P. Rivet y el origen del hombre americano

Los orígenes del hombre americano
Paul Rivet
Fondo de Cultura Económica
1974


Procedente del “antiguo” continente, el hombre llegó a América, por el norte, caminando, hará unos 20 mil años. Y por el sur sensiblemente menos tiempo. Pero también llegó por el agua marina. Llegó de diferentes partes de Asia y África y de Europa. Aislado de todo, desarrolló una espiritualidad,  religión, tecnología, arquitectura y cultura  originales. Y, también, como los peruanos, “salieron” y volvieron. Hombres osados, como los vikingos, llegaron y por siglos permanecieron en suelo americano, pero al final desaparecieron, casi sin dejar huella. Sólo los asiáticos llegaron para quedarse. Y trascender:


Grupo de Alaska


“El hombre americano no es autóctono; venido del antiguo continente, no aparece en el Nuevo Mundo antes del fin del Cuaternario, después del retroceso de los grandes glaciares; y sólo pudo llegar a él utilizando vías de acceso iguales a las existentes hoy día, puesto que América tenía desde esa época lejana sus contornos actuales.”

Se da por hecho el origen asiático de las poblaciones del Nuevo Mundo. El paso de aquellas regiones hacia América sería a través del Estrecho de Bering y el rosario de Islas Aleutianas que se hallaban libres de hielos hacia el final de Cuaternario: “Según Hrlicka, el prototipo indio se encuentra entre las poblaciones actúales de Siberia, de la China occidental, de Mongolia, del Tíbet, de Corea, del Japón, de Filipinas y de Formosa. Estos emigrantes asiáticos, aun perteneciendo a la misma raza fundamental, no eran absolutamente homogéneos desde el punto de vista étnico; correspondían a diversos subtipos de la raza amarilla y tenían  civilizaciones diferentes.”
Bering y las islas Aleutianas, en el noroeste del dibujo
Mujeres navajo,desierto norteamericano

Hasta donde iban las investigaciones  antropológicas, en las que  Rivet se apoyó, fueron carbones de fogata en Tule Spring, en el sur de Nevada, Estados Unidos: “S e trata de fogones descubiertos  en Tule Spring, en el sur de Nevada, que han proporcionando utensilios de piedra labrada (cuchillos, raspadores, trozos de obsidiana, discos) y osamentas de animales (Camelops, bisonte de cuernos largos, mamut, caballo, ciervo) que habían sido cocinados y consumidos en el mismo lugar. El carbono proveniente de dichos fogones tendría más de 23, 800 años”. Si bien, más adelante Rivet anota que, en cuanto a la presencia del hombre,  estos  descubrimientos no son muy convincentes y, en todo caso, habría que considerar menos antigüedad.

Abundan las composiciones líricas, y de  literatura religiosa, que han enrarecido el dato tanto paleontológico como histórico. Por ejemplo, Jesucristo habría venido a México en la persona de Quetzalcóatl, en tiempos precolombinos. Los de la mítica Torre de Babel también se vinieron para acá, etc. Con graves carencias culturales, las masas se lo han creído.

Con la mención de la no utilización de la rueda, Rivet echa abajo  tales distorsiones: “ Ignorancia del hierro, de la rueda, del torno, del vidrio, del trigo, del arroz, del centeno y de la cebada; origen autóctono  relativamente reciente y empleo muy limitado del cobre y del bronce son hechos que eliminan, de una manera definitiva, todas las hipótesis que suponen intervención, en el poblamiento de América, de razas civilizadas en posesión  de estos diversos elementos culturales, desechándose por consiguiente las inmigraciones de judíos, tirios, fenicios, cananeos, carios, tártaros, egipcios, babilonios, etcétera. Conducen asimismo a descartar toda influencia  relativamente reciente de los pueblos civilizados de Asia: chinos y japoneses, sur-asiático de Indochina y de la India. Resulta en efecto inadmisible  que inmigrantes  que conocieron los metales, el vidrio, el trigo, el arroz, la cebada, el centeno, la rueda y el torno, no lo hubieran llevado a los nuevos países por ellos invadidos.”
La ruta desde Australia, hacia el norte, hasta el sur del sur de América

Rivet  menciona la presencia australiana en el sur del continente: “Una de las influencias étnicas que pueden discernirse en América además de la influencia asiática, es de origen australiano. Su acción, por discreta y limitada que haya sido, logra demostrarse por la  antropología, la lingüística y la etnografía. Sólo  se ha ejercido esta acción de manera eficaz en América del Sur y principalmente entre las tribus más meridionales de este continente.”
mujer de etnia mexicana


Considera que, a semejanza a lo del paso por Bering, en el hemisferio norte, en el sur también  pudo suceder, aunque en fechas más recientes. Se aprovecharía  una regresión glaciar. Sería partiendo de Australia, en dirección norte, hacia el Polo Sur, rodeando por el este (y por el oeste) y luego otra vez hacia el norte hasta alcanzar la punta sur  del sur de América: “Esta regresión podría haber dejado una faja libre  de hielos en la costa antártica, análoga a la existente en Groenlandia, permitiendo así establecimientos humanos. Por analogía con lo conocido en el hemisferio norte, se podría situar esa sazón hacia unos 6,000 mil años  antes de nuestros días.” (Fig,19)

Se refiere a la presencia de elementos  tanto negros como blancos, normandos de Europa occidental, antes del festejado descubrimiento por Cristóbal Colón. Si bien con un aporte sanguíneo y cultural imperceptible: “Pero estos contactos no fueron suficientes para modificar de una manera  sensible le evolución de las civilizaciones indias, ni para introducir una sangre  nueva entre los pueblos  indígenas; no pasaron de ser accidentes sin repercusión y sin prolongaciones.”
niña etnia guatemalteca

Desde luego menciona lo que se tiene como el autentico descubrimiento de América por los europeos en épocas ya históricas: “El verdadero viaje de descubrimiento fue el de Leif. En 992, este hijo de Erik el Rojo, después de comprar el barco de Bjarni, se  embarcó en él con 35 hombres, para ir a explorar el país que había divisado Bjarni.” Viajaron desde la parte oeste  de Groenlandia hasta hacer contacto  con Terranova. Eran condiciones adversas y no obstante permanecieron mucho tiempo. Finalmente regresaron hacia el norte o, de alguna manera, se extinguieron: “A partir de 1379, el empuje de los esquimales se hizo sentir a su vez  sobre este último. Sólo a fines del siglo XV se extinguieron  los últimos colonos normandos, después de haberse mantenido cinco siglos  en estas tierras inhospitalarias.”


Rivet le da mucha importancia a las migraciones por agua que bien pudieron haber tenido lugar en la antigüedad. Pone, como ejemplo, la destreza de navegación  de los peruanos y de los polinesios  para ir y venir: “Las migraciones por agua (vía fluvial y cabotaje marino), han desempeñado un papel esencial en la historia de la humanidad y probablemente su función ha sido más importante que las migraciones realizadas por tierra.”
Mujer etnia de Panamá
niña etnia venezolana

Al final de su obra  Rivet se refiere  a la tendencia  euro centrista en  los redescubrimientos que se dieron en el siglo dieciséis  por españoles, portugueses e  ingleses, en el sentido que trajeron todos los adelantos culturales y tecnológicos al Nuevo Mundo. Esta visión fue un recurso para justificar la destrucción que causaron para después reconstruir:

hombre mapuche, etnia chilena


“Libres de toda influencia exterior, nacieron aquí una arquitectura  y un arte decorativo, las ruinas de los monumentos mexicanos, yucatecos y peruanos nos aportan cada día nuevas pruebas  de este desarrollo autóctono. Se descubrieron técnicas de una perfección  sorprendente: técnica de la cerámica, técnica de los metales, técnica del tejido. Los alfareros americanos igualan  a los del Viejo Mundo por su maestría plástica, así como por la variedad de las formas creadas y de decoración que adorna sus obras. Los metalúrgicos de la altiplanicie  boliviana y peruana descubrieron el cobre y el bronce; los de la costa peruana, la plata y sus aleaciones. En Colombia, el trabajo del oro y sus aleaciones ha realizado obras de una complejidad técnica asombrosa. Chapeado, coloración, soldadura autógena, laminado, hilado, fundición a la cera perdida, no tenían secretos para los artistas precolombinos. El platino y el plomo figuraban también  en parte en el arsenal metalúrgico de ciertos pueblos. Con la misma destreza, los indios utilizaban  la pluma, fabricaban tejidos, esculpían la piedra, modelaban el barro y el estuco, tallaban las piedras duras, confeccionaban con pirita u obsidiana espejos cóncavos o convexos.”





muchacha etnia argentina











A mediados del año 2013 ha estado saliendo, en el canal televisivo, un programa de History Chanel, en el que se relata la exploración que un grupo de gente de la academia, un geólogo, un arqueologo,etc. estudian unos ragos de orígen runico europeo encontrados en  una cueva de las montañas Mustang, de Arizona, Estados Unidos.

Los caracteres rúnicos son  como el epitafio de alguien que se supone está enterrado en ese lugar.La conclusión es que corresponden a la fecha del año 1,200. La investigación que ahí se relata arroja el apellido de una familia que, efectivamente, existió hasta fechas recientes en una población de Inglaterra.

 El punto es que en el siglo XII (cuando ni siquiera se había fundado México-Tenochtitlán o lo que  sería la capital del gran imperio azteca y que, asimismo, faltarían varios siglos para que los Padres Peregrinos arribaran a las costa del noreste de América  procedente de Inglaterra)) estamos hablando de algo precolombino.

 Los del grupo de   Erik el Rojo se dice que desaparecieron siglos atrás y que no "bajaron" mucho hacia el sur. La investigación está por ampliarse y por lo pronto nos quedamos con preguntas como qué hacía esa gente en los desiertos del sur del actual  Estados Unidos.¿Cómo y por qué llegaron hasta ahí?.



Eduardo Gamboa Carrera, investigador asociado del Centro Regional del INAH, de Chihuahua,México, ha publicado un trabajo titulado: La arqueología de Chihuahua,cien años después. En una parte se refiere al periodo paleoindio: "En el norte de México,las ocupaciones precerámicas son escasas y se han interpretado siguiendo las secuencias establecidas en Estados Unidos. Hyden  (1976a y 1976b) ha definido a partir de una punta de proyectil, un horizonte que corre de 30,000 a 11,500 ANE, en el área de la sierra del Pinacate al noroste de Sonora;sin embargo su evidencia es bastante débil."






No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

Seguidores