Escalada mixta



Todo fracaso en alpinismo es un gran logro.

Si estamos abiertos a aprender la lección.



Es cierto que mientras escalamos la eternidad se encuentra un centímetro bajo nuestras botas.

Pero no es menos cierto que hay más peligro en cruzar una calle que escalar una pared de roca, nieve y hielo. En México muere un escalador al año por 150 mil atropellados en las calles pues casi todas carecen de semáforos para peatones.


El compañero de apoyo debe estar asegurado ( como en la primera figura) a fin de prestar un seguro eficaz al primero de la cuerda
Diversas maneras de colocar las clavijas
Solamente se avanza en libre, y al mismo tiempo ambas componentes de la cordada, cuando hay la experiencia suficiente, de otra manera mejor abstenerse de hacerlo.
En una cordada de tres lo mejor es que dos aseguren al que en ese momento sube.
Tomado del libro Técnica Alpina, editado por la Dirección General  de  Actividades Deportivas y Recreativas de la UNAM, en 1978. Textos de Armando Altamira G. y dibujos de Manuel Sánchez

En la escalada mixta se usan ya algunas clavijas, o algún sucedáneo, a fin de tener seguridad en ciertos pasos particularmente expuestos. Para el  efecto es necesario llevar martillo tanto para el que va en la punta  de la cuerda como para quien ocupa el último lugar, el cual deberá recoger el material dejado por su antecesor. Asimismo s e precisa el uso de cuerda y mosquetones.

Esta manera de escalar recuerda el justo medio aristotélico. Que no debe confundirse con mediocridad.  Guarda un equilibrio entre los extremos. Entre la escalada libre y la artificial. Básicamente es un escalador de la libre y también puede aplicar cuanto recurso técnico sea necesario.

Un dietista lo distinguiría como alguien que sabe comer. Ni es extremista carnívoro ni extremista vegetariano. Conoce el secreto de la dieta balanceada.

No rehúye el gimnasio de la ciudad y prefiere trotar en la media montaña y a campo traviesa. Conoce la ferretería para escalar, aunque es selectivo, y evita colgarse cuanta invención sale al mercado. Sube con botas para escalar aunque no pueda hacer florituras en el gimnasio. Porque él sabe que en la alta montaña no se hacen florituras.

¿Dos milero, tres milero?

Cada generación de montañistas tiene la tentación de  autonombrarse "alpinismo moderno". En tanto las leyes de la fisica no cambien, y la fuerza de gravedad siga ejerciendo su atracción,  el alpinismo de todas las épocas será el mismo que cuando Whymper conquistó el monte Cervino, en el siglo diecinueve, o Chalchihuitzin el Popocatepetl, en el siglo trece( ver nota respectiva del Popocatepetl en este mismo blog).  Lo que sí se moderniza de continuo, afortunadamente, es el equipo. Tanto de abrigo como la "ferretería" y aun de la  alimentación.

Por lo que respecta a una referencia real, exenta de pretensiones egocentricas generacionales, para tratar de situar nuestra actuación en la montaña, sería lo que nosotros hemos llamado la " situación milenaria". ¿Escalas en los 2 mil?, ¿En los tres mil?, etc. Aquí son requerimientos concretos, practicos. Una serie de factores señalados por la altitud. o altura sobre el nivel del mar, nos imponenen las condiciones en las que debemos  movernos, tales como temperatura, altitud ( haciendo referencia a la producción de globulos rojos en nuestra sangre), subir con otro tipo de ropa diferente a la que usamos en los 2 mil metros de altitud, etc. La psicologia  del individuo tampoco es la misma si escalamos una roca dentro de la ciudad ( o en el gimnasio)que si estamos lejos de la gente, entre rocas y hielos... Con base en lo anterior  la propuesta milenaria es: ¿eres dos milero?. ¿tres milero?, ¿cuatro milero?, etc


Esta figura asegura al que viene subiendo.En caso de desprendimiento el que asegura soportará el golpe del tirón en el hombro izquierdo y parará el deslizamiento de la cuerda con la mano derecha y el costado del mismo lado.Tomado de la revista Champaqui 3, Córdoba, República Argentina, dieciembre 1967.


Aseguramiento en el trascurso de una escalada.Pero sólo si el que asegura está asegurado. El segundo asegura al primero que va más arriba.La cuerda del que asegura va por debajo del brazo derecho, rodea el cuello y también pasa por debajo del brazo izquierdo.    (Diccionario de la Montaña, Agustín Faus, Editorial Juventud,Barcelona,España, 1963)




Pero, escales donde quieras o puedas, recuerda que   hay más riesgo cruzar una calle de la ciudad que escalar montañas (hacer clik en el video)


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Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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