SHAKESPEARE EL MERCADER DE VENECIA




El antisemitismo del cristiano Antonio está en la misma medida que el anticristianismo del judío Shylock. O viceversa. La relación entre los dos es una dialéctica a la que le falta la síntesis. En el siglo dieciseises, que es cuando se escribe esta comedia, el ecumenismo está lejos de estos dos personajes. Se dan hasta con la cubeta. Ninguno de ellos pierde la oportunidad de herirse. Antonio invita a Shylock a comer a su casa pero el prestamista rehúsa porque   de seguro  le darán a comer carne de cerdo: “¿Sí, para atufarme de tocino, para comer en la morada  en cuyo recinto  tu profeta, el Nazareno, introdujo por medio de sortilegios  al demonio?”
Shylock-Al Pacino


 A Shylock le dice “perro judío” y éste contesta: “Si soy perro guárdate de mis dientes”. Shakespeare trata de equilibrar la intensidad y  cantidad de insultos que viajan en las dos direcciones. 

El leit motiv en el que transcurre la obra es la referencia a la “vil usura” practicada por Shylock que Antonio siempre está echando en  cara del judío y éste le asegura que no es usura sino honrados intereses. Pero sabido es que la historia del cristianismo tiene otro fondo, no un pleito de centavos más o centavos menos de los réditos.

Shakespeare nos relata en esta obra, considerada dentro del género de la comedia,  una historia de la cultura occidental que ya dura veinte siglos. Se le llama comedia a una  historia larga de actitudes  irreconciliables. Corresponde la clasificación literaria  a la necesidad de “aliviar” un poco, en la segunda parte de la obra, la enorme carga de odios mutuos que encontramos en la primera.

Por una serie de circunstancias, Antonio, el rico mercader de Venecia, s e ve en la necesidad de pedir prestado dinero a Shylock. Éste pone la condición que  se firme contrato que especifica que en caso de incumplimiento se cobrará no con réditos en dinero sino cortando una libra de la carne del cuerpo de Antonio.

 Como Antonio posee una gran fortuna, firma, con tal de ayudar a su amigo Besanio. Pero las malas nuevas no tardan en llegar y dicen que el capital de Antonio, que  está invertido en naves que llevan y traen mercancías, ha sufrido la desgracia. Un mal tiempo las hace zozobrar y de esa manera queda a merced del judío que se apresta afilar el cuchillo para cortar el cuerpo de Antonio.

 Amigos de Antonio se apresuran a llevar  el dinero y pagar así la deuda. Pero Shylock no quiere dinero sino cortar la carne de Antonio. Se le ofrece el doble y el triple de la cantidad prestada. Pero Shylock es inflexible. Quiere la onza de carne del cuerpo de  Antonio que se  estipula en el contrato.

El desenlace  va a demostrar que la carne y la sangre son una misma cuestión,  pero lo que s e menciona  es  el cuerpo. Shylock lo sabe, destruido el cuerpo, se destruye la sangre. Por eso Shylock se empeña en destruir el cuerpo de Antonio.

Moisés derramaba sangre de novillos sobre la hoguera para sellar la Alianza de Jehová con su pueblo. Jesús también selló con sangre su compromiso con la humanidad, sólo que esta sangre era la sangre de su propio cuerpo. 

La sangre, por central que parezca la importancia que se le ha dado en los diferentes escenarios bíblicos,  es la tinta con lo que se ha firmado un pacto. Lo trascendental  es el contenido de ese pacto. Importante la tinta, la sangre, pero lo que ahora  cuenta   es el contenido. Por eso muchos católicos viven la extraña situación, confusión, de adorar la sangre de Cristo, en la cruz,  por la sangre misma, pero poco tiene que ver su conducta con las palabras de Jesús…

Pero Shylock no  persigue el dinero por el dinero, como suele presentarse al judío. Lo persigue porque el dinero le da poder. En otra parte de la obra dice que siempre ha sufrido: “sufrimiento es el blasón común de nuestra raza.” Con el poder del dinero se cobrará caro ese sufrimiento. No aceptará el dinero que una vez prestó y que ya le devuelven con creces. Ahora busca la venganza a tantos insultos que ha recibido de parte de los cristianos.

Dos historias corren paralelas a esta de Antonio y Shylock. Jesica, la propia hija de Shylock se casa con Lorenzo, amigo de Antonio. Y Besanio, también amigo de Antonio, que se casa con una rica heredera llamada Porcia y que es la que facilitará el dinero para pagar la deuda de Antonio. Dinero que, como se ha apuntado, Shylock rechaza una y otra vez.
  
  Los otros le dan a entender, como dice Pablo,  que ya no importa qué tipo de alimento se coma o si se guardan o no las fiestas o algún día de la semana. “Todo eso sólo son sombras.”  Ahora lo que cuenta en el contrato, o estatuto, que Jesús firma con su sangre, es la justicia, la paz y la alegría.

 Estas tres palabras son las que forman el corpus del pacto de Jesús.  Son el cuerpo de Jesús. La Iglesia. Metafóricamente el cuerpo de Antonio. Shakespeare debió tener muy presente que la sangre es una con el cuerpo,  por eso se dice: “el cuerpo y la sangre de Cristo”. Importante las sangre, la tinta, con la que se firma, porque ello objetiva al espíritu del contenido (de ahí la importancia de las imágenes) pero lo que se firma  es el contenido.

El desenlace llega cuando Shylock se dispone a cortar  la carne del cuerpo de Antonio. El juez le recuerda que el contrato dice que Antonio pagará con la carne de su cuerpo pero no con la sangre: “El trato no te otorga ni una gota siquiera de su sangre. Una libra de carne, dice el pliego…más si al cortarla,  de cristiana sangre  viertes solo una gota, por las leyes  de Venecia  tus bienes y tus tierras para el Estado quedan confiscadas.”

Leibniz, en Nuevo tratado sobre el entendimiento humano escribe algo que parece referirse a esa imprecisión de los términos.Un personaje dice: " Me concedereís, sin embargo,que las ideas compuestas pueden ser muy claras y muy distintas por un lado, y muy oscuras y confusas por otro." 

El otro contesta:
"No hay motivo de duda; por ejemplo,tenemos ideas muy precisas de un gran número de las partes sólidas visibles del cuerpo humano,pero no de los líquidos que en ellas existen."

Todo se arregla. Shylock se desiste de su venganza, Antonio se salva y recupera sus bienes pues las naves de su propiedad al fin logran salir con bien de la tormenta marina, el Dux se muestra un tanto benévolo con él  prestamista a condición que se convierta al cristianismo y las dos parejas de enamorados son felices.

 Shylock volvió a su ancestral sufrimiento, resentimiento…







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Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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