99 REFLEXIONES DE MARGARET MITCHELL


 De su novela Lo que el viento se llevó.

Inglaterra no apuesta nunca a favor del perro o del caballo que está en condiciones de inferioridad; y esta es su fuerza.

La guerra sería una excursión si no fuera por los piojos y la disentería.

¡Scarlett! ¡Usted ha leído un periódico! No lo vuelva a hacer; es una lectura que crea confusión en el cerebro de las mujeres!

Los momentos buenos para ganar dinero son dos: cuando se construye un país y cuando se destruye. Lentamente en el primer caso, de prisa en el segundo.

Con frecuencia los hombres después de un beso se enamoran ciegamente  y hacen cosas absurdas, siempre que la muchacha tenga la habilidad de resistirse después del primer beso.

Es más fácil caminar con una pierna herida  que con la disentería.

Las guerras se hacen siempre porque hay hombres que aman la guerra. Las mujeres no, pero los hombres…sí, y ese amor es más fuerte  que el amor a las mujeres.

Una semana pasa pronto y la guerra continúa siempre…

La guerra amenazaba prolongarse mucho. Ya había muchos muertos, muchos heridos y mutilados, muchos huérfanos y muchas viudas. Y no obstante, faltaba por realizar un esfuerzo aun  mayor y más duro, que significaría más muertos, más heridos, más huérfanos y más viudas.
 
M.Mitchell
La situación era ideal para especuladores y ventajistas, y no faltaban gentes que procurasen enriquecerse a cosa de tal estado de cosas. Cuanto más escaseaban víveres y ropa y más fabulosamente subían los precios, más energía y virulencia adquiría el clamor público contra los especuladores.

Una guerra de ricos hecha por pobres.

En la guerra no hay gloria si no suciedad y miseria.

Un caballero no escogería por esposa a una mujer que tuviese más inteligencia que él.

Se conoce a la mujer que   es una señora porque come como un pajarito.

Desear y conseguir son dos cosas distintas.

Muchos hombres se quedan sorprendidos después de casados  al darse cuenta de que sus mujeres son más listas que ellos.

Sólo los hombres y las mujeres muy viejas pueden eructar sin temor a la reprobación social.


Correr no siempre significa alcanzar.

Los libros en gran cantidad siempre le deprimían (a Scarlett O´Hara) así como las personas aficionadas a leer mucho.

La gente parece no comprender  que se puede ganar tanto dinero con el naufragio de una civilización como con la construcción de otra.

La vanidad es más fuerte que el amor a los dieciséis años.

Las señoritas que comen mucho delante de la gente no encuentran marido.
 
Scarlett O´Hara
Sólo las parejas afines pueden ser felices en el matrimonio.

Lo que los señores dicen y piensan son cosas muy diferentes.

Cuando las guerras acaban nadie sabe qué las motivó.

Los jóvenes no saben lo que quieren. Saben sólo lo que creen querer. Y si les das lo que creen querer, las señoritas se evitan una porción de malos ratos y el peligro de quedarse solteras.

Los hombres dan con gusto cualquier cosa a las mujeres, excepto el reconocimiento de su inteligencia.

¡Qué breve era el tiempo de las diversiones, los bellos vestidos, el baile y la coquetería! ¡Pocos años, demasiado pocos!

Se cogen más moscas con azúcar que con vinagre.

Hasta que uno ha perdido la reputación, no comprende que era un peso enorme  y que la libertad es algo formidable.

Habían muerto millares de hombres luchando junto a Jonesboro. Y sin duda vagaban  ahora por aquellos bosques  embrujados sobre los que brillaba el oblicuo sol de la tarde  a través de las frondas inmóviles.

¿Por  qué tendrían hijos las mujeres?

¡Pensar que los yanquis querían liberar a los negros! ¡La que  se iba a armar!

A ninguno de ambos nos importara  un comino que el mundo entero se vaya al diablo, siempre que nosotros quedemos salvos y cómodos.

Dios los niños, aquellos seres inútiles, llorosos, molestos, siempre necesitados  de cuidado, siempre estorbando para todo.

¡Niños, niños, niños! ¿Por qué crearía Dios tantos niños? Pero no era Dios quien los creaba, no, sino la gente necia.

Y al final de aquel camino no quedaba nada, nada más que Scarlett O´Hara, de diecinueve años, viuda y con un hijo pequeño.

Ahora ya era una mujer y la juventud había acabado.


Cosas que yo puedo remediar sino me dedico a pensar en las irremediables.

¡Comida! ¡Comida! ¿Por qué el estómago tenía la memoria más sensible que el cerebro?

Rhett estaba equivocado al decir que los hombres  hacían la guerra  por el dinero. No, combatían por ondulantes hectáreas de tierra, suavemente surcadas por el arado, por verdes pastos de erguida hierba  recién segada, por perezoso y amarillentos riachuelos y por casas blancas y frescas, sombreadas de magnolias. Aquellas cosas eran las únicas  merecedora de que se luchase  por ellas, aquella tierra rojiza que era de ellos, y que sería de sus hijos, y que habría de producir abundancia de algodón para los hijos de sus hijos.

La tierra era la única cosa del mundo que merecía que se luchase por ella.

Para cualquiera que tenga en sus venas  una sola gota de sangre irlandesa, la tierra en que vive  y de la que vive es como su madre…Es lo único que justifica que se trabaje, se luche y se muera por ella.

La vida continua y el hambre también.

La única ocasión en que podía servir el llanto era cuando se tenía cerca a un hombre de quien  se quisiera tener algún favor.

Era mejor saber las cosas que quedarse en la duda.

Nadie se atrevía a llorar delante de la abuela Fontaine sin su permiso.

Dios quiso que las mujeres fuesen criaturas tímidas  y asustadizas y hay algo antinatural en una mujer que no siente el miedo. Scarlett, procura tener  siempre algo que te infunda miedo…Lo mismo que te debe de quedar siempre algo que amar…

Yo soy india en parte y los indios no olvidan a los que  son buenos con ellos.

Las gentes de Atlanta son (perdone usted, señora Melanie) tan obstinados  como mulas en lo que se refiere a su ciudad.

Ser buen ladrón no impide ser buen soldado.


¡Qué agradable debía ser  tratarse con gentes ricas que no tuviesen  que preocuparse  acerca de si comerían o no al día siguiente.

Personas que derrochaban el precioso dinero en lápidas cuando los alimentos estaban tan caros no merecen mucha compasión.

Viejos y jóvenes, charlatanes y taciturnos, ricos y plantadores  y curtidos obreros, todos tenían dos cosas en común: los piojos y la disentería. El soldado confederado estaba  ya tan acostumbrado a ese estado parasitario, que ni pensaba en ello siquiera, y se rascaba sin el menor  reparo en presencia  de las damas.

Con todos esos jóvenes muertos en la guerra, miles de chicas en todo el Sur  tendrán que quedarse solteras.

Veía que ella lo entendía  todo demasiado bien, y experimentó la usual indignación masculina  ante la doblez de las mujeres. Añadíase a ello el usual desencanto masculino al descubrir  que una mujer tiene cerebro.

 
Rhett Butler
Dios sabe que ninguna mujer  que esté en sus cabales tendría hijos si pudiese evitarlo.

¿Y no le importaría satisfacer mi curiosidad acerca de un punto que me viene intrigando  desde hace algún tiempo?¿No ha sentido usted jamás la menor repugnancia femenina ,ningún escrúpulo de conciencia antes de casarse, no ya con un hombre ,sino con dos, por quienes no sentía usted amor, ni siquiera afecto?

Casarse por conveniencia y amar por placer. Un sistema muy acertado, ¿verdad? Está usted más cerca del viejo mundo de lo que yo creía.

Creo más bien que la manía adquisitiva, el afán de poseer, es una excelente cualidad que debería ser reconocida  y admirada por todos.

He descubierto que el dinero es  lo más importante  del mundo, y Dios me sea testigo de que me propongo no verme sin dinero de aquí en adelante... ¡Nunca he de volver a tener hambre! ¡Nunca he de volver a tener hambre!

Ya estaba mal eso de haberse metido entre rudos obreros, pero era todavía peor  que una mujer mostrase  públicamente sus conocimientos de matemáticas.

¡La muerte, los impuestos y los hijos!¡Todo ello siempre viene  cuando menos falta hacen!

La sociedad no quiere que nadie se destaque. Es el único pecado que no perdona.

Las pruebas, la adversidad, forman a la gente o la destrozan. Así que tendrá que esperar con la aprobación de sus nietos.

Si una muchacha no sabía conservar su novio  y lo perdía, era que no merecía conservarlo.

Se estremeció dándose cuenta  de la poca distancia entre la gente distinguida  y los blancos pobres.

¿A qué viene la cuestión de las categorías sociales ahora ¡Lo que es menester es que una muchacha  encuentre un marido que vele por ella.

Cuando el viento sopla fuerte, hay que ser flexible; es mejor ceder que mantenerse erguido. Cuando se presenta un enemigo lo aceptamos sin quejarnos y nos ponemos a trabajar y sonreímos y esperamos nuestra hora...

La charla femenina, parecida al cacareo de una banda de gallinas…

Me había metido en la cárcel por matar y me soltaban dándome un fusil e indultándome para que volviese a matar.

El abuelo era un viejo odre lleno de viento.

Los negros estaban mejor en la esclavitud que ahora en la libertad, y, si no se creía esto, no había más que mirar alrededor.

Sabía que un irlandés, cualesquiera que fueran sus características personales, era un hombre determinado y valeroso.

Pedir a una mujer que cierre la boca es pedir un imposible.

Nunca dejaba de hablar  de los tiempos de antaño, Rehtt: las personas de edad son todas así.

Hemos visto el partido que podíamos sacar de la ruina de una civilización y nos hemos aprovechado.

Scarlett ¿Por qué no estrujar a los ricos y fuertes en vez de a los pobres y débiles? Desde los tiempos de Robín Hood se considera aquella forma de robo como una acción de alta moralidad.


Me trataban como a un blanco, pero, en el fondo, no me querían…No quieren a los negros.

Todos no pensamos lo mismo, no obramos lo mismo, y es una equivocación al juzgar a los demás por nosotros…

Los hombres nunca son demasiado viejos para hacer locuras…

Después de todo, un mal marido era mejor que ningún marido. Y las señoras yanquis decidieron ser extraordinariamente amables con (los del sur) Scarlett.

¿Por qué, señor, había que ser correcto que una mujer bebiera vino y no había de serlo beber coñac?

Hay placer para los hombres, aunque Dios sabe por qué. Nunca he podido comprenderlo. Pero todo lo que la mujer saca en limpio es algo que comer, y mucho trabajo, y tener que aguantar todas las chifladuras de un hombre, y…un bebé todos los años.

Dios tenga piedad del hombre que se enamore de ti; le destrozarás el corazón, querida. Eres una gatita cruel y revoltosa y tan despreocupada que ni siquiera te preocupas en esconder las uñas.

La gentuza puede salir de una buena familia igual que de una mala.

…una mula con arnés de caballo; uno puede limpiar las patas de una mula, cepillar sus ancas, ponerle arneses de brillante latón y engancharla a un esplendido carruaje. Pero siempre será una mula, no engañará a nadie.

Si yo fuera un villano de baja extracción y muerto de hambre, la gente se quedaría muy tranquila. Pero un villano rico y floreciente…es imperdonable.



¡He visto tan poca gente que no se ablande a la vista del dinero!

Son todos ovejas negras, bribones. Todos son aventureros o aristócratas del negocio turbio. Todos hacen dinero especulando como tu amado esposo, o fuera de los cauces legales, o por caminos oscuros que no admiten un estudio detenido.

Ahórrame tus celos, monina. La belleza no hace  la dama, ni los vestidos la gran dama.

¡Debe ser espantoso soñar que se muere de hambre después de una cena como la de esta noche y de aquel enorme langostino!

Vas demasiado lejos Rhett. Cuando se tiene dinero, todos le bailan a uno el agua…Menos la gente del Sur. Es más difícil al dinero del especulador entrar en los grandes salones que al camello pasar por el ojo de una aguja.

Y las mujeres eran el poder inflexible e implacable tras los bastidores sociales. La perdida Causa era más fuerte y más querida para sus corazones ahora que cuando estaban en el pináculo de su gloria.

Los días más felices son aquellos en  que llegan los bebes.

…a Scarlett nunca se la había ocurrido que hubiera alguien a quien no le importara ser o no rico.

No se va a ningún lado estudiando todo tan a fondo.

No puede ya mira adelante. No puede ver el presente, teme el futuro, y por eso mira al pasado.

Un lupanar es un puerto de refugio, después de esta casa de infierno…
 
M.Mitchell



“Margaret Mitchell (Atlanta, Estados Unidos, 8 de noviembre de 1900 – Ibídem, 16 de agosto de 1949) nació y murió en Atlanta, ciudad que influiría en su única obra Lo que el viento se llevó, una de las novelas más populares de la historia de la literatura, que el director de cine Victor Fleming inmortalizaría en la pantalla en 1939.” Wikipedia

















































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Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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