Norman Mailer Los desnudos y los muertos

 Los norteamericanos siempre creyeron que los japoneses contaban con fuerzas suficientes para defender la isla Anopopei, en el Pacífico. Después se darían cuenta que en realidad el enemigo había estado mal aprovisionado, que su armamento era insuficiente y que su resistencia había sido ejemplar.

Sin embargo el general Wilson Cummings, encargado del ejercito en aquel lugar, tuvo que considerar varios planes para poder lanzar la ofensiva final. Encontró que era necesario enviar a una patrulla a inspeccionar el terreno que quedaba en la retaguardia del enemigo. Se trataba de una isla pero cuya extensión era de setenta kilómetros. Por lo mismo se hacía necesario tener información de la topografía y de las reservas reales con que contaban los “japos”.

Y esta es la historia de esa pequeña partida de soldados norteamericanos que, con disciplina y miedo, se internan en la selva llena de enemigos de los que en realidad desconocen todo su potencial. Tienen ocasionales encuentros con los ocupantes a tos que les hacen alguna baja y ellos mismos tampoco salen ilesos. El balance final será de un muerto por cada lado.

Cuando estaban con el grueso del ejercito su actitud se limitaba a rutinas y hacían lo menos que podían. O se la pasaban buscando el pretexto para que los declararan incapacitados y de esa manera fueran trasladados a otro lugar o regresados a Estados Unidos. Pero una vez que se han desprendido del grueso de las fuerzas, y deben actuar solos, empiezan a hacerse una serie de reflexiones que hasta entonces no habían considerado: “ Que coño es eso del alma?” Nunca va a alcanzar Mailer los niveles de descripción de Faulkner cuando se trata de plasmar la conducta de los soldados norteamericanos de esa contienda, pero desde luego que se va a situar muy por arriba de una infinidad de escritores de ese país que abordaron el mismo género literario.

Otro del pelotón tiene el pensamiento que muchos soldados norteamericanos, en el frente, debieron tener: nosotros peleando por defender los valores de nuestra civilización, la patria, la economía y nuestro hogar, y nuestras esposas y novias...

Goldstein, el judío, sueña con regresar a Estados Unidos y emprender un negocio. Entre tanto, no puede evitar hacer algunas reflexiones, respecto de los judíos, como ésta: “Somos un pueblo perseguido, rodeado de opresores.. .siempre vamos de desgracia en desgracia.. .sin ser queridos y en tierra extraña”. El autor se sirve de uno de sus personajes para hacer algunas consideraciones respecto de la naturaleza de los judíos. La reflexión que Goldstein se hace es que: “un judío es un judío porque sufre. Todos los judíos sufren...De este modo perduramos”

Mailer describe el estado de ánimo de los soldados del pelotón de esta manera: “Una hormiga que caminara en línea recta habría avanzado con la misma velocidad: No pensaban en ceder ni en continuar. Y cuando al fin deciden regresa sin haber terminado su misión, y consiguen llegar de nuevo donde está el ejercito se percatan que la isla ha sido tomada completamente por sus compatriotas Pero nadie se da cuenta que han regresado. 
Mailer

Simplemente se les había olvidado la existencia de aquel puñado de valientes.
Hay un soldado, Martínez que es mexicano. Entre otras cosas, Mailer es uno de los escritores norteamericanos que no pone al mexicano como un macho vale madre, pistola al cinto estilo Pedro Infante y botella de tequila en la mano, violador de mujeres y asesino de niños y ancianos. No. Martínez es tan cobarde, valioso, mediocre y heroico, como el resto de los soldados.

Esta novela fue publicada en Estados Unidos en 1948, apenas tres años de haber terminado la guerra. El autor tenía entonces veintiséis años de edad. Tras graduarse en Harvard y alistarse en el ejercito había estado entre las tropas que ocuparon Japón después de la derrota. La crítica calificó este trabajo como “la más grande novela de guerra escrita en este siglo”. Norman Mailer fue comparado con Hemingway y con Tolstoi. En varias ocasiones ha recibido el premio pulitzer en atención a su labor de novelista.


"Norman Mailer nació en una familia judía. Se crió en Brooklyn, Nueva York, y en 1939 comenzó sus estudios de ingeniería aeronáutica en la Universidad de Harvard. Allí empezaría a interesarse por la escritura y publicó su primer relato a los 18 años.
Vivió sus últimos tiempos en Provincetown, Massachusetts. Habrá de morir a consecuencia de una insuficiencia renal. Se casó seis veces; desde 1980, con Norris Church, y tuvo nueve hijos. En 1960, apuñaló, de forma menos grave, a su segunda mujer Adele Morales con un cortaplumas durante una fiesta. Escribió su último libro en colaboración con su hijo John Buffalo Mailer: "The Big Empty".
Mailer fue reclutado para el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió en el sur del Océano Pacífico. En 1948, justo antes de entrar en la Sorbona en París, escribió la obra que le haría famoso en el mundo: The Naked and the Dead (Los desnudos y los muertos) basada en sus experiencias durante la guerra. Fue aclamada por muchos como una de las mejores novelas americanas tras la guerra y la Modern Library (sección de la editorial Random House) la calificaría como una de las 100 mejores novelas" Wikipedia.





Heidegger y el desencanto

Fue un alemán nacido en Messkirch( Baden) el 26 de septiembre de 1889. Vivió en su patria antes de las dos grandes guerras mundiales, durante ellas y después de ellas. Además en su niñez y adolescencia había escuchado mucho de la guerra prusiana. Conociendo estos datos podríamos preguntarnos qué de raro tiene que haya sido su modo de pensar por demás escéptico. Sin embargo no representa lo característico de su pueblo que luchó, cayó y volvió a levantarse.




Su obra denota una enorme influencia de Schopenhauer pero carente de la prosa fluida, y exposición de  ideas perfectamente entendibles, a la luz del sol, de aquel. 

Heidegger
Espíritus como él tienen que bucear en el profundo océano del desencanto. Con este escepticismo se identificarían, por cierto, millones de individuos a lo largo de varias generaciones e influirían muy directamente a gente de letras como Sartre y Kafka. Heidegger, tenido por algunos pensadores como “el mejor filósofo alemán” al parecer tampoco pudo desenredar la madeja y se dice que su “filosofía de la existencia es la expresión de la gran desilusión por la cultura y La técnica modernas”.

Deslumbrado por la firmeza con que el nacionalsocialismo defendía sus puntos de vista, respecto de un resurgimiento de la cultura, fue decidido defensor del nazismo. Sin embargo se trató de su postrer intento de agarrarse a algo concreto de dimensión grupal. Después dejó de creer en casi todo.


Ante el espectáculo de la abundancia de planes, que surgían por todos lados, prometiendo una fórmula salvadora, en la primera posguerra, se retrajo al plano de lo individual para pasar a creer sólo en la acción que tuviera lugar en el compromiso personal estaba justificado”. Esto lo dice Ernest Friedich Sauer en su libro Los Filósofos Alemanes”. Se defenderá en lo sucesivo contra la angustia y el sentimiento de culpa promoviendo la vida y La utilidad objetiva.

Pero, cosa curiosa, a pesar de todo su escepticismo sigue siendo un tipo creyente o religioso: “ De todas maneras siempre he rechazado que se me cuente entre los ateos” dijo en cierta ocasión. Sin embargo será como una esencia religiosa, al estilo del cristianismo liberal, donde la relación con la divinidad es de tipo personal y no comunitario, más allá de los muros del templo.

Retraído a lo individual, Heidegger ha dejado de creer en lo comunitario: Hay una escuela del pesimismo moderno”. Se cree que su filosofía va a producir un hombre cuidadosito, un “hombre pálido”, un individuo que va a florecer lejos del sol. Siente aversión por el número y asegura que, tanto en Rusia como en Estados Unidos, prolifera “el signo de lo siempre igual y de lo indiferente, hasta que esta cantidad se cambie en auténtica cualidad”.

Al no creer ya en la comunidad, este pensador hace del individuo el punto central del mundo, y pasa a ser un decidido defensor del etnocentrismo. La manera de pensar de Heidegger, “el más grande filósofo alemán”, es incierta, como el que da garrotazos en la oscuridad haber cuándo pega en el blanco. Sabe que aun la idea más rara, o disparatada, encontrará su público entre los millones de lectores asiduos de este planeta. Sauer hace una analogía de su pensamiento, comparándolo con la actividad de un alpinista que efectúa una azarosa ascensión y pierde el rumbo en la noche, encontrándolo en ocasiones, y en otros ratos lo vuelve a perder.




“Martin Heidegger estudió teología católica, ciencias naturales y filosofía en la Universidad de Friburgo de Brisgovia, donde fue discípulo de Heinrich Rickert, uno de los máximos exponentes del neokantismo de la Escuela de Baden y luego asistente de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenología. Comenzó su actividad docente en Friburgo en 1915, para luego enseñar durante un período (1923–1928) en Marburgo. Retornó a Friburgo en ese último año, ya como profesor de filosofía.
Es una de la figuras protagónicas de la filosofía contemporánea: influyó en toda la filosofía del existencialismo del siglo XX, fue uno de los primeros pensadores en apuntar hacia la «destrucción de la metafísica» (movimiento que sigue siendo repetido), en «quebrar las estructuras del pensamiento erigidas por la Metafísica (que domina al hombre occidental)», que planteó que «el problema de la filosofía no es la verdad sino el lenguaje», con lo que hizo un aporte decisivo al denominado giro lingüístico, problema que ha revolucionado la filosofía. Mantuvo vigencia en muchos pensadores europeos —y con el paso del tiempo en los no europeos—, a partir de la publicación de Ser y tiempo (1927). El estilo innovador, complicado y aun oscuro que utiliza Heidegger con el fin de abrir-mundos según el pensador (y que muchos consideran que es terriblemente oscuro y casi místico) influyó en Hans-Georg Gadamer, el estilo singular y difícil que utiliza Jean-Paul Sartre en El ser y la nada, el de Jacques Lacan cuando redacta sus Escritos, el de Jacques Derrida con su crítica a la Presencia, Gianni Vattimo y a una gran parte de pensadores envueltos en el debate sobre la muerte de Dios y el Ser, el nihilismo, la postmodernidad y la época post-capitalista. Ahora bien, la obra de Heidegger, aborda, al tratar problemas ontológicos, también problemas de tipo semiótico; es de este modo que influye directamente en los hermenéuticos: Paul Ricoeur, Rüdiger Bubner y Hans-Georg Gadamer” Wikipedia.

Bakunin y la Novena

Todos podemos imaginar como Bakunin, el gran rebelde, se ha ido poniendo tieso, sentado en su palco, en tanto escuchaba a esa orquesta de la Opera Real de Dresde. Esta, bajo la dirección de Ricardo Wagner, se encuentra ejecutando la Novena Sinfonía de Beethoven. Su mirada se hace brillante, casi al punto de las lágrimas y su rostro se transforma al grado que no puede contenerse. Y brinca, bajo el delirio, encaramándose al podio de esa orquesta, hasta llegar a Wagner bajo la expectación del público, también delirante...

Quizá el jazz con su amplia libertad para la improvisación pudiera satisfacer a los anarquistas, cuando hablan, con ese gran anhelo de la vida renovada, de derribar Lo establecido. Los cantadores de sones huastecos con su extraordinaria facilidad para componer versos, sobre la marcha en el borde mismo de la mesa del cliente, también debe decirles mucho.

El ir siguiendo una partitura que se escribió hace mucho tiempo es una cosa absurda, horrible, falta de imaginación, de poder creativo. Esforzarse en reproducir fielmente La Gioconda una aberración para el genio creador que hay en los humanos. La reproducción idéntica de los rasgos de Tlaloc, por los tlacuilos, en Los códices a través de los milenios o en las estelas de roca, es igualmente absurdo, decadente.
Bakunin

Para el pensamiento anarquista en esto no hay nada de revolucionario. El arte debe ser sustituido por la artesanía. Un pueblo no se puede dar el lujo de tener solamente uno o dos genios. Cada hombre y cada mujer deber ser artistas, artesanos. El arte del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Para Proudhon es mejor que un pueblo tenga 10 mil artistas pintores a que tenga un genio de La pintura. En realidad el antiautoritario Luchador social (igual que Lo dice Totstoi) intuye que en todo esto hay mar de fondo y de manera instintiva se rebela. Lanza anatemas y condena aun antes de saber con certeza de qué se trata. Pero un día lo descubre. Proudhon no se chupa el dedo, sabe y va al grano con ejemplar honestidad intelectual: El artista tiene poder sobre nosotros, como el hipnotizador sobre el hipnotizado”.

Al condenar el anarquista a esa obra maestra condena al artista genial y anuncia la desaparición del museo de arte. La sociedad de ahora ya no es la misma de hace medio siglo ni menos de hace 300 años. Cada tiempo tiene su sociedad y cada sociedad tiene sus gustos y sus necesidades. El pintor o el músico o el escultor o el ebanista no puede ignorar el presente y estar reproduciendo los mismos rasgos que alguien pintó en siglos pasados.

La figura del bombista irreverente se ríe del adusto edificio de gobierno, que sabe que lo puede hacer volar en cualquier momento. Pero, ¿cómo hacer volar en mil pedazos la tradición cultural que desde el nacimiento de esa sociedad se ha venido depositando en La mente de los humanos? Se necesita otro tipo de bombista. Pero ni Ibsen, Nietzsche, Wagner, lo han logrado. Ni Bakunin.

Miguel Bakunin, la encarnación misma del espíritu de rebelión, tiene que aceptar, ya casi en su lecho de muerte que, después de todo, hay algo que sobrevivirá a las bombas y al mismo final de los finales. Ni el nuevo diluvio universal lo dañará. Solamente Dios sobrevivirá a toda catástrofe universal. Bakunin sabe ya que otra cosa, que no es Dios, también sobrevivirá. Dice:  "Todo pasará, y el mundo perecerá, pero La Novena Sinfonía sobrevivirá”.Recuerda, pues es algo que no ha olvidado ni jamás ha querido olvidar, aquel día en la Opera Real de Dresde que llegó hasta Wagner para gritarle: Si toda la música estuviera condenada a perecer en la conflagración universal, por venir, nosotros ( él y Wagner) tendríamos que salvar esa Sinfonía, aun a riesgo de nuestras vidas, si fuera necesario”.

Y con esto quiso decir que también tendrían que salvar la partitura y la orquesta, el elemento humano, los músicos, para que la ejecutaran, igual que como Beethoven la escribió, sin variar un ápice Y también construir un museo para resguardarla. Y una hermosa sala   para escucharla...


“(Mijaíl Alexandrovich Bakunin; Priamujino, Rusia, 1814-Berna, 1876) Teórico político y agitador revolucionario anarquista ruso. Hijo de un terrateniente de ideas liberales, estudió en la escuela de artillería de San Petersburgo y llegó a ser oficial de la guardia imperial. Enviado a una unidad militar en la frontera polaca, se ausentó sin permiso y a punto estuvo de ser juzgado por deserción. Tras abandonar el ejército, comenzó a interesarse por la filosofía, principalmente por la obra de los alemanes Fichte y Hegel, y fue a estudiar dicha materia en Moscú y San Petersburgo”.Wikipedia

La ruta del Dr. Shannon, novela de A. J. Cronin

Cronin
Sucede que en la ciencia se desarrollen dos investigaciones idénticas, al mismo tiempo, independientes una de la otra, sin conocimiento que ello se esté dando, en ese mismo país o incluso, en lejanos continentes.

Va a ganar, a ser reconocida por la comunidad científica internacional, y premiada, la que primero sea publicada. La otra, igualmente valiosa, será ignorada y arrojada al cesto de  la basura.

Recuérdese el descubrimiento del cálculo infinitesimal por Leibniz y publicado en 1684.Frederick Copleston escribe que Newton ya había escrito sobre el tema pero, lo publicó hasta 1687...

Va a ganar el académico donde más recursos económicos y logísticos le aporte el gobierno de su país a la universidad. Gobiernos que vean la educación y la investigación como una inversión, jugarán en la longitud de las grandes naciones.

El gobierno que vea el presupuesto universitario como un gasto se perderá su nación entre el montón de los países. Ese es el fondo de La ruta del doctor Shannon. Fue planteado en la estructura de una exitosa  novela, no de un sesudo estudio sociológico que no leen más de diez especialistas.

Su autor, Archibaldo José Cronin, es dueño de una novelística que tuvo un éxito sorprendente en el primer tercio del siglo veinte, en Europa, y varias obras suyas fueron llevadas al cine norteamericano.

 Relata el ambiente médico a través del instituto universitario de investigación, en hospitales estatales, clínicas y consultorios privados. La probidad profesional de sus personajes debe luchar constantemente contra el medio hostil,  la ganancia fácil y la conducta relajada.

De hecho es una obra que se desarrolla en dos ediciones, dos títulos, como Los verdes años y La ruta del doctor Shannon. La primera son las peripecias de un joven estudiante  de la media superior que, trasplantado al suelo inglés, en condiciones familiares y económicas difíciles, debe luchar denodadamente por seguir con sus estudios.

 El segundo libro se refiere a la vida del brillante investigador pero pobre, que quiere desarrollar una investigación médica propia pero al que se le impone otra investigación que él no siente. Tiene encima toda la estructura de la universidad, con su instituto de investigación, donde algunos eméritos firman como suyas investigaciones brillantes que llevan a cabo ayudantes que seguirán en el anonimato.

Este es el caso del petulante Hugo Usher, profesor que cuida más proyectarse como presidente del próximo Congreso de Patología que resolver enfermedades que  asolan a la gente, en especial de las comunidades rurales pobres de Inglaterra.

Rebelde, Roberto Shannon debe ir de un lugar a otro, cada vez en peores condiciones económicas y de investigación. Al punto que por algún tiempo debe seguir vistiendo el viejo uniforme de la marina  al regreso de la guerra.

El otro asunto que debe enfrentar Shannon es el de los prejuicios religiosos, cristianos, que tanto han convulsionado a Europa y de hecho a todo el mundo occidental.

Jean Law, la recatada estudiante, de “desprevenida ingenuidad”, discípula suya en la universidad de Winton, está enamorada  de  él pero, es protestante y Roberto es católico.

 Esto en cualquier ciudad y pueblo  de México, país católico en un noventa por ciento, no levanta ampolla y apenas llamaría la atención.

Pero Inglaterra, país que por decretó prohibió el catolicismo e impuso el cristiano liberal de Estado, el tema es de lo más complicado.

Tratado el asunto con la mayor responsabilidad, sus personajes, enamorados, deben enfrentar sus creencias al punto de llevar la trama al rompimiento de sus relaciones.

Y, sin embargo, cuando la ruta parece de lo más fragmentada y sin esperanzas de solución, se rehace lo único que puede hacer que el sol vuelva a brillar: el amor.

Como  en pocas novelas, aquí  la prosa y el estilo de Cronin ofrecen una creación literaria de esas que se leen y se releen. Por lo demás, La ruta del doctor Shannon es casi la autobiografía de Cronin.



“Nacido en Cardross, Dunbartonshire, Escocia, Cronin fue el único hijo de padre católico y madre protestante y más tarde, escribiría sobre un joven en un similar contexto (Los verdes años). Fue un estudiante precoz en la Academia de Dumbarton y ganó muchos concursos de escritura. Debido a sus habilidades excepcionales, le fue entregada una beca para estudiar medicina en la Universidad de Glasgow. Allí conoció a su futura esposa, Agnes Mary Gibson, quien era también una estudiante de medicina. Se graduó con muchos honores en el año 1919.
Cronin ejerció como doctor en varios hospitales, antes de servir como cirujano en la Royal Navy, durante la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra, comenzó una práctica en un área minera, en la zona de Gales del Sur y fue designado el Inspector Médico de Minas. Utilizó sus experiencias sobre los efectos de la industria minera sobre la salud de los trabajadores para sus  novelas posteriores, La ciudadela, situada en Gales, y Las estrellas miran hacia abajo, situada en el noreste de Inglaterra. Finalmente se estableció en Londres, y ejerció en Harley Street. En sus vacaciones en las tierras altas escocesas, escribió su primera novela: El castillo del odio, que alcanzó un éxito inmediato. Cuenta la historia de una familia caída en la ruina por el orgullo, obstinación y fanatismo de su patriarcado. Al final de los años '30, Cronin se mudó a los Estados Unidos con su esposa y sus tres hijos, trasladándose luego a New Canaan, Connecticut. Más adelante, volvió a Europa y durante los últimos 25 años de su vida, vivió en Suiza. Continuó escribiendo a los ochenta años. Murió el 6 de enero de 1981 en Montreux,Suiza.
Muchos de los libros de Cronin fueron bestsellers que fueron traducidos a numerosas lenguas. Su punto fuerte eran sus habilidades y su poder de observación y descripción gráfica. Algunas de sus novelas e historias se basan en su carrera médica, mezclando realismo, romance, y crítica social. Se dice que su novela La ciudadela contribuyó a establecer el servicio nacional de salud en Reino Unido, exponiendo la injusticia, explotación e incompetencia de la práctica médica en esa época.
•    El castillo del odio (1931)
•    Gran Canaria (1933)
•    Las estrellas miran hacia abajo (1935) ISBN 950-04-0406-0
•    La ciudadela (1937) ISBN 84-01-49153-3
•    Velando en la noche (1939) ISBN 84-261-0552-1
•    Las llaves del reino (1941) ISBN 84-261-5537-5
•    Historia de una maletin negro (1943) ISBN 84-7118-830-9
•    Los verdes años (1944) ISBN 84-7118-720-5
•    La ruta del doctor Shannon (1948)
•    El jardinero español (1950) ISBN 84-7118-966-6
•    Aventuras en dos mundos (1952) (autobiografía)
•    La luz del norte (1958)
•    Cronin: Obras selectas (1958) ISBN 84-261-0265-4
•    El doctor nativo (1959) ISBN 84-261-1696-5
•    La canción de seis peniques (1964)
•    La miseria y la gloria (1969) ISBN 84-261-5795-5
•    Un bolsillo lleno de vodka (1969)” Wikipedia

La culpa, según Aristóteles

Editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, 1994,traducción, introducción y notas de Antonio Gómez Robledo
El asunto de Ética Eudemia es un supremo esfuerzo que hace Aristóteles por poner  todas las acciones del hombre bajo la causa y el efecto dirigido por él, por su raciocinio. Pero, admite, suele haber algo que se sale de este razonar. Tal abstracción, llamémosle así, se controla por medio de la virtud pero la virtud no es algo  que esté bajo el control del hombre. Parecido a la belleza que es por sí, no porque alguien la haga.

Al menos de no todos   los hombres porque, “Todos los hombres son iguales mientras duermen” pero al despertar cada quien se va por su lado. Es una bella metáfora de la cueva de Platón del hombre que va despertando a la luz del conocimiento. Iguales en la inconsciencia, pero diferentes en el conocimiento.

Sin embargo ese no es el punto. El asunto es qué mueve al hombre en un sentido o en otro.

Dos circunstancias pueden ayudar  a aliviar la responsabilidad  moral cuando se comete un crimen. Una por ignorancia y la otra por violencia.

Por ignorancia por ejemplo si alguien mata a su hijo al que s e le ocurrió entrar subrepticiamente brincándose la azotea de la casa y no lo hizo por la puerta. El padre, creyendo que se trata de un ladrón, lo hiere de muerte.

El modo de violencia es cuando alguna clase de tirano, obliga  bajo la amenaza que de no cometer un crimen por encargo su familia morirá.

 De aquí   se desprende que otro modo, ya con toda la estructura jurídica institucionalizada, sería el caso del militar profesional en caso de guerra.

 Pero en todos estos casos se requiere de un proceso mental complicado. Suele suceder que los soldados antes de entrar en combate  ingieran o s e les proporcione alguna clase de droga, aunque sea un trago de tequila o un cigarro de marihuana. ¿Porque tiene miedo a morir o porque tiene miedo a cargar con el recuerdo de haber matado? El tratamiento psicológico que recibe un policía de esquina que mató para defenderse o para evitar algún hurto. En la siguiente ceremonia puede hasta ser condecorado por tal  cosa pero él no olvidará, mientras viva, que cegó una vida. De todos estos casos clínicos el cine norteamericano ha realizado excelentes filmes.

Hay otro modo más huidizo al que se refiere Aristóteles. El malo  es o se hace malo. En el fondo este asunto se refiere al tema griego no resuelto. O parcialmente resuelto  según el ángulo del que se le mire. L a genética y la pedagogía vuelven a enfrentarse al tratar de profundizar en la eterna contradicción del hombre consigo mismo.

Por contradecir a su maestro Platón, Aristóteles asegura que la virtud es susceptible de la causa y e l efecto, no dictada desde un millón de años antes. El hombre puede ser malo o bueno: “La tesis central de la ética aristotélica es la de que está en nuestras manos ser buenos o malos”. Lo que queda sin respuesta, en el contexto de la causalidad, es qué resorte lo inclina  para un lado o para el otro. ¿Por qué unos dejan de fumar y por que otros fuman hasta morir por tal hábito si todos saben  los riesgos que se corren? ¡Por pura voluntad! ¿Pero qué mueve a esa voluntad?

Lo mismo al hablar de la concupiscencia Aristóteles dice que  "no está en la situación  de lo involuntario sino en el terreno de poder decir sí o no". Pero tampoco hay respuesta definitiva qué es lo que mueve en un sentido o en otro. Igual si la concupiscencia nos lleva aun terreno pantanoso donde podemos zozobrar por qué no todos pueden evitarla.

Antonio Gómez Robledo cita a Oviedo, en la voz de Medea, para   los tiempos paganos: “Si yo pudiera sería más dueña de mí;  pero me arrastra, contra mi voluntad, una fuerza insólita, y una cosa me persuade el deseo y otra la razón; veo lo mejor y lo pruebo, pero sigo lo peor.”

Y para los tiempos cristianos cita a san Pablo: “Porque no hago el bien que quiero; más el mal que no quiero, este hago”. 

En ocasiones Aristóteles s e parece a Protágoras cuando dice que el hombre es la medida de todas las cosas. Después, aunque no quiera admitirlo, su tesis es la de Platón que dice que no todo lo controla el hombre: “El hombre es causa de los actos voluntarios, mientras que no es causa de los actos involuntarios”. También lo dice de otra manera: “Más allá de la razón está el Principio de la razón”.

Y el regreso al punto de partida, de la Ética Eudemia, es que el hombre debe elegir entre el apetito y el raciocinio pero, contra todo razonamiento, frío, meditado, se  ve llevado ilógicamente por el deseo.

Aristóteles hace un esfuerzo por no dejar los cabos sueltos donde el hombre es llevado y traído por fuerzas ajenas a él. “Esta  virtud es el dominio de sí mismo”. Pero otra vez la pregunta: ¿Cómo se llega esa  virtud, a ese dominio? De un millón de alcohólicos, cien llegan a los grupos de AA, de esos cien se salvan sólo cinco. Lo mismo puede decirse de los fumadores o de otro tipo de adicciones. ¿Qué es lo que decide?

Aristóteles sabe que se puede salir fácilmente adoptando una solución perezosamente  dogmática: todo está bajo el control del hombre. Y ahí acaba toda discusión.  Lo mismo que para Homero, el pagano, que para San Pablo, el cristiano, la respuesta es sumamente sencilla: la solución se encuentra en  las estrellas.

Pero Aristóteles se resiste a recurrir a la solución del Deus ex machina. Y es cuando abre su paracaídas y regresa a la Tierra, a seguir pensando como hombre, no como místico. A  seguir preguntándose ¿por qué, cómo, para qué?

Plotino, el último de los filósofos paganos

Nació en 205 y murió en 279 después de Cristo, fue uno de lo últimos neoplatónicos paganos. Junto con Amonio Sacas, había sido el fundador de La escuela neoplatónica. Se dice que soñó con fundar en Campania un sitio destinado a que viviera en él una comunidad exclusivamente de filósofos. En memoria de Platón a ese Lugar le llamarían “Platonopolis”. Como en ese tiempo era emperador Galieno, el cual junto con su mujer Salonina, admiraban al filósofo, la realización del proyecto de Plotino se veía con muchas probabilidades de ser realizado. Sin embargo el emperador murió en breve. Y como desde entonces la gente de estado no ve con buenos ojos a los filósofos, el proyecto se combatió y acabó por ser olvidado.
 
Plotino
Ptotino se aparta de Los estoicos de Zenon que obedecen solamente a la razón. Anhelan ser indiferentes al placer y al dolor. Nietzsche viviendo conscientemente su enfermedad terminal, Lawrence de Arabia en aquel episodio, del film del mismo nombre, de encender un cerillo y ponerlo directamente en la mano, son dos ejemplos de lo anterior. También Plotino se encuentra lejos, en un principio, de los pitagóricos que llegan a imaginar que los astros pueden regir Las vidas y Los destinos de tos humanos. Si bien, en el siglo I de nuestra era se dio un movimiento de acercamiento entre pitagóricos que aceptaban la inmortalidad del alma y la transmigración de las almas (idea que venía de Platón), con los neoplatónicos. Procedían estos de una línea de pensamiento directa de Sócrates, Platón y Aristóteles. Entre otras cosas, Plotino acepta, como muchos filósofos de la escuela de Sócrates, La esfericidad de La Tierra.

En 1923 la Universidad Nacional de México, (todavía no era autónoma) publicó una obra de las Enéadas de Plotino, que es propiamente el ideario de este filósofo, y relatadas por el filósofo judío Porfirio (Plotino era griego nacido en Egipto). Al final el trabajo de la Universidad hace un estudio del neoplatonismo por Eduardo Zeller. Más reciente La editorial Siglo XXI publicó la Historia de la Filosofía con más de 10 volúmenes. El volumen número 3 comprende un estudio del neoplatonismo por Jean Trouillard.

Plotino es importante porque aparece como el último gran filósofo que produjo el mundo griego de la antigüedad. Para el cristianismo, su existencia fue de tal modo esencial, que, como dice Eucken, exceptuando a San Agustín, ningún pensador ha influido tanto en el movimiento cristiano como Plotino. A diferencia de Bergson, que creía que la conciencia está caracterizada por su duración creadora, Plotino asegura que el movimiento es circular, siempre presente. “El equilibrio del círculo expresa muy bien el del espíritu, porque, sea cual sea la expansión del radio, jamás se separa de su centro generador. Y su fin no es otro que su principio” (J.T.).

Desde luego Plotino aboga por un pensamiento universal y destierra los sectarismos. En su tesis sólo hay fecundidad en la conjunción de principios antitéticos o contrarios. Es una condición para la vida equilibrada y asegura que si no hay luz, no hay tampoco sombra”. Aquí Plotino nos recuerda el justo medio aristotélico, que no debe confundirse con la mediocridad.

Zeller nos relata el fin del neoplatonismo pagano: “pero ya en el imperio romano vuelto cristiano, la filosofía no podía conservar por más tiempo una posición independiente de la Iglesia victoriosa. El año 529 Justiniano prohibió por un edicto que en Atenas se enseñara filosofía.. .Poco después de mediado el siglo VI se extinguieron los últimos platónicos que no habían pasado a la Iglesia cristiana”.

 Durante los primeros trescientos años los seguidores de Cristo habían sido despiadadamente perseguidos y masacrados en los circos romanos. Ahora se tomaban la revancha en esa longitud donde los intelectuales se hacen la guerra.

Sin duda que en su tiempo fue una verdadera tragedia que, ¡precisamente en Atenas, se prohibiera enseñar filosofía! Por lo demás, exactamente por eso mismo, el cristianismo lleva en su seno todo el tesoro de la filosofía griega (véase, por ejemplo, esa fusión o sincretismo del “Dios Desconocido” de los griegos con el “a Dios nadie lo ha visto de los cristianos). Al prohibir que se filosofara, la Iglesia se hizo heredera y responsable de tan grande tesoro cultural ofrecido por los griegos.

Lo mismo sucedió en México cuando se prohibió la religión mesoamericana (recuérdese la figura altamente sincrética de la Virgen de Guadalupe, católica, que se funde con la adoradísima Diosa Coatlicue-Tonantzin, de la religión de Tezcatlipoca). No hay religión en el mundo que sea tan “mexicana” como el cristianismo católico. Así como no hay religión que sea más “griega” que el cristianismo romano. Empezando porque el Nuevo Testamento ni se escribió en arameo, que era el que hablaba Jesús, ni en hebreo, lengua de Jerusalén, sino en griego, que era la lengua dominante de ese tiempo, en aquella región del Cercano Oriente.

 Pero no sólo por lo anterior el catolicismo cristiano tiene mucho de griego. Los grandes maestros de la filosofía griega de la antigüedad: Maestros ambulantes de sabiduría” dice Antonio Gómez Robledo, entre ellos Plotino, habían elaborado abundantes temas que, andando el tiempo, chocarían con las enseñanzas que irían predicando por aquel mundo los sencillos pescadores de Galilea. Pero más tarde se irían fundiendo unas y otras. Así fue como empezó un deslumbrante sincretismo ideológico. Por eso se puede hablar de filósofos neoplatónicos de antes y de después de Cristo.


“Plotino nació en el 204 ó el 205 en la ciudad egipcia Licópolis, hoy Assiut. En el 232 entró en el círculo de Ammonio Saccas (o Sakkas) en Alejandría, de quien también fueron discípulos Orígenes, Longino y Erenio. Se dice de él que recogía niños huérfanos y les daba educación. Su discípulo Porfirio, autor de su biografía Vida de Plotino y de la sistematización y publicación de su obra central Enéadas, refiere que en los seis años que estuvo con él tuvo hasta 4 uniones místicas.
Desde el 254 comienza a poner sus obras por escrito. Sus tratados son en total 54 y están ordenados en seis grupos de nueve, resultado de lo cual reciben el nombre de Enéadas. Se considera como uno de los Tratados más sólidos de la Antigüedad, junto a los de Platón y los de Aristóteles. Murió aquejado de una dolorosa enfermedad (lepra) en el 270 d.C. a los 66 años.
Definido como Neoplatónico místico, Plotino realiza una nueva fundamentación de la metafísica clásica, tomando caminos más ligados a la mística de raigambre pitagórica y platónica que al camino seguido por Aristóteles.
Habría que partir de la idea de que la filosofía de Plotino es una suerte de Cosmogonía unida a una Física. La forma teórica que asume su discurso es la metafísica. En ese sentido es heredero de Aristóteles y, sobre todo, de Platón” Wikipedia

La noche del oráculo, novela de Paul Auster

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Paul Auster inventa  a Sídney Orr que también es un escritor de novelas y éste a su vez se lleva un viejo manuscrito de otra novela de una escritora famosa de los años veintes que tiene por título La noche del oráculo. Son tres novelas en una. Como esos envases de plásticos, que en uno cabe otro y, en este, otro. Además John Trause, amigo de Sídney Orr, y que también es escritor de novelas, le confía un manuscrito suyo para que lo lea pero antes que pueda hacerlo Sídney Orr pierde el manuscrito en el metro. Y a la par que Sídney Orr escribe su novela, dentro de otra novela, con su personaje Nick Bowen, también cuenta su vida en matrimonio con Grace, una mujer cuyo pasado desconoce.

Paul Auster escribe con tanta libertad  que a su segundo personaje inventado, Nick Bowen, lo deja encerrado en un sótano como refugio antiaéreo y simplemente se olvida de él, Confiesa que no sabe cómo sacarlo. Seguramente hubiera encontrado la solución de cómo llevarlo a la superficie pero el misterioso cuaderno azul en el que escribe esta novela se le termina. En lo sucesivo su afán es por conseguir otra libreta azul y de esa manera  Nick Bowen es olvidado.

Sídney Orr quiere mucho a Grace. Esta va a tener un hijo del cual Sídney Orr sospecha que es de su amigo John Trause.

La novela  (La noche del oráculo, de Paul Auster) es una selva de imaginación donde unos sucesos engendran otros sucesos. Al estilo de una charla entre tres  en la que  el tema  central  es abandonado con frecuencia porque saltan otros temas adyacentes que  quedan inconclusos al ser retomado el tema inicial.
Lo cierto es que al final Sídney Orr se apresura a ir al sanatorio donde Grace se recupera de una golpiza que un muchacho drogadicto le propinó haciéndole perder el bebé. Sídney Orr se angustia pero, como novelista, sabe que la vida, es decir, el escrito sobre el papel, puede continuar...

John Trause, el amigo del autor(es decir del segundo autor) que es Sídney Orr y Nick Bowen, el personaje inventado por Sídney Orr, nos ofrecen dos temas para reflexionar.

Primero que John Trause concluye que el pasado hay que dejarlo en paz y no tratar de removerlo. Llega a esa conclusión  porque se la pasaba viendo trasparencias en tercera dimensión que encontró en un viejo rincón de la casona que había sido de su papá. En algunas de esas trasparencias salía él, John, cuando apenas era un niño. Se puso a recordar cosas que le iban llegando conforme veía cada trasparencia. Esto duró algunas semanas. Un día  se descompuso su proyector y se sintió muy triste. Alguien se ofreció a componerle el proyector y fue cuando John le dijo: “Quizá sea mejor así. Hay que vivir en el presente. El pasado, pasado está y por mucho que mires esas fotos, jamás podré recuperarlo”.

Y Nick Bowen nos dice que podemos morir en cualquier  momento: “Es el azar quien gobierna al mundo. Lo aleatorio nos acecha todos los días de nuestra vida; una vida de la que se nos puede privar sin razón aparente”. Un rayo, un edificio que se desploma, un accidente automovilístico, etc. Al salir ileso es como una señal  que  se volvió a nacer. Que debe empezar otra vida, incluso con otro nombre.  Esto, que parece absurdo, es lo más común. Piénsese que la migración, por una causa o por otra, es un fenómeno que se da todos los días en todos los continentes. Dejar todo y empezar de nuevo.

Por lo demás, el individuo, debe aprovechar la brevedad de la vida: “ser curioso, leer libros y tener conciencia de no poder cambiar el mundo por obra y gracia de su voluntad”.

Los personajes salidos de la pluma de un escritor  no tienen que ser explicados abundantemente: “Se ponen inmediatamente de manifiesto por la forma en que actúan”.

Esos personajes son humanos en la medida que se aparatan  de la sospechosa pureza: “Hay buenas personas que hacen cosas malas”.

Paul Auster
En el mundo hay muchos casos de hombres  que no soportan seguir casados, se separan y sólo para descubrir  que, en cualquier momento, ya está otra vez casados: “con la mayor naturalidad del mundo había vuelto a atarse a la misma ruina  de la que había huido en Tacoma”.

En alguna de las tres novelas el personaje invita  a no dejarse llevar por la vida de su familia, o bien a andar imitando modos de vida que ha visto por ahí: “sobre él recae la responsabilidad de ser quien es”.

Sobre todo a no dejarse envolver por la inmediatez de la vida: “Mientras estés soñando siempre hay salvación”.



"Paul Auster es, por excelencia, el escritor del azar y de la contingencia; como no cree en la causalidad, persigue en lo cotidiano las bifurcaciones surgidas por errores o acontecimientos aparentemente anodinos. Esto sucede en La trilogía de Nueva York, en La música del azar, y sobre todo en Leviatán, en su excepcional escena central. Su estilo es aparentemente sencillo, gracias a su trabajo y conocimiento de la poesía, pero esconde una compleja arquitectura narrativa, compuesta de digresiones, de metaficción, de historias en la historia y de espejismos (El cuento de navidad de Augie Wren). También describe existencialmente la pérdida, la desposesión, el apego al dinero, el vagabundeo (en El palacio de la luna, cuyo personaje central se llama Marco Stanley Fogg, en una especie de unión de estos tres grandes viajeros). También se cuestiona la identidad, en especial en la La trilogía de Nueva York en la que uno de sus personajes (que no es el narrador) se llama como él; en Leviatán, en la que el narrador tiene sus iniciales (Peter Aaron) y conoce a una mujer llamada Iris (anagrama de su esposa Siri); o en La noche del oráculo, donde un personaje se llama Trause (anagrama de Auster)".

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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