreto dado en y por la experiencia, producto de su propia concrescencia y no del desarrollo de un Idea única  que impregna el todo.”

Wahl
 “Jean Wahl nació en Marsella, en  1888. Falleció en París en 1974. Filósofo francés. Tras ejercer como profesor en EE UU, regresó a Francia (1945) para enseñar en la Sorbona y fundó el Colegio Filosófico de París. Es recordado, sobre todo, por su estudio sobre La desdicha de la conciencia en la filosofía de Hegel (1929). Otras obras a destacar son, entre otros títulos, Filosofías   pluralistas de Inglaterra y América (1920), Hacia lo concreto (1932) e Introducción a la filosofía (1948).” WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

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Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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