Ganar la carrera imposible





Estoy listo para la “Gran Carrera de los Noventa Centímetros de Cintura”. Esta mañana me he puesto los tenis, los cortos y la camiseta. He cambiado egos por centímetros.

 No había calibrado antes la realidad. La carrera inolvidable es la que tiene como meta alcanzar los noventa de cintura. Esto me vuelve a poner en la idea que  en toda justa deportiva buscamos ganar a los otros que también participan en la carrera.  Como digo: es la carrera de los egos. Lo mismo si se trata de  deportes de competencia  que deportes por la salud. En ocasiones  logro llegar primero a la meta o ya de perdis en los primeros cinco lugares. Pero, ¿saben qué? lo más difícil es vencerme  a mí mismo.

A estas alturas ya no sé si “mí mismo” soy yo o es otro. Lo digo porque en las fiestas de fin de año yo quería seguir con mis hábitos sobrios pero algo fuera de mi control me hacía comer tamales más de la cuenta. En enero veo que la cinta métrica es implacable y no baja. Por más que suspendo mi respiración a la hora de medir en derredor de mi abdomen los noventa y siete no retroceden. Ya he tenido que recorrer otro tanto a mi cinturón. En fin de año abundaron los tamales, las barbacoas, los pozoles y las bebidas dulces de todo tipo. Y una que otra chela. Para que voy a decir que no si sí. ¡Deliciosas! Pero ahora la cinta métrica se ha recorrido hasta los noventa y nueve.

  Empiezo a pensar que todo esto es un plan del sistema para  que no llegue a la jubilación. La primera trampa fueron las malditas y truculentas Afores. Ahora los noventa y nueve centímetros. El panorama se presenta negro y ya veo venir sobre mí todo un rosario de enfermedades producto del sobrepeso. ¿De qué sirve ganarle a los otros si sigo barrigón. ¿Para qué le voy a servir  a mi familia, a mi universidad, a mi sindicato, a mi empresa, y a mi sociedad?

Sigo llegando en los primeros tiempos a la meta de la carrera pero le estoy exigiendo más a mi organismo. El corazón, las piernas y los pulmones hacen más esfuerzo porque ahora ya peso más. Después de Navidad y Año Nuevo siguió la rosca de Reyes. Y todavía me esperan los tamales y los atoles del dos de febrero. El problema no es comer, el problema es no moverse. Es una manera de decir porque la verdad es que necesito saber comer. Y con mis hábitos de comer y no moverme no voy a llegar muy lejos. Ya no digamos a la jubilación pero ni siquiera al próximo quinquenio.

  Más yo sé cuál es la solución contra este Apocalipsis pozolero, panadero, tortillero y tamalero. Caminar. Dejar en ochenta por ciento el uso del automóvil o del trasporte público.
Sí, caminar por las calles, los parques y si es posible por los senderos de la media montaña o por el llano fuera de la población, de población en población.

No necesito más para recomponer el caos del sobrepeso.

Cayo Petronio y la leyenda del Hombre Lobo

Kant, Schopenhauer, Bakunin, Marx, Nietzsche...por orden de aparición. Representantes del pensamiento secular. De ahí mil variantes del razonamiento práctico. Y, sin embargo, esa misma cultura, la occidental, cree en el Hombre Lobo.
Recientemente Jack Nicholson protagonizó el film “Lobo”. Se mueve en el mundo moderno de Estados Unidos. Actuación que corresponde a este destacado artista. Todos recordamos el montón de filmes que se han rodado y exhibido con ese tema desde hace mucho tiempo. Algunos logrados, que se podían ver, otros de plano churros.  Hasta el cine mexicano le ha entrado al tema. Pero no se trata de ninguna puntada que haya inventado la industria cinematográfica. Como si esta pudiera inventar algo que no vaya más allá de la distorsión  histórica   y el empobrecimiento cultural de las masas.

Ya en El Satiricón, de Petronio, aparece el tema del “Hombre Lobo” con todos los elementos de las películas mencionadas. Sería más preciso decir que el trabajo de Petronio ha servido de base a la industria cinematográfica. Petronio, se recordará, fue contemporáneo de Nerón, el famoso emperador romano. Estamos hablando, entonces, de 2 mil años. Se trata de un relato acabado. Tiene todos los visos de cosa verdadera. Esto hace pensar que el origen de tal leyenda se pierde en la historia. Y no sería exagerado creer que arranca del mismo panorama paleontológico.

Cayo Petronio, elegante poeta del estoicismo, ofrece el siguiente relato: dos amigos se dirigen a través del campo  a la casa de una familia conocida. El camino los lleva a tener que atravesar por un cementerio. Uno  de ellos se detiene un poco. Cuando el otro voltea ve que su compañero  “... formó un círculo de orina en derredor de su ropa y al instante se convirtió en lobo. No os creáis que os gasto una broma; yo no diría una mentira por todo el oro del mundo...Cuando se hubo trasformado en lobo empezó a aullar y desapreció del bosque”.

Más adelante llega al lugar que ambos se dirigían, le comentan que un lobo había atacado la noche anterior a los animales del corral de la casa, alguien lo enfrenta y el amigo apareció herido, el médico lo atiende y el otro concluye que se trata de la trasformación que él había presenciado.

Como se ve, el asunto es parecido a nuestra creencia del nagual mexicano. Es decir, un humano que se trasforma en fiera. El principio y la finalidad de ambas metamorfosis difieren, pero los rasgos generales del asunto se parecen. Nuestros humanos- naguales (hombres y mujeres) aun existen en el campo mexicano y en  las montañas próximas al Distrito Federal. Se dice que tienen una trasformación mediante un intenso proceso mental hasta alcanzar los mundos de la metafísica. Su finalidad es tratar de remediar algún entuerto que padece la gente.

 En el caso del Hombre Lobo, de los occidentales, se trata de una trasformación bestial que tiende a seguir instintos animales sin otro fin que matar y devorar, como corresponde a un lobo. Si hay alegoría, sería recordar el submundo instintivo que llevamos  a cuestas. En especial  cuando hay luna llena  (alcohol,marijuana,), etc. Y de hecho no nos costaría mucho trabajo aceptar que ya no es necesaria la metamorfosis  aquella de que salgan pelos hasta cubrirnos el cuerpo. Las ciudades están llenas de cada ejemplar que asustarían a los mismos  lobos.


Cuando Nicholson siente que la mordida que le dio aquel lobo, en la carretera, empieza a trasformarlo, acude a la ciencia médica. Esta acaba por remitirlo con una especie de sahaman blanco. Doctor y toda la cosa pero que pronto se ve que tampoco va a poder hacer algo por aliviarlo. Ante el desconcierto del mordido, el doctor ofrece una frase interesante: “ Hace apenas 25 mil años que dejamos la jungla”. Muy científicos, muy racionalistas, muy espirituales, pero el paquete antropológico supervive en alguna parte de nuestros ser. Apenas hace 5 mil años se inventó la rueda, la ciudad más antigua no tiene más de 10 mil años, antes, la edad de piedra y, entre tanto, la selva...

La película “Lobo” tiene un final feliz pero original. No es como el monstruo Frankstein que se pierde en la soledad  ártica exigiendo a su creador, el doctor Frankstein, que le haga una compañera como él. Tampoco es Drácula que vive solo en sus fríos castillos balcánicos a través de los siglos. Nicholson ya no puede volver a su forma antropoide y adquiere definitivamente el aspecto y la naturaleza de lobo. Pero tras él va una güera, hermosa y decidida, que lo ama y que buscó a través del contacto sexual con el Hombre Lobo, volverse loba. Y como el instinto y el amor van más allá de muchas cosas, ella también se interna en el bosque buscando a su lobo Nicholson.

Ovidio, en Las Metamorfosis, se refiere con anterioridad a Cayo Petronio, al Hombre Lobo. En principio lo relaciona con los asesinos de Julio Cesar: Bruto, Casio y sus complices: "todos se estremecieron  y se llenaron de cólera pidiendo el castigo  del que a tal se ha atrevido...Más adelante se refiere concretamente a Licaón, personaje que encarnará al Hombre Lobo. Licaón invita al dios Jupiter a comer.  Quiere cerciorarse que en verdad es Jupiter y le pone la prueba de darle, como platillo, carne de humano, de un prisionero que acaba de degollar.Pero Jupiter descubre sus intenciones: " Con la espada corta la yugular de uno de los rehenes que le habían sido entregados...ablanda parte de sus miembros palpitantes en agua hirviendo, asando la otra parte en el fuego. Y en el momento en el que lo puso sobre la mesa, yo, con el vengador rayo, derribé la casa sobre su dueño...Aterrorizado se escapó y, al alcanzar la llanura silenciosa, se puso a aullar y en vano intentó hablar. Su boca concentra la rabia  que lleva dentro de sí mismo y emplea su desordenada pasión de matanza con el ganado y aun se goza en esa sangre. Sus vestidos se transforman en pelos, sus brazos en patas, pues se convierte en lobo...brillan los mismos ojos, es la misma imagen de la ferocidad."

LA CUEVA DE ALTAMIRA Y EL ETERNO RETORNO



Título: El arte en la época glacial
Autor: Herbert  Kühn
Editorial Fondo de Cultura Económica
Agosto 1971


En 1868 se descubre la cueva de Altamira, en una somera  colina en Santillana del Mar, España. Tiene pinturas de enorme calidad artística, de la época glacial, con una antigüedad de hasta 40,000-30,000 años. Leído así, esto parece no decir algo especial. Pero, si se le observa con detenimiento, o en el contexto del siglo diecinueve, se encontrarán contradicciones que los científicos de de época no saben cómo abordar.

La lectura literal de la Biblia dice que el principio de la vida, al menos la antropomorfa, tiene unos 6 mil años. ¿De dónde salieron esos 40 mil años?

Por otra parte, el gradualismo de la teoría de Darwin dice que primero está lo sencillo y después de una larga peregrinación, lo evolucionado. ¿De dónde salieron esas pinturas propias del impresionismo, del siglo diecinueve?: “Y la base de esta teoría es el concepto de que lo primero tiene que ser lo más sencillo, y todo lo avanzado, lo complejo, ha de  ser posterior”. Según esta teoría de Darwin , los dibujos deberían ser como los de un niño recién dejada la lactancia.

En el siglo diecinueve  el impresionismo es una corriente artística que libra su más fiera batalla para afianzarse como lo más avanzado entre el mundo artístico de Francia. Son los mismos rasgos, que los dibujos de la cueva de Altamira, igual movimiento, idénticos colores, las luces, las sombras que quedan en el primer plano o por detrás de la figura...  “Precisamente a los darvinistas, como entonces se llamaba a los defensores de la evolución, del desarrollo, no podía convencerlos la perfección artística de las figuras de Altamira”.

Pronto se encuentra la solución: las pinturas son falsas. Los impresionistas se metieron a la cueva y empezaron a pintarla. Alguien quiere vernos la cara de tontos a los especialistas. Así se declaraba en el Congreso de Antropología y Prehistoria, realizado el 11 de marzo de 1882 en Berlín. Y por varias décadas, la cueva es satanizada y se hace lo posible por olvidarla.

¡Lástima! Se hubiera tratado de la más portentosa cueva en términos de hallazgos encontrados en su interior y con la calidad ya anotada! ¡Más aun que la de otra formidable cueva, que luego se descubrirá, llamada  “Lascaux” “De todas las grutas ornamentadas, la de Altamira es la más extraña y la más impresionante “.

Pero no es todo. En torno de la cueva hay dos tragedias humanas. El dueño de los terrenos donde se ubica la cueva, Marcelino Sautuola, que ha comunicado la presencia de las pinturas a los hombres de ciencia, ha pasado como un mentiroso. El Congreso que sentenció que las pinturas eran apócrifas, lo declaró tácitamente como un embustero. Lo que esto pesó a lo largo de toda su vida (murió 20 años después del descubrimiento) lo encontramos en que sus ultimas palabras fueron pronunciadas para decir que las pinturas eran autenticas, que él no era ningún mentiroso.

Edouardo Harlé, fue tal vez el principal impugnador de la veracidad de las pinturas de Altamira. Era ingeniero de puentes y caminos. Como se encontraba con frecuencia figurillas labradas y tiestos con pinturas antiguas, en los terrenos que removía en el campo, llegó a ser un gran aficionado a la antropología. De esta manera influyó en hombres de ciencia que tampoco creían en la antigüedad tan remota de las pinturas. ¡El planeta seguía teniendo 6 mil años!

En las décadas siguientes otras cuevas fueron descubiertas en la región de los altos Pirineos. En su interior se encontraron pinturas que correspondían al estilo de las de Altamira. La autenticidad de ésta por fin estaba fuera de duda, pero había sido tan satanizada en aquel Congreso de Berlín que nadie se atrevía a mencionarla.

El abad  Jesús Carballo, que después sería el encargado oficial de la cueva de Altamira y director del Museo Prehistórico de Santander, le repetiría en cierta ocasión a Herbert Kühn, el autor de este libro al que nos estamos refiriendo, las palabras que Edouardo Harlé le comunicara: “Querido amigo, ha pasado un cuarto de siglo desde mi equivocación de 1880, y no puede olvidarla; continuamente me asalta el recuerdo de  lo que hice. Es como una mancha sobre mí y sobre mi carrera científica. Y esa mancha es imborrable”

Tampoco Harlé fue del todo responsable. El culpable fue el espíritu de la época. Hay descubrimientos que se adelantan a su tiempo y no se les comprende. Así es la ciencia. Uno de los requisitos del método científico es la duda, y el que le sigue es la comprobación. Y todo esto requiere tiempo. Además que la ciencia necesita desarrollar sus herramientas de trabajo. No hay que olvidar que sería hasta 1949 cuando E. Libby haría el descubrimiento del isótopo llamado C 14.

Como sea, lo sorprendente aquí es que fueron los hombres de ciencia los que se opusieron en un principio “Son los investigadores mismos, no son cualesquiera ignorantes, los que se alzan contra este descubrimiento, y eso es grave, lo que será difícil de comprender a las generaciones siguientes”

Pero los antropólogos no son los únicos metidos en este “espíritu de la época”. Lo está toda la sociedad. Los pensadores debaten fuerte cuestiones tales como que la historia es lineal o es circular.

En geología esto está fuera de dudas. Mientras arriba  las montañas se hacen viejas, allá abajo ya están dadas las condiciones para volver  otra vez al principio...

Casi un siglo más tarde el filósofo español Julián Marías sostiene que nada se repite “Por negativo que sea el presente, por logrado que haya sido un momento del pretérito, jamás éste volverá a vivir” ( “La justicia social y otras justicias”,Colección Austral, Espasa-Calpe, Madrid,1974).

Pero una obra muy conocida de Nietzsche hasta se llama “El eterno retorno”, Y, al menos en lo que se refiere a las pinturas de la cueva de Altamira, hubo un retorno después de 30 mil años. Este fue el estilo en pintura llamado impresionismo.

Shakespeare en La Tempestad

Lo Legítimo es desplazado por el Usurpador. Tiene lugar una lucha para reconquistar el poder legitimo y de este modo  el caos social vuelve a ser corregido. Es una vieja  película que se repite en todos los puntos cardinales del planeta todos los días. Mientras esto dure, la obra de Shakespeare será vigente. 

Es una manera que tiene la literatura inglesa para ejercitar los valores morales y sus antípodas. Lo mismo sucede con la leyenda del Rey Arturo o en la novela  Genoveva de Brabante. El hermano o el administrador que se quedó a cargo del reino en tanto el soberano iba a tomar parte en las Cruzadas, el otro se pone ambicioso con lo que no es suyo  y se hace del poder.

La ausencia, o el debilitamiento, de lo Legítimo, es campo propicio para desatar las fuerzas negativas que empezaron a actuar en los centros del poder y, por intimidación o por seducción, se extienden hacia la sociedad. La Tempestad escrita por Shakespeare tiene el mismo tratamiento.

                                                               Shakespeare

Arrojados por la tempestad hacia una isla de las Bermudas, su tripulación debe seguir viviendo. Próspero es el legítimo  duque de Milán  y Antonio, su hermano, el usurpador de dicho ducado.
Entre otros personajes están  el rey y su hijo Fernando. A éste se  le cree muerto durante el naufragio. También Miranda, hija de Próspero, el duque de Milán, a la que, de igual manera, su padre el Duque  cree que murió durante la tempestad.

Al final, cuando la conjura se descubre y los malos  son perdonados, pues se destierra la idea de la venganza que daría lugar a otras venganzas, Fernando y Miranda, aparecen en escena y, muy enamorados, se unen en matrimonio. Se trata de una comedia alegórica mediante la cual, por estereotipado que parezca el tratamiento de la misma, nos revela “el mundo de Shakespeare con todo el esplendor de las cosas bellas del espíritu, y todas las sordideces de la realidad cotidiana.”
Muy adelantados al siglo del psicoanálisis, los personajes de Shakespeare trascienden porque su autor, “dirige sus miradas hacia su interior y proyecta a perfección su propia experiencia espiritual, con símbolos objetivos”.

Como es frecuente en la sobras de Shakespeare, intervienen personajes metafísicos que cumplen funciones de arreglo de situaciones o desarreglo, según convenga, o de voces de conciencia de alguno de los personajes. Así es en Macbeth, en Hamlet, en Sueño de una Noche de Verano, etc.

Shakespeare se adelantó a los escritores que se servirían de casos reales para componer sus temas. Al estilo de Emilio Zolá o Truman Capote. Se cree que esta obra, para teatro, está inspirada en la travesía de una flota de nueve navíos que, bajo el comando de Sir Thomas Gates y Sir George Summers, se hizo a la vela  con rumbo a América en mayo de 1609. Dos meses  después uno de esos barcos, el Sea- Adventure, fue separado por la tormenta del resto de la flota y fue a dar en las costas de las islas Bermudas, salvándose toda la tripulación. La cual no pudo abandonar la isla hasta nueve meses después.

Shakespeare  representó La Tempestad  en la corte por primera vez en 1 de  noviembre de 1611.





Parte de la biografía de Shakespeare posee, al igual que todos los grandes poetas, un gran poder de síntesis; escribía con todo el idioma y contaba con un léxico matizado y extensísimo. Cuidó la estilización retórica de su verso blanco, con frecuencia algo inserto en la tradición conceptista barroca del Eufuismo, por lo que en la actualidad es bastante difícil de entender y descifrar incluso para los mismos ingleses; rehuyó sin embargo conscientemente las simetrías retóricas, las oposiciones demasiado evidentes de términos.   Su estilo es el asiento sobre el que reposa su fama y prestigio como pulidor e inventor de neologismos comparables a los de otros dramaturgos y poetas de su época de renombrad a trayectoria, como los españoles Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Luis de Góngora








Shakespeare y Julio Cesar

Es el viejo tema de la Humanidad pero ahora contado por Shakespeare.

El binomio del pensamiento de un solo hombre o la democracia.

Ante una democracia tan atomizada, como número de senadores tenía el Foro,Cesar buscaba mantener un centro regulador del poder.Pero lejos de encontrar el equlibrio,se jugó la carta de eliminar al que pensaba diferente.Eliminaron al dictador.Después los dictadores que siguieron eliminaron a la democracia. Es una lección que nos llega desde la antiguedad y que, por desgracia, a lo largo del siglo veinte tuvimos que volver a experimentar continente contra continente, país contra país y en lo interno partido contra partido. 

La expresión será según de qué lado de la raya se encuentre parado. Es un dictador que atenta contra la libertad del pueblo. O bien los políticos de los partidos se dan la gran vida con el dinero del pueblo empobreciéndolo.

Lo original, al relatar la muerte de Cayo Julio Cesar (-100 a 44 a C.), es que Shakespeare presenta el dato histórico sin hacer abstracción del texto hasta convertirlo, como suele suceder, en reseña de un partido. Lejos de eso, es una historia en la que hablan los contrarios. Los oradores de uno y otro bando tienen el suficiente vigor para convencer al pueblo. Si bien, más allá de la retórica, al final hablarán los ejércitos de ambos lados.

Tradicionalmente  era un pleito soterrado  entre el jerarca y los legisladores. Cuando el enorme poder daña la psicología del líder  aquellos hacen escarnio de la situación exhibiéndolo como demente.
Por su parte el emperador dice que los legisladores se aprovechan de los triunfos de los ejércitos romanos para vivir lujosamente, con esclavos e inmensas propiedades. Justifican su actitud con discursos que lisonjean al pueblo  (con frecuencia los historiadores utilizan otras maneras de referirse al pueblo  romano: populacho, hez y turba). El famoso caso de Caligula nombrando senador a su caballo es una de tantas maneras que halló el soberano para manifestar su desprecio por estos acaparadores  del poder.  Andando los siglos estos serán los señores feudales.

Héroe de batallas increíbles, contra los bárbaros, especialmente contra los aguerridos germanos, Julio Cesar regresa a Roma después de muchos años de guerrear y empieza a hacerse del mando con la filosofía del hombre fuerte. Limita las ganancias de los senadores y las reparte entre el populacho.
Sólo que, como Hernán Cortés  cuando regresó a España después de conquistar a México-Tenochtitlán, Cesar se va a encontrar con un mundo cortesano lleno de intrigas. Cortés no pasó nunca de ser una figura de tercer orden en su respectiva patria y debido a eso llegó a morir en su cama.
En cambio Cesar era la figura principal y con enormes simpatías entre los ejércitos. No había esperanza que muriera en su cama o que algún general romano se le enfrentara. Ya los había derrotado a todos desde el paso que empezó con el Rubicón y lo que se conoce como Guerra Civil. Los sicarios no se atrevían a acercársele.  De esa manera solamente había una solución, que los mismos senadores lo asesinaran aprovechando su proximidad con él en la asamblea. El que hacía una petición, o formulaba un planteamiento, le entregaba algún documento en sus propias manos. De los  conjurados Casio y Bruto fueron los principales. Anteriormente este había sido rival de Julio Cesar  en la guerra. Victorioso, Cesar le perdonó y aun le confirió importantes puestos administrativos y a la sazón era senador. Decir Bruto es referirse a un ciudadano nada común pues era ilustrado al punto que el mismo Cicerón escribió una especie de biografía de él. Y fue gran orador.El gran Francisco de Quevedo escribió también una biografía suya.

Así fue como Julio Cesar recibió veintitrés puñaladas de otros tantos senadores. Pero detrás de estos la red de la conjura se había extendido tanto que sólo el número de los que murieron por tal asesinato puede darnos una idea. De inmediato los legisladores se hicieron del mando supremo y ya se disponían a repartirse  el poder ocupando los mejores puestos de gobierno. “La gente nos llamará redentores, no asesinos”, dijo Marco Bruto todavía con el cuchillo chorreado sangre de Cesar.
Sólo faltaba que, en lo inmediato, ese mismo día, esa misma hora, justificar el regicidio frente al populacho. Bruto dijo brillantemente (pues era el mejor orador de los conjurados) que lo habían hecho para que el pueblo  recuperar la libertad frente al tirano. Lo vitorearon casi hasta el delirio. Alguien propuso llevarlo en triunfo,  en hombros, hasta su casa.

Marco Antonio, amigo muy querido por Julio Cesar, también aplaudió la acción de los senadores. Sólo pidió permiso a estos  para leer el testamento de Cesar. Se lo concedieron. Y así, de un solo plumazo, Marco Antonio cambió toda la situación. Leyendo dijo que Cesar había dejado su fabulosa fortuna a la plebe, en dinero, incluidos propiedades para que, convertidas estas  en paseos, caminaran en ellas las familias del pueblo.

Lo aplaudieron hasta el delirio. Otro propuso llevarlo en hombros hasta su casa. La gente empezó a descuartizar a cuanto senador conjurado pudo encontrar. Más adelante Mézala, del partido de los conjurados, comenta con estos: “El joven Octavio y Marco Antonio y Lépido, han hecho matar a  cien senadores” .

Bruto, Casio y otros principales de la conjura huyeron ese mismo día de Roma. Porque además acababa de llegar a la ciudad Cesar Octavio, casi hijo de Julio Cesar, al mando de un veterano y fogueado ejercito.

Pero los conjurados también disponían de fuerzas militares capaces de enfrentarse a Octavio y a Marco Antonio. El encuentro tuvo lugar uno en Sardis y otro en Filipos. Fueron desbaratados por Octavio y Marco Antonio.. Bruto y Casio se suicidaron. En el momento del suicidio Bruto exclama: “¡Oh, Julio Cesar!, ¡Aun eres poderoso! Tu espíritu nos persigue y hace tornar  nuestras espadas contra nuestras propias entrañas!”

El final que Shakespeare da a la obra contrasta con el tratamiento que en la actualidad se da en los medios todos los días, especialmente la televisión, a los que pierden la guerra. Particularmente Bruto es respetado después de muerto. El mismo Octavio ordena que lleven su cadáver a su tienda. Quiere estar cerca del que había sido un gran hombre  y tan ilustre, en el terreno de las letras que, como adelantamos, el mismo Cicerón consideró un privilegio tener su amistad.

“Todos los conspiradores- escribe Shakespeare, poniendo estas palabras en boca de Marco Antonio-, excepto él, hicieron lo que hicieron  sólo por envidia al gran Cesar. Sólo él, al asociarse a ellos, fue guiado por un pensamiento  de general honradez y del bien común a todos”.

 A la postre, los conjurados, queriendo restablecer la democracia, la hundieron. En los siguientes trescientos años los romanos tuvieron emperador. Es probable que con esto el pueblo  haya querido manifestar su rechazo a esa  manera de conquistar la democracia.







Parte de la biografía de Shakespeare posee, al igual que todos los grandes poetas, un gran poder de síntesis; escribía con todo el idioma y contaba con un léxico matizado y extensísimo. Cuidó la estilización retórica de su verso blanco, con frecuencia algo inserto en la tradición conceptista barroca del Eufuismo, por lo que en la actualidad es bastante difícil de entender y descifrar incluso para los mismos ingleses; rehuyó sin embargo conscientemente las simetrías retóricas, las oposiciones demasiado evidentes de términos.   Su estilo es el asiento sobre el que reposa su fama y prestigio como pulidor e inventor de neologismos comparables a los de otros dramaturgos y poetas de su época de renombrad a trayectoria, como los españoles Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Luis de Góngora








Una excursión a los Indios Ranqueles


"Los europeos y sus descendientes culturales en América tienen una nefasta historia de destrucción de culturas aborígenes en nombre del cristianismo y de la Ilustración."
James Rachels, Introducción a la filosofía moral

Autor Lucio V. Mansilla
Título: Una excursión a los Indios Ranqueles
Estudio preliminar de Mariano de Vedia y Mitre
 Ediciones Estrada. Buenos Aires, República Argentina
27 de mayo de 1959. Dos tomos.

Los pueblos americanos, de origen indígena, conocen su prehistoria merced a los trabajos de antropología. Pero la mayor parte de su historia por escritores extranjeros, principalmente por los sacerdotes cristianos católicos y, en segundo lugar, por los soldados conquistadores.

Ambos escribían desde la óptica de los fines que perseguían. Los conquistadores espirituales satanizando toda muestra de espiritualidad original y los soldados remarcando las practicas de las etnias para justificar sus propios  desmanes.
Sin embargo, el nivel cultural de los invasores dejaba su sello. En México se tuvo la fortuna de haber tardado menos de medio siglo cuando la Universidad Real y Pontificia empezó a funcional de manera regular todavía en el siglo dieciséis que fue el de la conquista (esto quiere decir que una parte de su presupuesto los ponía la Corona y la otra  el Vaticano). A los soldados les importaba muy poco la presencia de las luces  y lo que dijeran y dispusieran en los mandos del reino español y del Vaticano. Lo que les interesaba era la explotación del indio. Pero, como sea, la presencia del Papa y del Rey ya estaba presentes de alguna manera.

Otros reinos prehispánicos corrieron con menos fortuna  al ser conquistados por gente ignorante y sin contar en lo inmediato con la presencia universitaria. Y en la seguridad que cierta  protección de España, para con los indios, seguía en la lejanía casi inagotable. Tampoco hacían caso de las protestas de los religiosos cuando salían en defensa de los indios.

En el siglo diecinueve los indios ranqueles, habitantes del centro-norte de la República Argentina, fueron visitados por el coronel Lucio V. Mansilla. Hombre de gran cultura y conocimiento  de la vida en Europa y viajero de tres continentes. Conocía siete idiomas. Esto le dio una gran comprensión de los indios ranqueles. Entendía su atraso con respecto a la nueva civilización y quiso tender un puente antes que se pusiera en marcha la solución de exterminio.

Exterminio es una condición para que adquiera el grado de genocidio.

 Los pueblos amerindios la vivieron en carne propia. En México, por ejemplo, se considera que a principios del siglo dieciséis las etnias hacían un total de quince millones de habitantes (calculo empírico pues no existía un censo de población pero puede ayudar a comprender la categoría de genocidio) y por efecto de la guerra, la esclavitud y los virus que trajeron los conquistadores para los que aquí no se tenían defensas naturales, al final del mismo siglo quedaba sólo medio millón de habitantes.

El relato que hace de su expedición es muy documentado y ameno al darle a sus memorias un tratamiento  como sólo un hombre de su intelectualidad supo plasmar. Sus escritos tuvieron “el ropaje aparente de cartas de campamento, pero con un fondo positivo de esencia humana y de significación nacional”.

 Mansilla era criollo de nacimiento, de formación y de corazón. No fue conquistado por los ranqueles, como sueles suceder (por ejemplo Fray Bernardino de Sahagún en México). Sus luces le permitían un examen objetivo y, como decimos, de gran profundidad, pero no más allá.

Su incursión, excursión,  a la región de los ranqueles se debió más bien a que los mandos del ejercito (general Emilio Mitre) necesitaban conocer más de cerca la vida de los indios “El problema de los indios preocupaba a uno y a otro, como que era una pesadilla para el país”.

El coronel, y después general,  Mansilla, abrigaba la esperanza que mediante la palabra él podría convencer a los jefes ranqueles de llegara un acuerdo sin necesidad de entrar en conflicto armado, como de todas maneras sucedería: “le asistía justa razón  para encontrar que procediendo, como él lo hacía, con los indios se podía llegar a una pacificación general, y no llevándoles una guerra agresiva  como se había hecho hasta entonces  y se hizo después  hasta asegurarse su reducción en la campaña al desierto del general Roca en 1879”. Mansilla hizo todo lo que estuvo de su parte para que los indios ranqueles fueran integrados a la  civilización de los blancos pero, al final: “Los indios fueron exterminados, pero no incorporados a la civilización”.

A principio del siglo veinte, Eric von Rosen escribió: " Durante la primera mitad del siglo XIX y hasta 1880, fueron muchas veces asolados los alrededores de Buenos Aires por tribus nómadas de indios;el presidente Avellaneda(1874-1880) llevó una guerra de exterminación contra ellos y logró eliminar tribus enteras." ( En Förgangen Värld, Un Mundo que se va, Estocolmo,1916) 


Foto tomada del libro de Eric von Rosen

 Nació Mansilla  en Buenos Aires el 23 de diciembre de 1831.  Fue un gran patriota y tomó parte activa en contra de las invasiones inglesas.

Propiamente la región visitada por Mansilla fue entre los Río Cuarto y Quinto. Al sur y sureste de Córdoba y al sur de Santa fe. Sucedió en   a mediado del siglo diecinueve. El trabajo de Mansilla es de una calidad literaria que no conocerla resulta una grave falta cultural. No sólo informa de la guerra sino de manera pormenorizada de las costumbres de los indios, sus creencias e historia.

Mansilla va describiendo ese mundo de indios ranqueles tenidos como salvajes, apenas gente de razón, apenas considerados humanos.Conforme avanzaba la civilización de los blancos ellos iban perdiendo sus tierras. Ante esto, para defenderse, los ranqueles mataban a cuanto se moviera. Nada diferente de cómo los argentinos en la actualidad defienden sus Islas Malvinas de los invasores  ingleses.

Una noche, mientras escucha Mansilla "relatos de fogón", piensa en la civilización. Reflexión que, viniendo de un hombre tan ilustrado y de mundo como él era, sabía  lo que su yo interior le estaba revelando: " La civilización consiste, si yo me hago una idea exacta de ella, en usar cuellos de papel,que salen los más económicos,botas de charol y guantes de cabritilla. En que haya muchos médicos y muchos enfermos, muchos abogados y muchos pleitos,muchos soldados y muchas guerras, muchos ricos y muchos pobres. En que se impriman muchos periodicos y circulen muchas mentiras. En que se edifiquen muchas casas, con muchas piezas y con muy pocas comodidades. En que funcione un gobierno compuesto de muchas personas como presidentes, ministros, congresales y en que se gobierne lo menos posible.En que haya muchísimos hoteles y todos muy malos y todos muy caros".

Los indios ranqueles fueron exterminados en Argentina por una población de origen europeo.

 En México estuvo peor. Los indios mexicanos: apaches, mayos, tarahumaras,yaquis y otros sufrieron una intensa campaña de exterminio por mexicanos de poder también en el siglo diecinueve y muy entrado el siglo veinte. No eran blancos exterminando a indios. Eran indios exterminando a indios de su misma tierra (ver La Frontera Nómada, de Héctor Aguilar Camin,Editorial Siglo XXI,S.A. 1977).

Todavía en pleno siglo veintiuno, tiempo de los Derechos Humanos el antiracismo, la democracia, el derecho de los pueblos indigenas, la investigación y difusión de la antropología académica en México  etc.,la etnia yaqui está bloquendo carreteras en protesta porque no se les entrega el agua de sus tierras ( finales de junio del año 2013).Primero les quitaron sus mejores tierras y ahora se les quiere privar del agua,lo que significa la extinción de la etnia. En sus declaraciones a la prensa han dicho que defenderan su derecho a sus aguas y que no se extinguirán como etnia.

Esta última reflexión tal vez nos ayude a comprender en toda su intensidad la exclamación desgarradora de ese gran argentino, general Mansilla, que  hace al final de su monumental obra: “Todos los americanos tenemos sangre de indios en las venas, ¿por qué ese grito constante de exterminio contra los bárbaros?”

Para mejor conocimiento de la obra literaria de Mansilla, remitimos al lector de esta nota a un trabajo del argentino Carlos Orlando Nallim. Fue publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1973, y cuyo título es Cinco Narradores Argentinos. Lo editó el Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinamericanos de la UNAM.

Ofrecemos algunos pensamientos del general Mansilla que están en la obra citada.Estos nos revelan que el autor no rindio un informe de cuartel sino que dejó para la posteridad  la obra literaria de un argentino de dimensiones universales.


Las olas del tiempo se tragan tantas reputaciones.

No es mal sastre quien conoce el paño.

El tipo odioso por excelencia,es el de aquel que,violando la sabía ley de la reciprocidad,se mancha eternamente con el borrón de la ingratitud

Estar prevenido es la mitad de la batalla ganada

Toda narración sencilla, natural,sin artificios ni afectaciones, halla ecos simpáticos en el corazón.

Por bien templado que tengamos el corazón, es indudable que el silencio, la soledad, el aislamiento y el abandono, hacen crecer el peligro en la medrosa imaginación...Es por eso que el valor a medianoche es el valor por excelencia.

El valor es cuestión de público.

Yo tengo un miedo cerval a los perros, son mi pesadilla; por donde hay, no digo perros,un perro, ya no paso por el oro del mundo si voy solo, no lo puedo remediar, es un heroismo superior a mí mismo.

Las tinieblas tienen un no sé qué de solemne, que suele helar la sangre en las venas hasta congelarla.

No puede ser bueno quien no ama la música.

Alguien gastaría cien mil pesos en un auténtico Rubens, pero no haría un sacrificio por el amigo más querido.

Al más ducho se le queman los libros en presencia de un hombre de estado primitivo.

El pueblo comprenderá siempre mejor lo que es la vara de la ley, que la ley.

Yo tengo el derecho de hablar, vos también.Si os impongo silencio y no callo, os oprimo. Yo tengo el derecho de trabajar para mí,vos también. Si os hago mi esclavo, os tiranizo.

Si Dios no existiese sería menester inventarlo.




El continente indio no murió. De la Tierra de Fuego hasta Alaska el totemismo sigue vivo.  Y más fuerte que antes, del siglo dieciséis, por las pruebas de disolución a las que ha sido sometido, tales como la conquista espiritual, la moderna tecnología de guerra y los virus patógenos para los que no se tenían inmunidad, la tribu sigue.

Henry Bergson, como pocos pensadores occidentales, supo ver en el totemismo una enorme fuerza de integración social. Y, sometido aprueba, el totemismo impide la desintegración del grupo. La tribu vive una filosofía perenne en desarrollo, no una cuestión estática.

Por razones históricas, y necesidades del mercado de trabajo, hay una amplia convivencia con el modelo de la ciudad industrial occidental. Sus hijos juegan ahora en la fábrica, lo mismo que en la política, la cultura y la academia. Y aun en la religión impuesta del catolicismo romano, a la que consideran la gran síntesis de la filosofía con la teología.

El pensamiento occidental juega a absorber el pensamiento indio para desaparecerlo, el pensamiento indio juega a absorber la cultura occidental para enriquecer la suya  propia.

El tótem, como Coatlicue, la diosa azteca, no sólo es un destino espiritual. Coatlicue hunde sus raíces en la tierra. Como la Scarlett O´Hara de Margaret Mitchell cuando exclama: “La tierra en que se vive  y de la que vive es como una madre. Es lo único que justifica que se trabaje, se luche y se muere por ella.”

Las tribus indias americanas siguen encontrando al Absoluto por medio de la danza mágica y la representación del tótem.



Bergson escribió en Las dos fuentes de la moral y de la religión: “La religión tribal es vista en primer lugar como una reacción defensiva contra el disolvente poder de la inteligencia. Abandonada a sí misma la inteligencia aconsejaría primariamente el egoísmo, la naturaleza, vigilante, crea una salvaguarda con las costumbres sagradas.”









El pensamiento de Bergson

Bergson es de una calidad de pensamiento que vale estudiarlo.

Hay que anticipar que no escapa a la controversia, al igual que otros pensadores, cuya praxis no siempre va de acuerdo con sus postulados filosóficos. Tres ejemplos: Séneca, Nietzsche y Schopenhauer.

Séneca es un pensador  casi místico pre cristiano, al estilo de Plotino, dicen los cristianos. Y sus detractores le imputan que es fácil hablar de la pobreza cuando se es inmensamente rico y de humildad cuando es muy poderoso. Nietzsche es inmisericorde contra el cristianismo, no por su pensamiento lógico, sino porque subyace en él un pensamiento paleo germano. Schopenhauer es el campeón del laicismo pero coqueteaba con los Upanishads.


Así Bergson, llegado el momento, se volvió el promotor, entre los aliados,  de la guerra en el conflicto europeo 1914-1918 contra Alemania. Resulta ingenuo pensar que un hombre fuera capaz de influir en el presidente de Estados Unidos al punto de movilizar a toda una nación para que entrara en la guerra. Pero ese fue el papel que jugó. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1927.

Por lo demás persiguió con afán apasionado la autenticidad y cuando se dio cuenta ya andaba en el ignoto país de la metafísica. O, si se prefiere, enfrentó lo abstracto y lo llevó al terreno de lo experimental.

Alguna de sus conferencias se llamó “El alma y el cuerpo”.Al igual que dos mil 500 años atrás, como hicieran Platón y Protágoras, Bergson transita entre el idealismo y el realismo tradicional.

Bergson (18 de octubre de 1859-4 enero de 1941) escribió que ocultamos el pasado no por reprimirlo para no sufrir  de su recuerdo, como diría más tarde la psicología, sino en la perspectiva  de una lógica que  nos permita  vivir el presente. No se trata de “lesiones cerebrales” sino “interrupciones para el progreso”. “Nuestro pasado casi todo entero permanece para nosotros oculto porque está inhibido por las necesidades de la acción presente…Lo que hay que explicar no es tanto el recuerdo del pasado sino su olvido parcial necesario a  la acción”. 

El alma no es producto del cerebro sino dos cuestiones independientes. Gustaba poner la metáfora del clavo y el vestido. Si se quita el clavo, el vestido se cae.(El pensamiento de Bergson por Michel Barlow. Fondo de Cultura Económica,México, 1968)

Siente prevención por la pedagogía tradicional de “métodos anticuados” y se inclina por una enseñanza “que buscara la verdad fuera de todas consignas” y sin embargo “tenía en alta estima a las viejas humanidades”.

Su fe y entrega  al cristianismo apostólico romano pasó la más dura prueba que cualquiera, y en especial una persona de raza y religión judía, como era su caso,puede pasar: la burocracia vaticana puso sus obras literarias en el Índice. Pero la estatura intelectual y espiritual de Bergson era del tamaño del cristianismo, no de la burocracia romana.

En algún  tiempo Bergson tuvo como enemigos a  intelectuales y filósofos materialistas y a algunos teólogos cristianos.  Uno de sus biógrafos dice: “Tiene contra él a sus enemigos y a los enemigos de sus enemigos”. Por mil veces menos que eso Lutero, brillante doctor en teología de la orden de los agustinos, había hecho una revolución nacional, con repercusiones mundiales, destacando las practicas condenables de la burocracia romana.

Conocedor de eso, Bergson sólo expresó su deseo de pertenecer a la Iglesia. Con el tiempo la Iglesia lo acogió  en su seno. Lo más contrastante de este fondo es que Lutero era germano y ecos nacionalistas hay en su lucha contra Roma. Por lo demás no había distancia que salvar si recordamos la existencia del  Sacro Imperio Romano- Germano. En cambio el abismo que tuvo que salvar Bergson, llamado Pentateuco, era infinito y ni siquiera había puente alguno. No renunció al Pentateuco sino que lo hizo parte de su cristianismo. Insistió: sólo deseaba pertenecer a la Iglesia de Cristo.

Entró al catolicismo pero no se hizo católico. No pudo concliar un acto de adhesión al catolicismo y un acto de obediencia al mismo: "reconozco que el catolicismo es el perfeccionamiento del judaísmo...Me pregunto si puedo dejar este judaísmo en el que he sido educado , al que se adherían  mis padres, que eran eminentemente dignos de respeto".

Como Schopenhauer, y como también lo hará más tarde Nietzsche, Bergson pide que los pensadores y escritores se aparten de transitar los caminos ya conocidos. De decir lo que otros piensan:”la pereza universal  consistente en servirse siempre de lo ya hecho” (fue un  precursor de los tiempos  cuando  casi todo lo sacamos del Internet). Lo que Bergson está proponiendo es la perspectiva de la libertad para pensar y actuar “más allá de las corrientes de pensamiento”.

Lo sólido y lo vital es la explicación de la vida y sus fenómenos. Pero no es suficiente, dice. El instinto no alcanza lo vital y éste no se preocupa por las pulsiones pues está más allá. Falta el eslabón que llene el hueco y le de coherencia. Este eslabón es la intuición. La acción primordial en Bergson  es la negación del inmovilismo. Un siglo más tarde la ciencia médica llamará a rebelarse contra la “patología de la inmovilidad”. Se trata de dos planos: el físico y el intelectual, pero que no son extraños uno del otro. La acción es la negación del no-ser.

Respecto a la intuición M.Guiton, uno de sus biografos, dice: A cincuenta años de distancia es fácil ver que  innovaba menos de lo que él creía.Renovaba la intuición de Platón,de Plotino,de San Agustín,de Santo Tomás, de Descartes, de Leibniz, según la cual él estudio profundo".

 Bergson, al fin y al cabo  judío, es muy espiritual.Reprocha el querer llevar todo hacia lo humano. Y pone en este mismo paquete a pensadores de todos los tiempos como Zenon, Stuart Mill,Taine, Einstein,Durkheim (Pág. 141). A esta inclinación le llama "zenonizar".Reducen la religión al elemento del totem.Aquí también fue un precursor. En la actualidad existe una fuerte tendencia en antropología de "zenonizar" llamando "héroe cultural" al dios de la etnia.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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