STo. Tomás visto por Copleston

Su obra El pensamiento de Santo Tomás  contiene ideas que el mundo tardó setecientos años en poner en práctica. Santo Tomás considera que el Estado y la Iglesia debían vivir en armonía pero cada quien por su lado: “En consecuencia, el Estado tiene una función positiva propia, y Sto. Tomás no lo consideró como un departamento  de la Iglesia, ni creyó que el gobernante fuera vicario del Papa.”
Su abundante creación intelectual  comprende principalmente la Summa Theológica y la Summa contra los Gentiles.
Copleston

En el discurrir de religión con otros cristianos, en el controvertido tema de la representación, Santo Tomás es directo. Copleston dice: “Santo Tomás no creía en un pensar sin imágenes y consideraba la necesidad de recurrir a ellas como un ejemplo de la dependencia real de la actividad mental respecto  de las facultades o poderes sensibles”.  Para representar una región los cartógrafos recurren a los mapas,  los arquitectos a las maquetas, los banqueros a las letras de cambio, los críticos gráficos a la caricatura…

F C. Copleston S. J. (10 de abril de 1907-3 febrero de 1994). Sacerdote de la Compañía de Jesús y escritor de filosofía. Se convirtió al catolicismo romano mientras asistía al Marlborough College. Fue el autor de la influyente obra Historia de la filosofía, publicada en once volúmenes. Es conocido además por el debate que sostuvo con el famoso pensador inglés, Bertrand Russell, transmitido en 1948 por la BBC. El debate se centró en la existencia de Dios. El año siguiente debatió con A. J. Ayer sobre el positivismo lógico y la significación del lenguaje religioso.

Copleston encuentra que el tomismo es una manera de pensar siempre en desarrollo: “es un pensamiento vivo y en desarrollo, que se inspira  en Sto. Tomás, pero que lleva a cabo su meditación a la luz de la filosofía y el desarrollo, cultural posteriores...El concepto de una filosofía perenne es el concepto de una comprensión en desarrollo, más que el concepto de la expresión,  estática y acabada, de tal comprensión… Se daba cuenta, como filósofo y psicólogo, de la importancia de los aspectos apetitivos y volitivos de la vida humana”.

El confesionario, la psicología y la filosofía, le facilitaron desarrollar temas como el de la “Idea operante”.Una idea, que después encontramos en Schopenhauer, es que algunos hombres viven bajo la letra que les inspira una ideología o alguna creencia, pero sus actos en la vida diaria no corresponden. Dice Copleston siguiendo a Santo Tomás: “Muchas veces sólo podemos decir lo que esta idea es, observando las acciones de un hombre, y viendo cómo organiza su vida conocemos el propósito que lo guía o sea su Ideal operante”. Filosofar hablando y filosofar actuando son dos maneras muy cultivadas. Estaba convencido, por el contrario, de que la filosofía es una forma de actividad intelectual que exige un esfuerzo mental paciente, amplio y constante.

 Creía que la fe y la razón van mano a mano en la comprensión de la realidad: “Si sólo hubiera un entendimiento en todos los seres humanos, dice el santo, sería imposible explicar la diversidad de nuestras vidas y actividades intelectuales”.  No es necesario parcializar al hombre. Santo Tomás sabía que desde la antigüedad clásica existieron escritores que página tras página mataban a Dios negando su existencia. Se pregunta extrañadísimo  ¿Por qué matar algo que no existe? : “Si el entendimiento humano no conociera positivamente algo acerca de dios, no podría negar nada de Él”.

Lo práctico del pensamiento de Santo Tomás se ve cuando dice que no es necesario ir por el mundo haciendo buenas obras por todas partes  como para llenar el día. Sólo las que, de no hacerlas, causarían algún mal: “Llevar a cabo sólo aquellas buenas acciones cuya  omisión  produciría mal”.


La contribución  más destacada a su formación de Santo Tomás fue Alberto Magno con quien estudió en Paris de 1245 a 1248.

Sto. Tomas visto por Chesterton

Santo Tomás de Aquino busca el equilibro de las cosas: “Fue una idea muy especial de Santo Tomás que el hombre ha de ser estudiado en su íntegra hombredad; que el hombre no es tal sin su cuerpo”.


Santo Tomás vivió hace setecientos años (1224-1274). Escribió extensamente  de filosofía: Se destaca su  Summa Theológica. Para conocer de su vigencia  G. K. Chesterton dice: “ Lo que sabemos o podríamos saber o quizá tengamos la fortuna de aprender acerca de su obra llenaría, probablemente, más bibliotecas en lo futuro que ha llenado  en el pasado”.

Se recordará que Chesterton es un célebre pensador y novelista inglés del siglo veinte. Es el autor de: Santo Tomás de Aquino. Una obra de gran profundidad y escrita con claridad y sencilles. Nosotros nos apoyamos en la edición de Espasa-Calpe, Argentina, S.A. Buenos Aires-México, 30 de julio de 1942.


Chesterton

Martín Lutero fue abrumadoramente impactado por Santo Tomás al grado que prefirió quemar sus obras. Chesterton escribe: “Se cuenta que el gran reformador quemó públicamente la Summa Theologica y las obras de Aquinas”.

Algunos siglos más tarde grandes pensadores del bando materialista estarían   en una posición diferente a la de Lutero. Bochensky, en La Filosofía Actual (Fondo de Cultura Económica, México, 2002) diría: “Bertrand Russell, que forma parte del grupo de los filósofos de la materia y, por consiguiente, se halla en la prolongación del siglo XIX, dice que la influencia de Tomás de Aquino (en el año 1946) es mayor que la de Kant o la de Hegel”.

Agrega Bochensky que actualmente el tomismo es el que más centros de estudio tiene. En casi todo el mundo cuenta con centros de investigación. Sólo la revista Bulletín Thomiste ofrece cada año 500 indicaciones de libros. Sobre todo se ha desarrollado el estudio del tomismo vigorosamente en Francia, Bélgica, Italia, Suiza y en Estados Unidos.
                                                                                                                
Si su obra tiene un lugar destacado y vigente en la filosofía es porque Santo Tomás tiene un pie en lo sagrado y otro en lo profano: “La filosofía y la teología tomista, sinceramente comparadas con otras filosofías, como la budista y la monista,y con otras teologías , como la calvinista y la cientificocristiana, es enteramente un sistema practico y luchador lleno, por consiguiente, de esperanzas y promesas”.
                                                                                                    
 Santo Tomás fue un hombre conocedor de las grandes filosofías de la antigüedad clásica: “El hecho sobre saliente de Santo Tomás fue que amó los libros y vivió con ellos; que vivió la misma vida que el estudiante de las Fabulas de Cantorbery, el cual prefería poseer cien libros de Aristóteles  y su filosofía a toda riqueza  que el mundo le podía ofrecer”.
                                                                                                       Chesterton                                                                                       
Con la siguiente anotación Chesterton define el perfil de Santo Tomás en la perspectiva de su conocimiento de Aristóteles: “ Es un hecho de indiscutible importancia que Santo Tomás fue un hombre de un talento privilegiado que reconcilió a la religión con la razón, que la extendió hacia las ciencias experimentales, que insistió en que los sentidos son la ventana del alma y que la razón tiene un derecho divino a alimentarse de los hechos , y que es incumbencia de la fe digerir la comida fuerte  de la más recia y la más practica de las filosofías paganas”.




Londres, (1874-1936). G. K. Chesterton, ensayista y novelista, mostró siempre en sus obras una honda preocupación religiosa, un agudo sentido del humor y un espíritu crítico mediante el empleo de la paradoja. Con un estilo brillante, vigoroso y agudo, sus escritos revelan un espíritu conservador y realizan una defensa constante del catolicismo. Entre sus creaciones más importantes se encuentran estudios teológicos, polémicas y libros de poesía; aunque, en la actualidad, su fama se debe a sus novelas y a una serie de relatos que narran las aventuras detectivescas del afable y católico Padre Brown.





Los filósofos griegos y W. K. Guthrie

Este autor nos dice que el pensamiento griego tiene un valor eterno porque de ahí arrancan las más desatacadas corrientes filosóficas en las que se sustenta la cultura occidental. Y por la solución que ese filosofar dio a problemas esenciales del pensamiento abstracto.

Los filósofos griegos  es un excelente resumen de la filosofía clásica griega, desde los oscuros orígenes hasta su culminación en Aristóteles. Este autor es, en ese periodo de la filosofía del mundo antiguo al que nos referimos, el fin de un largo camino que empezó con Pitágoras, los pluralistas y los sofistas. Apareció Sócrates, lo siguió Platón y todo desembocó en el universo aristotélico.

W. K. Guthrie fue profesor distinguido de la Universidad de Cambridge. La primera edición en inglés de esta obra fue en 1950. La primera en español en 1953, por el Fondo de Cultura Económica, México. Para 1980 había alcanzado siete reimpresiones. En esta última con un inusitado  (en México) tiraje de 5 mil ejemplares.

Guthrie nos invita a detenernos y estudiar con cuidado a estos pensadores para, de esa manera, evitar una serie de ideas deformadas que, por ignorancia o de manera deliberada, han sufrido a través de los siglos. Estas deformaciones las arrastramos: “Como parte integrante de nuestros equipo mental, de suerte que las llevamos con nosotros como cosas incuestionables y la mayor parte de las veces inconscientemente”.

En la obra de este sabio académico los filósofos materialistas y los teleologistas se suben al  ring y frente a nuestros ojos de espectadores se desarrolla el más formidable encuentro daléctico de las ideas. Los materialistas definían las cosas con referencia a su materia: aquello de que estaban hechas. Los teleologistas aseguraban que la esencia de las cosas era el destino o función: “La estructura sirve a la función y depende de ella”. Desde  estos pensadores,  a los de  todos los siglos por venir, y entre ellos los zoólogos, hasta nuestros días, elucubrarán si el dedo prensil hizo a la función o la función a la mano.

Cita a Pitágoras en aquello que todo evoluciona para la forma y el orden: “El filósofo que estudia el cosmos se hace kosmios-ordenado- en su propia alma”. Creían que el amor es el que impulsa hacia mundos armónicos: “El amor es lo que hace que los sexos se unan, que los hombres piensen benignamente y que efectúen buenas acciones” Fuera de esto está la antítesis.

Guthrie cita a Parménides que fue el que dijo que el hombre es la medida de todas las cosas. Y a Platón,”El más grande de los pensadores griegos”, que da la definición de lo bueno: “Lo bueno tiene que ser algo que siempre beneficia y nunca daña”.

Platón, dice el autor, tiene verdades duras de tragar. Mismas  que a través de los siglos le restaron simpatías. Una de ellas se refiere a los políticos: “Uno de los males más grandes de la vida política, según Platón, es la ambición material de los políticos…Los que tuvieran mayor interés en enriquecerse podían hacerlo en horabuena, pero renunciando a los cargos de gobierno y limitando sus actividades al comercio”. La insalvable prueba de fuego es que los que conforman el gobierno debían ser servidores voluntarios para el pueblo, sin cobrar…

Todavía no nace esa cepa de servidores públicos...sino todo lo contrario...

El último de los filósofos considerados en esta obra es Aristóteles. Se aparta substancialmente de muchas cosas que dijeron Sócrates y Platón. Aunque, como alumno de éste último, nunca dejó de ser platónico. El impulso que quiere dar Aristóteles a la Humanidad es mediante el saber. Y para adquirir y guardar conocimientos nada mejor que la biblioteca. Según Estrabón, Aristóteles tenía una academia y: “En uno de los edificios instaló una biblioteca, la primera en la historia, al decir de Estrabón”.

G. Murray y Eurípides

Es considerado el más trágico de los poetas de su tiempo. La leyenda dice, para acentuar el lugar señalado que este poeta  tenía ya en la remota antigüedad, que leerlo era en ocasiones una especie de salvo conducto si se estaba en peligro: “ Se cuenta que siete mil atenienses habían caído prisioneros en Siracusa después de la derrota, y que muchos habían obtenido la libertad sólo por ser capaces de recitar de memoria fragmentos y coros de Eurípides”.

Se hilaba mucho en la sociedad griega del tiempo de Eurípides con temas como la sabiduría, la libertad y la democracia. No hay que olvidar que Eurípides, Sófocles, Esquilo y Aristófanes fueron contemporáneos de una pléyade de grandes filósofos.

            Portada de la Editorial Concepto S.A,México.

De ellos conocían los pensamientos, los procesaban dentro del terreno de la praxis, los “bajaban” hasta el pueblo y el resultado era de tanta calidad que de los cuatro comediógrafos mencionados, aun veinticinco siglos más tarde, los seguimos de cerca. El psicoanálisis en el siglo diecinueve, la novela, la poesía, la política y la sociología han encontrado en estos pensadores incontables temas para desarrollar.

Eurípides es uno de esos escritores de los que una corriente de pensadores se apropia, lo idealiza, lo venera y acto seguido lo agarra como ariete en contra de otros pareceres. Gilbert Murray, en su obra Eurípides y su tiempo (Fondo de Cultura Económica, México- Buenos Aires, 1966, dice: “lo han defendido, idealizado y aun transformado hasta hacerlo irreconocible, algunos campeones de la rebeldía y el libre pensamiento”.

Murray dice que Eurípides es considerado como un rebelde de su sociedad porque en esa sociedad existía una tradición bien establecida. ¿Sino contra qué se iba a rebelar?: “es un rebelde contra semejante tradición. Y la mejor tradición crea a los mejores rebeldes” Y como ninguna tradición es perfecta, por buena que sea, siempre hay rebeldes desde la época de Eurípides. Y a su vez los rebeldes no permiten que los tradicionales se queden en la completa inmovilidad: “Los conformistas más completos se encuentran acaso más a gusto cuando se ven obligados a luchar por sus ideales contra las fuerzas encontradas”.Este juego dialéctico no pasa desapercibido para Eurípides y mete en él a sus personajes: “mero choque entre convenciones artificiosas y violento realismo.Para otros,ésta es precisamente la condición por la cual merece la eminencia que le concede Goethe, y Aristóteles en un sentido más limitado, y por la cual se mantiene, desde hace más de dos mil años,como el más trágico de los poetas”.

Para los intelectuales que creen en la generación espontánea de las ideas o de las corrientes políticas y sociológicas, dice Murray que frente a la tradición no se pueden cerrar los ojos porque es el resultado de la acción humana. Si se hace de noche y vuelve a salir el sol es una cosa. Pero en cuanto a producto humano la cosa va de una generación a otra: “El arte implica el mensaje de un hombre a otro”.

Para Aristóteles es “el más grande de los poetas”.Goethe diría de Eurípides: “¿Acaso hay en todo el mundo otra nación que haya producido un dramaturgo digno de ponerle la pantuflas?” Diecinueve piezas suyas se han salvado de la destrucción del tiempo y de los hombres. Para Murray Las Bacantes merecen lugar aparte: “ Las Bacantes es la más formal de las tragedias griegas conocidas; su Coro es el alma de la obra, y sus tiradas líricas son tan extensas como magníficas”.

Por lo demás en su vida Eurípides era un   solitario: “Averiguamos que usaba una barba larga y que tenía lunares en la cara. Vivía muy solitario, y le aburrían las fiestas y las reuniones. Tenía algunos libros, y detestaba las mujeres…Era un filósofo, y muy aficionado a encerrarse a leer”.
Eurípides nació 484 a C.

M. I. Finley en El mundo de Odiseo



Finley nos dice, en su obra, El mundo de Odiseo, que en realidad Odiseo es una manera un tanto mitológica  de llamar al señor de una región. Cuando éste se iba a la guerra y moría otro ocupaba su lugar, se quedaba con su esposa y sus pertenencias. Costumbre que se facilitaba en nombre del parentesco que predominaba en esa época y  en esa sociedad. Facilitaba conservar la unidad familiar. Sin embargo los mecanismos  con frecuencia eran turbios.

Si el otro regresaba de la guerra de todas maneras se buscaba la manera de que muriera. Así, dice este autor,  fueron asesinados Menelao,su hermano Agamemnon y Néstor cuando volvieron vencedores de la guerra contra Troya. Y ese mismo destino le esperaba a Odiseo al regresar a Ïtaca. Pudo trastocar tal final a través de disfrazarse y dar muerte a los 108 que frecuentaban su casa, consumían sus recursos económicos al exigirle a Penélope sendos y frecuentes banquetes. Y lo esperaban conjurados para darle muerte, en el caso que regresara. Porque nadie, ni siquiera su esposa Penélope, sabía si seguía con vida.

La guerra contra Troya. El tema, muy conocido,  es que Odiseo tarda mucho en ese viaje de vuelta. Entretanto Penélope, su esposa, se ve presionada por una serie de individuos  que con asiduidad frecuentan su casa.  Esto es lo que la humanidad ha leído  durante treinta siglos. Para soportar el peligro que se cierne sobre su casa  y para lidiar con sus propios miedos, y tentaciones, Penélope se la pasa tejiendo.

Ahora Finley nos describe el mundo en el que se mueve Odiseo y otros personajes de Homero, unos mil años antes de nuestra era. Los hace hablar, sentir, pensar y actuar según su circunstancia. Esto, que parece  obvio, no lo es. Juzgamos desde nuestro tiempo a mundos que ya se fueron. Y con frecuencia suele aparecer la tentación de reescribir la historia, pero ahora desde nuestro año y según los intereses detrás de la pantalla.

Por lo anterior Finley dice desde el primer párrafo del Prefacio de su libro: “ Es necesario conocer cosas como éstas siempre que leamos narraciones referentes a días que no son los nuestros; es necesario, por consiguiente, darse cuenta de los motivos y principios morales que difieren, en género y en grado, de los que suponemos existen en nuestros contemporáneos.”

Nuestra circunstancia, escribiría Ortega y Gasset, no es la misma de aquellos.

Odiseo también volvió a su pueblo Ïtaca. Sólo que una serie de aventuras lo retardaron diez años. En realidad eran acciones de piratería y rapiña que él y sus compañeros de navegación iban cometiendo. Odiseo es un héroe al estilo de la vieja leyenda romántica. Los que destruyeron y saquearon Troya igualmente s e les recuerda como los personajes principales de leyenda homérica. Y la guerra, la destrucción  y la rapiña van a dejar en los siglos que estaban por venir el paradigma de los destructores.

 Pero finley encuentra en el mismo Homero algo que dice que el enfoque milenario de la ratería  tomado como normal no es cierto. Eso hacían los que vivían de la rapiña, pero la vida de los pueblos seguía otro ritmo. …Finley habla precisamente  del mundo de los griegos que suben por la senda de la cultura muy distinta a la que llevaban ahí mismo, paralelamente, los de la leyenda

Después de haber engañado y matado a los 108, a la primera mañana que amanece en su casa, y con su familia, la diosa Atenea lo increpó de esta manera: “¡Temerario, artero incansable en el dolo! ¿Ni aun en tu patria  habías de renunciar a los fraudes y a las palabras engañosas, que siempre fueron de tu gusto?”

Finley dice que los griegos habían aparecido en escena unos tres mil años antes del tiempo del cristianismo. Que tienen tres nombres y son: helenos, y su nación es la Hélade. Griegos, graeci, los llamaron los romanos y es el nombre con el que los conocemos.

La familia, el parentesco, era el fundamento de la sociedad de la Grecia antigua. Aunque predominaba el trato masculino. La presencia femenina, aun en el nivel de las diosas olímpicas, se movía en un inferior segundo plano. Como se ha apuntado, había la práctica de la rapiña y la pederastia. Ni más ni menos como se ha practicado por  todos los pueblos del planeta cuando se han encontrado que son los  vencedores. Aunque casi todos se quedaron en esa etapa de la  destrucción y la rapiña.

 La diferencia con aquellos griegos fue  que nos dejaron  su idioma, su pensamiento, su arquitectura y su escultura. Cosas que  han hecho un aporte inmensurable a la cultura mundial.

Ese tipo de contraste nos relata Finley en El Mundo de Odiseo. Editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1975.

W. Jaeger y el cristianismo primitivo

Un año le quedaba de vida a Werner Jaeger cuando  dio, en 1960, una serie de conferencias en la Universidad de Harvard. El ciclo se llamó “Carl Newell Jackson”.
 Se recordará que Jaeger es el autor de Paideia. Un trabajo monumental  que desglosa el pensamiento educador de los antiguos griegos.

Pero Jaeger considera que a su obra siempre le hizo falta un volumen especial que tratara de “la recepción de la Paideia griega en el mundo cristiano primitivo.” Considera que la Paideia griega sufrió una transformación durante los primeros siglos cristianos.

El nombre de Werner Jaeger es una garantía de probidad académica que quita toda suspicacia de hacer de esta obra un intento más de distorsión histórica. Todo lo contrario. Lo que busca es abrirse paso entre tanta absurdidad que al respecto  se ha escrito en los últimos veinte siglos y rescatar el hecho original. 

Las conferencias fueron unos lineamientos generales de lo que sería “un todo mayor”. Agregó extensas notas a los “apuntes” de las conferencias y, entre tanto trabajaba más en ese proyecto, dio a la imprenta este material que consideraba “como primera aportación a esta nueva valoración”.

De esta manera, en lo que transcurrió un año de las conferencias, a su fallecimiento, alcanzó a escribir el presente libro que lleva por título Cristianismo primitivo y Paideia griega. Su primera edición, en 1961, fue en inglés y la primera en español tuvo lugar en 1964, por el Fondo de Cultura Económica, México.

Jaeger anota la gran influencia que la cultura griega ejerció sobre el cristianismo: “En teoría, la influencia de la civilización griega sobre el cristianismo ha sido reconocida en muchos campos de la literatura teológica erudita”.

Considera el factor  del idioma y la cultura griego que llevó a  aquel cristianismo de aldea a una proyección mundial: “el kerygma  cristiano no se detuvo en el Mar Muerto ni en la frontera de Judea, sino que superó su exclusividad y su aislamiento local y penetró en el mundo circundante, mundo dominado por la civilización y la lengua griegas. Este fue el hecho decisivo en el desarrollo de la misión cristiana y su expansión por Palestina y más allá de sus fronteras.”

Anota otros factores. Uno de ellos fue la expansión del idioma que a la sazón había alcanzado el griego en esas latitudes. Sin dejar de mencionar, observación nuestra,  la acción conquistadora de Alejandro que fundaba poblaciones griegas después de cada triunfo militar.

Otra razón fue que los judíos que habitaban en esos países o reinos estaban ya helenizados. De ahí que Pablo y sus compañeros llegaran a Efeso, Corinto o Roma a predicar a las sinagogas, tanto a los de su pueblo de la Ley Mosaica como a los griegos y demás conglomerados multirraciales: “el cristianismo era un movimiento judío y los judíos estaban ya helenizados en tiempos de San Pablo; no sólo los judíos de la Diáspora sino también, en gran medida, los de Palestina.”
W.Jaeger

Empezando porque el nombre de “cristianos” se dio en Grecia: “El nombre de la nueva secta, christianois, se originó en la ciudad griega de Antioquia.” La misma palabra “Iglesia” es del griego ekklesia.  Siguió toda una práctica griega de comunicación empleada por los primeros predicadores judíos cristianos, tal como la forma epistolar, la “didaque”, el “Apocalipsis” y el sermón.
                                                                                                    

También la confesión. La confesión era una práctica ya muy usada en los tiempos de Platón, al menos quinientos años antes de Jesús. Los “profetas errantes” de las religiones catárticas de Museo y Orfeo iban de casa en casa invitando a ricos y pobres al conocimiento de estas enseñanzas mediante “los cuales pueden obtener la absolución de sus faltas o de las de sus antepasados”, escribe Jaeger.

Después Jaeger sigue relatando una serie de hechos paralelos de la cultura griega y el cristianismo primitivo. A Sócrates y sus discípulos los llamaban ateos porque llegaron a no creer en los dioses del Olimpo. Hecho que desembocó con la muerte del maestro. También a los primeros cristianos, dice Jaeger, se les señalaba como ateos porque no creían más en algunas  de las ancestrales  ideas ni practicas de su religión original. Todos ellos, empezando con Jesús,  también fueron  sentenciados a muerte.

Werner Jaeger murió y no pudo ver concluido su sueño de integrar a Paideia esta parte del cristianismo primitivo que, según había esbozado, estaba pensado como “volumen”. Pero al menos nos quedaron los valiosos apuntes de sus conferencias de Harvard.

Aristóteles y la noción del bien

El bien en Aristóteles es “la causa final”.Como si dijéramos el principio y el final.
 Pero hay una causa que ya es y otra que busca ser. La primera no necesita movimiento y la segunda sí, para devenir, en la persecución del bien.

La religiosidad y la laicidad le han llamado a esta primera causa de mil maneras.  Aristóteles le llama el “primer motor” y el “Sumo Bien”  Es lo de menos el nombre, el punto es ¿cómo las cosas inmóviles podrían generar acciones que implican movimiento?

La noción del bien puede ser tan escurridiza como la verdad. En su Metafísica Aristóteles aborda este tema en cuatro capítulos  o libros: Alfa, Beta, Gamma y Delta.

Eugene F. Ryan escribió un trabajo titulado La noción del bien en Aristóteles. Fue publicado en 1969 por el Instituto de Investigaciones Filosóficas (cuaderno 26) de la Universidad Nacional Autónoma de México. Aquí Ryan dice, siguiendo a Aristóteles, que el bien no es sólo un principio sino “la causa final.”: “el bien en cuanto tal, y en cuanto es un principio, debe ser por su propia  naturaleza “la causa final”.

Más el bien es en función o en la perspectiva de algo, pero, ¿qué algo?: “Los principios materiales, el azar o la fortuna, no podrían ser la razón suficiente de ellos”. Se requiere de otros principios. El bien que deviene está inseparablemente unido a la acción y al movimiento que buscan el cambio. Todo esto persiguiendo la perfección de la cosa.

¿Lo mejor? Lo mejor es lo que es sobre el tiempo. A lo otro tarde o temprano se lo lleva el viento.” Como alguna corriente escatológica, de esas que nunca faltan,  podría decir que la muerte también es, Aristóteles aclara: “el bien constituye el fin de toda generación y todo movimiento”. Aquella es la cesación de movimiento y ésta es alcanzar algo mediante el devenir, la acción, el perfeccionamiento. Además esta realización es inconclusa pues de otra manera no se explicaría el movimiento que deviene.

Podríamos decir que lo bueno es de humanos y lo bello es lo que es. Cuando las cosas se complican,  como parece suceder con frecuencia en filosofía, Ryan acude en nuestra ayuda simplificando: “Las cosas bellas  se califican de bellas  porque ponen de manifiesto cierto orden agradable. La falta de lo deseable  y la carencia del orden nos abandonan al mal, a la fealdad, al desorden”.

Tenemos de esta manera lo bello y lo feo ( malo). Es decir la antítesis. A esta se le puede encontrar hasta en la sopa. Por defender a ultranza uno de estos extremos la Humanidad se ha ensangrentado mil veces. Sin olvidar los vesánicos intereses económicos que suelen mimetizarse con ideales. Enseguida Aristóteles dice algo que nos recuerda a Schopenhauer respecto de la existencia, real, de lo malo: “En la naturaleza  no sólo se hallan presentes los males  y las cosas viles, sino que se hallan presentes en mayor número que los bienes”.

Aquí es cuando aparece la expresión de “termino medio”. Se nos ocurre (fuera del texto comentado) que nuestra época tan radicalizada en las definiciones necesitaría profundizar en esto del “término medio”. Recordemos que ni a Nietzsche ni a José Ingenieros le gustaban los términos medios.

Aristóteles, en cambio, dice que las proposiciones contradictorias desembocan con frecuencia en la desarmonía. No se trata de cerrarle la puerta a libertad de expresión sino evitar la radicalización que lleva al caos.

Recordar que en la guerra española de 1936 las minorías (que por cierto eran grandes minorías) no tenían interlocutor ante el gobierno de la república y, el resultado ya lo conocemos...Después con Franco tampoco había interlocutor y, el resultado también lo conocemos...

Aristóteles afirma que “si existiera un termino medio no sería ninguno de los extremos, sino que tendrían algo de la mezcla de los dos”. Es lo que en la actualidad, en los países donde hay democracia, se conoce como "proporcionalidad" en número de votos.

Parece que después de 25 siglos la humanidad entendió a Aristóteles  y eso se parece mucho a lo que en la actualidad se llama, en el buen sentido, “negociar”. Acercar posiciones, ideas o intereses materiales. Ceder de ambos lados antes que llegue la ruptura. Se utiliza mucho en revisiones de contratos colectivos de trabajo y en el trabajo legislativo. Los que más lo han experimentado en carne propia son en situación  de divorcios en que se encuentran  los matrimonios. En estos y muchos casos más, cuando no hay negociación, kaput.

 En este  espacio no podríamos agotar el trabajo de Ryan. El texto le da una repasada a los conceptos de orden, belleza, bueno, bondad, armonía, etc.

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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