EMERSON, OTRA LECTURA


 

La naturaleza es el símbolo del espíritu R.W.E.

 Decir mucho, en pocas palabras, es el arte del periodismo, más que una técnica. El buen lector de periódicos sólo lee el primer párrafo, si le interesa le sigue, sino pasa la hoja.

No hay tiempo para leer un relato extenso. “Para mí 500 palabras ya es una novela” dijo Clark Gable, el veterano periodista empírico, en la película Enséñame a querer, a la rubia Doris Day, periodista de academia.

Así, de prisa en prisa, nos olvidamos  voltear a ver la naturaleza. Aprendemos leer periódicos y  libros. Ahora es necesario aprender a leer la naturaleza.

Vemos la montaña, como vemos un libro sin saber leer. En cambio con los recursos del positivismo podemos  adentrarnos gradualmente en el conocimiento fenomenológico de la naturaleza. Es cuando aparecen la paleontología, la geología, la biología, la astronomía…

La lectura que Emerson propone es la que contienen las mismas cosas más allá de su realidad. Nosotros somos los que tenemos que quitar ese velo. Pero no a la naturaleza sino a nuestros ojos. Así es como estamos, por segunda vez, ante un libro sin saber leer.

Pero ahora, de pronto, apenas me lo propongo, tengo las primicias de ese conocimiento, mediante la percepción. Percibo antes de entrar en el análisis detenido del método científico.

Aquí tenemos un misterio pero no un problema insoluble. Caminamos ya en las fronteras donde se diluye todo asidero racional.

Como cuando el escalador abandona la placa solida  del granito  y se interna por terreno erosionado. Sigue siendo la misma roca pero ya es otra realidad.Al estilo del impresionismo de Monet donde  la cosas pierden la definición que conocemos para adentrarse a otra realidad. Otra realidad de las mismas cosas. O Como si el fotógrafo hubiese descubierto algo más allá del “foco”. Necesita lente para otro "foco". Como hace el académico, con  la torreta de su microscopio, que encuentra diferentes planos de una misma cosa, según el "objetivo" que ponga. O como el modelo fractal, etc.

Jean Wahl lo dice sin metáforas: “Aun cuando la ciencia lograra un día hacernos comprender por completo el mecanismo de la percepción podemos preguntar si aclarará jamás por completo el misterio…El conocimiento está fundado en algo más profundo que el conocimiento.” (J. W. El camino del filósofo Cap. XI)

Como ver un libro sin saber leer
Nevado de Toluca (4, 373 m.s.n.m.), México
Más acá de Emerson, Bergson, nos anima a comprender el luminoso pero al parecer inasible misterio de la percepción: “Si por un esfuerzo de tensión especial, pudiéramos hacer coincidir por un instante, en un punto, la inteligencia y el instinto, tendríamos una intuición.”

“Estamos en un mundo muy peligroso si no tenemos la magia, dice Emerson, un mundo sin símbolos es árido y sin posibilidades para habitar en el progreso. Necesitamos tener idolatrías, mitologías, algún poder creador replegado y sujeto, que algunas veces arrastra a las criaturas ardientes a la insania y al crimen, si no encuentran una válvula de seguridad.”(Ensayos)

Aprender a leer en la naturaleza para estar en condiciones de abordar las cuestiones espirituales: “Todos los hechos espirituales se ven representados por símbolos…Parece que hay en el espíritu una necesidad de manifestarse en formas materiales.”

Recuerda  a la filosofía orteguiana que vendrá después cuando habla del arte. Emerson: “Sin las grandes y magníficas artes que hablan al sentido de la belleza, el hombre me parece una pobre, desnuda y temblorosa criatura.”

Un argumento para la gente pragmática por qué es necesario estar en la “naturaleza natural”. La salud del cuerpo está sobre todos los valores materiales. ¡Y es insustituible! De otra manera los ricos no morirían, sólo los pobres.

 Además es gratis, por así decirlo. Al menos en comparación con los costosísimos tratamientos, defunciones y dinero que ya no se obtuvo, de haber seguido viviendo, por ejemplo los jubilados. O los millones que no alcanzaron a jubilarse por habérselo impedido la  enfermedad.

Sin contar con lo más importante de todo cuando se ha perdido el bien estar vital, cultural. Emerson:

“¡Cómo nos deifica la naturaleza con unos pocos y baratos elementos! Dame salud y un día, y tendré por ridícula toda la pompa de los emperadores. El amanecer es mi Asiria, el ocaso y la salida de la luna es mi Páfos, y son los inimaginables reinos de hadas; la luna llena será la Inglaterra de mis sentidos y de mi inteligencia; la noche será para mí la Alemania de la filosofía y de los sueños místicos.”

Correr el velo no va depender de la naturaleza ni fenoménica ni espiritual sino del paquete de sensibilidad  que cada quien tenga para esa revelación: “La fuerza del hombre para unir su pensamiento  con el símbolo apropiado y manifestarlo así, depende de la sencillez de su carácter, o sea, de su amor a la verdad y de su deseo  de comunicar las cosas sin que pierdan nada.” Sin manipularlas.

Hay ciertas “condiciones” para poder tener acceso a lo que nos dice el libro abierto de la naturaleza al que Emerson se refiere. Es necesario disponer, al menos un mínimo, de afinidad con los valores esenciales o, si se quiere, con la estética, o belleza. Ejemplo: Judas no se sintió a gusto entre los seguidores de Jesús y Mateo no se encontró bien entre los dineros que recaudaba y siguió a Jesús:

“Una vida en armonía con la naturaleza, el amor de la verdad y de la virtud, purifica los ojos para que entiendan su texto.”

EMERSON
“Ralph Waldo Emerson (1803 – 1882) fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense. Líder del movimiento del trascendentalismo a principios del siglo XIX. Sus enseñanzas contribuyeron al desarrollo del movimiento del Nuevo Pensamiento, a mediados del siglo XIX. “Como conferenciante y orador, Emerson –apodado «el sabio de Concord»- comenzó siendo la voz líder de la cultura intelectual yanqui. Herman Melville, quien conoció a Emerson en 1849, pensó que tenía un “defecto en la región del corazón” y una “autoconciencia tan intelectualmente intensa que en un comienzo uno duda de llamarla por su nombre”, y más tarde admitiría que Emerson era “un gran hombre”. Theodore Parker, un ministro y trascendentalista, notó su habilidad para influenciar e inspirar a los demás: El trabajo de Emerson no solo influenció a sus contemporáneos como Whitman y Thoreau, sino que continuaría influenciando pensadores y escritores en los Estados Unidos y en todo el mundo hasta el momento. Nietzsche y William James reconocieron la influencia del «Sabio de Concord». También en Henri Bergson, cuyo élan vital es una transcripción literal de lo que él llamó “vital force”.WIKIPEDIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Justificación de la página

La idea es escribir.

El individuo, el grupo y el alpinismo de un lugar no pueden trascender si no se escribe. El que escribe está rescatando las experiencias de la generación anterior a la suya y está rescatando a su propia generación. Si los aciertos y los errores se aprovechan con inteligencia se estará preparando el terreno para una generación mejor. Y sabido es que se aprende más de los errores que de los aciertos.

Personalmente conocí a excelentes escaladores que no escribieron una palabra, no trazaron un dibujo ni tampoco dejaron una fotografía de sus ascensiones. Con el resultado que los escaladores del presente no pudieron beneficiarse de su experiencia técnica ni filosófica. ¿Cómo hicieron para superar tal obstáculo de la montaña, o cómo fue qué cometieron tal error, o qué pensaban de la vida desde la perspectiva alpina? Nadie lo supo.

En los años sesentas apareció el libro Guía del escalador mexicano, de Tomás Velásquez. Nos pareció a los escaladores de entonces que se trataba del trabajo más limitado y lleno de faltas que pudiera imaginarse. Sucedió lo mismo con 28 Bajo Cero, de Luis Costa. Hasta que alguien de nosotros dijo: “Sólo hay una manera de demostrar su contenido erróneo y limitado: haciendo un libro mejor”.

Y cuando posteriormente fueron apareciendo nuestras publicaciones entendimos que Guía y 28 son libros valiosos que nos enseñaron cómo hacer una obra alpina diferente a la composición lírica. De alguna manera los de mi generación acabamos considerando a Velásquez y a Costa como alpinistas que nos trazaron el camino y nos alejaron de la interpretación patológica llena de subjetivismos.

Subí al Valle de Las Ventanas al finalizar el verano del 2008. Invitado, para hablar de escaladas, por Alfredo Revilla y Jaime Guerrero, integrantes del Comité Administrativo del albergue alpino Miguel Hidalgo. Se desarrollaba el “Ciclo de Conferencias de Escalada 2008”.

Para mi sorpresa se habían reunido escaladores de generaciones anteriores y posteriores a la mía. Tan feliz circunstancia me dio la pauta para alejarme de los relatos de montaña, con frecuencia llenos de egomanía. ¿Habían subido los escaladores, algunos procedentes de lejanas tierras, hasta aquel refugio en lo alto de la Sierra de Pachuca sólo para oír hablar de escalada a otro escalador?

Ocupé no más de quince minutos hablando de algunas escaladas. De inmediato pasé a hacer reflexiones, dirigidas a mí mismo, tales como: “¿Por qué los escaladores de más de cincuenta años de edad ya no van a las montañas?”,etc. Automáticamente, los ahí presentes, hicieron suya la conferencia y cinco horas después seguíamos intercambiando puntos de vista. Abandonar el monólogo y pasar a la discusión dialéctica siempre da resultados positivos para todos. Afuera la helada tormenta golpeaba los grandes ventanales del albergue pero en el interior debatíamos fraternal y apasionadamente.

Tuve la fortuna de encontrar a escaladores que varias décadas atrás habían sido mis maestros en la montaña, como el caso de Raúl Pérez, de Pachuca. Saludé a mi gran amigo Raúl Revilla. Encontré al veterano y gran montañista Eder Monroy. Durante cuarenta años escuché hablar de él como uno de los pioneros del montañismo hidalguense sin haber tenido la oportunidad de conocerlo. Tuve la fortuna de conocer también a Efrén Bonilla y a Alfredo Velázquez, a la sazón, éste último, presidente de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, A. C. (FMDME). Ambos pertenecientes a generaciones de más acá, con proyectos para realizare en las lejanas montañas del extranjero como sólo los jóvenes lo pueden soñar y realizar. También conocí a Carlos Velázquez, hermano de Tomás Velázquez (fallecido unos 15 años atrás).

Después los perdí de vista a todos y no sé hasta donde han caminado con el propósito de escribir. Por mi parte ofrezco en esta página los trabajos que aun conservo. Mucho me hubiera gustado incluir aquí el libro Los mexicanos en la ruta de los polacos, que relata la expedición nuestra al filo noreste del Aconcagua en 1974. Se trata de la suma de tantas faltas, no técnicas, pero sí de conducta, que estoy seguro sería de mucha utilidad para los que en el futuro sean responsables de una expedición al extranjero. Pero mi último ejemplar lo presté a Mario Campos Borges y no me lo ha regresado.

Por fortuna al filo de la medianoche llegamos a dos conclusiones: (1) los montañistas dejan de ir a la montaña porque no hay retroalimentación mediante la práctica de leer y de escribir de alpinismo. De alpinismo de todo el mundo. (2) nos gusta escribir lo exitoso y callamos deliberadamente los errores. Con el tiempo todo mundo se aburre de leer relatos maquillados. Con el nefasto resultado que los libros no se venden y las editoriales deciden ya no publicar de alpinismo…

Al final me pareció que el resultado de la jornada había alcanzado el entusiasta compromiso de escribir, escribir y más escribir.

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