EN LAS MONTAÑAS CON ORTEGA Y GASSET


 

Dios anunció que vendría por segunda vez a la Tierra y el estadio se llenó de gente hasta los bordes.

Pero el público, dice Enrique Jardiel Poncela, quedó desencantado. Esperaba una emoción fáctica de partido de futbol. En cambio Dios les hablaba de valores esenciales. Lo dejaron hablando solo.

-Algo semejante le pasó a José Ortega y Gasset con muchos de los españoles en España-dijo Yuma, uno de mis compañeros de escalada en aquella ocasión.

La semana pasada brindé, con otros tres amigos, por el 132 aniversario del nacimiento de Ortega. Nos reunimos, para tal efecto, luego de tres días de subir en las paredes y agujas del Circo del Crestón, Macizo de las Monjas,  tres mil metros de altitud en la Sierra de Pachuca, oeste del pueblo de Chico, Hidalgo, en el albergue del valle de Las Ventanas.
Sierra de Pachuca, Hgo. México, en la travesía  a Capula.
Izquierda Las Goteras, centro, al fondo,Las Ventanas, derecha Las Agujas
Foto de Omar Altamira A. 17/3/2019

La ocasión fue estilo alpino, sentados en la veranda del albergue, con vino tino, queso y pan negro.

Con la aclaración que los cuatro somos del Popol Vuh y el Quinto Sol, no del Quijote. Somos frijoleros y comemos tamales, y sólo por curiosidad ecléctica le entramos a la  paella y a la morcilla.

-Pero, como a Jesús, a Ortega se le descubrió, y es distinguido, como gran filósofo, fuera de su terruño. En América se le lee con avidez- balbuceó Toci en tanto se pasaba enorme trago de vino tinto a boca de botella. Es la muchacha  escaladora que igual sube por las rocas calientes de los dos mil que por rocas heladas, corredores de hielo  y glaciares colgantes, en los seis mil, de la sur del monte  Ameghino, de los Andes argentinos.

-Lo que es un fenómeno-opinó Cork, mi compañero de cruzar desiertos de arena de cincuenta grados de temperatura, del norte de México-, porque en América se frecuenta a los filósofos griegos clásicos, alemanes, franceses y estadounidenses, no tanto a españoles. Esto por razones históricas. El pensamiento de Ortega ha logrado brincar esa barrera.

Xyster, el otro de la cordada, que también, y tan bien conoce a Ortega:

-Esto es posible porque los platillos que Ortega confecciona van de la razón a la sinrazón o, por mejor decir, de la realidad de la cosa a la irrealidad en la novela, la poesía y, particularmente, en el arte pictórico.

Yuma.-Tenía cerca modelos de inspiración con 30 mil años de la cueva de Altamira y con Velázquez.

Toci-¡El arte no es nuevo en la Península!

Yuma.-De alguna manera la obra de Ortega dice que los artistas jóvenes, que consideran el arte sin irrealidad, son como aquel que acaba de salir del confesionario del sacerdote y asegura que no cree en la eternidad…

Toci.-El realismo habla, con toda propiedad, de escritores viejos y escritores nuevos, o pensadores  pretéritos y contemporáneos. Ortega, en cambio, habla de sabiduría en el arte, que se explica como la facultad de alejarse de copiar a la naturaleza. Está hablando de “otro tiempo”.

Cork.-En esta dimensión las ideas son eternas sin detenerse a considerar el tiempo en el que son dichas. Platón, Emerson y Ortega están en el mismo tiempo que no se mide por átomos.

Yo.-No digo que están en el Romanticismo porque posiblemente rechazarían esa etiqueta.

Yuma.-Necesario partir de la tradición para después emprender el vuelo propio.

Toci.-En teología se parte de la creación espontánea. En el pensamiento lógico, de la filosofía, es necesario ir pegando un tabique, como en la albañilería, después otro tabique y luego otro. Es lo que hace Ortega.

Xyster.-Pero no se queda en la “obra negra” de la construcción. Al final pone una antena en la azota para ver si se pueden captar mensajes de irrealidad.  A riesgo de sólo quedar en la metáfora y lleguen señales de la cosa, del fenómeno, del satélite en órbita.

Cork.-Al final, escribe Ortega, la obra artística será valiosa entre menos elementos tenga ya conocidos y más propios de artista. Esto es más familiar en novelistas. Por algún tiempo escriben bajo la seducción de otro autor y luego se lanzan con su propia originalidad. Los mismos filósofos no pueden escapar a ese proceso.

Yuma.- La definición que Ortega hace  de artesano y artista es eso. El primero reproduce modelos. El segundo crea paradigmas.

Toci.-Realismo y Romanticismo.

Cork.-El filósofo marsellés, Jean Wahl, dice que es ineludible conocer a los griegos clásicos antes de decirles un respetuoso adiós.

Xyster.-En sus Ensayos, Emerson es de la misma opinión. Recorrer el camino abierto por otros, brincar la última barrera y, a su vez, explorar nuevos rumbos. Más allá del horizonte.

Yuma.- Cierto, Emerson considera que esto de la cultura es como en las carreras de atletismo: primero es necesario prepararse para batir la marca, o el record último.

Toci.-Ahora que lo mencionas, con un pensamiento de  calidad de intelectual original, Emerson es implacable. Oigan lo que dice, cito textualmente:

“Todos estos no son más que jóvenes aventureros que ofrecen sus trabajos al sabio oído del tiempo…Cuando algún escéptico o atrevido pide que se le oiga sobre cuestiones morales o intelectuales, le preguntamos si le son familiares los libros de Platón, donde ya están resueltas de una vez para siempre  todas sus más agudas objeciones. Si no conoce a Platón, no tiene derecho a quitarnos el tiempo, que lo lea y verá cómo ahí se le responde a todo.”

ORTEGA
 

“José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883 – ibídem, 18 de octubre de 1955) fue un filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo y de la razón vital (raciovitalismo) e histórica, situado en el movimiento del Novecentismo.”WIKIPEDIA

 

 

 

 

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Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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